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Melancolía navideña
Es mejor dar que recibir, esto nos dará paz espiritual y felicidad auténtica en estos días, cuando celebramos el nacimiento del Salvador del mundo.
Navidad es una época de equilibrios emocionales, en la cual nos comparamos con lo que nos gustaría ser y lo que realmente tenemos. Evaluamos si nos sentimos solos, si tenemos relaciones estables y satisfactorias, o si en nuestra vida existe un vacío que no podemos llenar. El malestar también puede deberse al cansancio y a los ritmos frenéticos de la actividad que vivimos durante todo el año.
Durante la temporada navideña, muchas personas experimentan altos niveles de soledad, depresión, ansiedad o melancolía. Aun así, “Navidad es una temporada llena de ilusiones”, dicen los anuncios publicitarios, una época de amor y paz, “la época más linda del año” donde se presenta la estampa perfecta: una “familia completa”, feliz al lado de un magnánimo árbol navideño, cenando un exquisito pavo, todos abriendo paquetes con preciosos y carísimos regalos, el grupo sonriendo en un estado de felicidad total.
Estas campañas publicitarias inician la logística de mercadeo dos meses antes, e inundan las mentes del consumidor, situación que pone a veces en la más completa angustia, presión económica y social a los cabezas de familia, que deben mantener un statu quo.
Paradójicamente, la vida real es muy distinta a esta propaganda, y la temporada navideña es el período del año en el cual se registra el mayor número de suicidios y depresiones. Para muchas personas estos días representan un triste panorama de su propia existencia, vienen a la mente recuerdos nostálgicos de la infancia, remembranza de acontecimientos difíciles transcurridos durante el año, enfermedades, desempleo, violencia, pérdida o separación de seres cuya vinculación afectiva es de tal magnitud que genera un gran vacío.
Para empezar, la mayoría de familias actuales están desintegradas, son hogares monoparentales, situación que genera en los niños una gran tristeza. En otros casos se ha perdido a algún ser muy querido que ha fallecido. Familias que están siendo extorsionadas, padres o hijos que han sido asesinados o que son víctimas de la violencia. Existen hermanos que no se dirigen la palabra por años, o esposos que se están divorciando y se odian a muerte.
En segundo plano, lo que más agobia es la falta de recursos económicos, las personas se sienten frustradas al no poder comprar ni un pequeño juguete a sus niños o comer un tamal en su cena navideña, los precios están puestos para consumidores tipo narcotraficantes, políticos corruptos y empresarios mafiosos. No para una persona que vive con el sueldo mínimo. Es insultante para quien no tiene un centavo en la bolsa entrar a los centros comerciales y ver los onerosos precios en dólares.
También ocurre que el hecho que estas fiestas coincidan con el fin de año hace que las personas se sientan frustradas por no haber podido alcanzar sus metas y objetivos. Estos factores contribuyen a causar gran malestar emocional, que los lleva a aislarse y buscar la soledad. Luego viene la depresión, y si esto no se atiende puede conducir al suicidio.
Vale la pena subrayar que independientemente de la fe religiosa que se profese, la Navidad es una tradición de esperanza, afecto y convivencia, muy contradictoria con la cultura consumista que se promueve en estas fechas.
Un buen enfoque para salir de esta tristeza es replantearse el verdadero motivo de la celebración y despojarse del ambiente materialista; aquí procede ser humildes como lo fue Jesús, quien nació en un establo, recordemos que Él es el motivo de esta celebración. En estos días es mejor dar que recibir. Eso nos dará paz espiritual y felicidad, no una emoción pasajera como la que producen las cosas materiales. ¡Feliz Navidad a mis queridos lectores!