Todos culpables de la corrupción

Todos culpables de la corrupción

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05/10/2026 07:58
La Hora
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Resumen Inteligente

Las noticias nacionales e internacionales nos enseñan algo que se ha vuelto común y regular: la corrupción; que implacablemente avanza por todos los centros neurálgicos de nuestra gobernanza y sociedad y se manifiesta a diario en nuestra convivencia. La mala gestión política y el menoscabo del bien común están a la orden del día con […]
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Las noticias nacionales e internacionales nos enseñan algo que se ha vuelto común y regular: la corrupción; que implacablemente avanza por todos los centros neurálgicos de nuestra gobernanza y sociedad y se manifiesta a diario en nuestra convivencia. La mala gestión política y el menoscabo del bien común están a la orden del día con alta intensidad y gran derramamiento y como hace diez años señalara el Papa Francisco «La experiencia nos demuestra que cuando buscamos privilegios y beneficios para unos pocos a costa del bien común, tarde o temprano la vida social se convierte en un caldo de cultivo para la corrupción». Efectivamente, una maestra contaba en público que al reprochar a un niño de primer año de primaria que estaba haciendo fraude en el examen, el chiquillo tranquilamente le respondió: mi papá dice que si no puedo responder una pregunta le copie a otros su respuesta, que algo aprenderé.

Las duras acusaciones de fiscales e instituciones públicas constantemente repiten la misma cantaleta: «La ilegalidad en la gestión pública y privada en todos sus aspectos es la norma, y el cumplimiento de la normativa, la excepción». Los cientos de investigaciones que se llevan a cabo oficial y no oficialmente implican en el papel de corruptos desde entidades privadas, administradores locales, funcionarios públicos y responsables de administrar la justicia, hasta a los padres de familia, como grandes violadores de la norma. Aún no olvidamos la respuesta de nuestra exvicepresidenta Baldetti cuando se le demostró su acto de corrupción «Dios se comunicó conmigo para que no huyera, porque no he hecho nada malo» o la del IGSS en el caso Pisa donde se intentaba restar peso institucional a muertes por fallas graves bajo argumentos de que: «es normal que las personas mueran por insuficiencia renal«. Y que más sínica que la frase de Jimmy Morales: “Si alguien está haciendo actos de corrupción, que se persiga el delito, pero no se persiga a las personas…«.

Un panorama nacional deslumbrante de actos de corrupción que propicia y mantiene servicios públicos y muchos privados ineficientes y costosos. De manera que la corrupción no es solo un delito contra la propiedad pública, se hace cada día más evidente que lo es también contra la familia, la comunidad, porque produce efectos negativos concretos en la vida de los niños jóvenes y ciudadanos y no contribuye a que los servicios sean dados con igualdad y equidad y la gente ante ello se conduce a cómo puede, transgrediendo normas si es necesario y, por consiguiente, se bloquea una relación humana sólida, justa y veraz.

Otra consecuencia de lo anterior es que los ciudadanos pagan y se acostumbran a garantizar servicios y bienes a base de sobornos al igual que lo hacen buena parte de los administradores públicos. Pero aún hay más: basta con pensar en los cientos de millones del erario que se gastan en enderezar y perseguir errores producto de los actos de corrupción. No se trata de historias antiguas, sino actuales; no son reliquias de los antiguos escándalos las que quedan en papel y redes, sino corrupción muy actual, infamia política y social muy actual, que nos desnuda a diario ante la historia. Como si la historia no nos hubiera enseñado nada.

Creo firmemente que todos estamos involucrados en esta historia de corrupción, aunque en distintos niveles, severidad y consecuencias.

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