Artemis II: el viaje al lado oculto de la Luna que mezcló ciencia con mitología y llevó amor, música y otros detalles a 400 mil kilómetros de la Tierra
Artemis II reabre la era de la exploración lunar con un viaje histórico que combinó ciencia, emoción y humanidad a más de 400 mil km de la Tierra.

Artemis II reabre la era de la exploración lunar con un viaje histórico que combinó ciencia, emoción y humanidad a más de 400 mil km de la Tierra.
Hay noches en que la Luna parece más cercana. Se instala en el cielo nocturno como protagonista que espera que todos admiren su belleza y la contemplen.
Desde el principio de los tiempos, los seres humanos alzaron los ojos hacia el astro y proyectaron en él sus miedos, sus dioses, sus amores y sus sueños de fuga.
La nombraron de mil maneras. La convirtieron en poema, en mito, en brújula de navegantes y en promesa de lo que aún no existía. Hubo un momento, hace más de medio siglo, en que por fin llegaron hasta ella. En una misión, el hombre pisó su superficie y otorgó una esperanza que luego se esfumó en décadas de silencio.
Ahora, en la primera semana de abril del 2026, cuatro personas viajaron más lejos de la Tierra de lo que ningún ser humano había llegado jamás. No aterrizaron. No tocaron la superficie, pero la rodearon, la observaron de cerca —incluso por el lado que nadie había visto— y le pusieron nombre a un cráter. En esa cápsula que cruzó el lado oculto de la Luna ocurrieron hechos que difícilmente se olvidarán: lágrimas, abrazos, ciencia y hasta mensajes de amor enviados desde 406 mil kilómetros de distancia.
Artemis II es ya una realidad consumada. Este viernes 10 de abril, la nave Orion —bautizada por su tripulación como Integrity— regresó al océano Pacífico, frente a las costas de San Diego, y puso punto final a uno de los capítulos más extraordinarios de la exploración humana. Así, la historia, que por décadas permaneció en silencio mirando al cielo, despertó de nuevo.
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La noria de la historia vuelve a girar
El 1 de abril del 2026, a las 18.35 horas (hora del Este), el cohete SLS —Sistema de Lanzamiento Espacial de la NASA— encendió sus motores en el Complejo de Lanzamiento 39B del Centro Espacial Kennedy, en Florida. A bordo de la cápsula Orion viajaban el comandante Reid Wiseman, el piloto Victor Glover, la especialista de misión Christina Koch y el astronauta canadiense Jeremy Hansen.
La misión duraría diez días. Su objetivo principal no era alunizar, sino demostrar que la nave Orion, con tripulación humana a bordo, puede operar en el espacio profundo y regresar a salvo. Era, en el lenguaje técnico de la NASA, un vuelo de prueba, pero para la historia fue mucho más que eso.
“Es un paso importante hacia el regreso de la humanidad a la Luna y no solamente regresar en misiones cortas como fueron Apolo, sino el establecimiento de largo plazo de la humanidad”, explica el ingeniero guatemalteco Luis Zea, quien participó directamente en la misión Artemis I y ha trabajado de cerca en el programa desde sus inicios. “Lo que esta misión Artemis II prueba es que el sistema principal de transporte de gente funciona, que es la nave Orion”, agrega.

Cuatro astronautas viajaron más lejos que nadie en la historia sin alunizar, marcando un nuevo capítulo en la exploración humana.
Foto Prensa Libre: EFE

Artemis II demostró que es posible vivir y operar en el espacio profundo con tripulación humana y regresar a salvo.
Foto Prensa Libre: EFE
De la Antigua Grecia a la Luna
En la mitología griega, Artemis y Apolo son hermanos gemelos, hijos de Zeus y Leto. Apolo representa al dios de la luz, el conocimiento, la armonía y la razón, mientras que Artemis es considerada diosa de la Luna, la naturaleza y la caza.
La NASA no eligió esos nombres al azar: el programa Artemis es, literalmente, la continuación del legado de Apolo, pero llevado a una nueva era.
Las diferencias entre ambas épocas son profundas. “La misión Apolo fue un hito en el sentido de que no existía tecnología para ir a la Luna. Todo se tuvo que inventar”, explica Julio Gallegos Alvarado, doctor en astrofísica, profesor de la Universidad Europea, en Madrid, y gestor de aseguramiento de misiones en la Agencia Espacial Europea (ESA). “Solo para hacer la comparación: la computadora que se llevó en Apolo, cualquier teléfono móvil que tengamos hoy le da cien mil vueltas”, explica.
Sin embargo, las similitudes también sorprenden. La órbita que siguió el Apolo 13 y la que trazó Artemis II son, en esencia, muy parecidas, según Gallegos. La propulsión química sigue siendo la base del cohete SLS, al igual que lo fue del mítico Saturno V. “Hay muchas similitudes, pero tenemos que tener en cuenta que nuestra tecnología ha avanzado 60 años”, matiza Gallegos.

La órbita que siguió el Apolo 13 y la que trazó Artemis II son, en esencia, muy parecidas.
(Foto Prensa Libre: artemistracker.com)
Lo que sí cambió radicalmente es la cápsula. La Orion tiene capacidad para cuatro astronautas —Apolo llevaba tres—, puede sostener la vida hasta 21 días, cuenta con un sistema de soporte vital completo, una máquina de remos para mantener la masa muscular, 32 cámaras y dispositivos de imagen distribuidos a bordo y también tiene un baño. “Eso no existía en las misiones Apolo”, precisa el experto.
La misión también añade una dimensión internacional que Apolo nunca tuvo. Mientras ese programa fue una empresa exclusiva de la NASA, Artemis II involucra a la Agencia Espacial Europea —que construyó el módulo de servicio que provee propulsión, electricidad, agua, oxígeno y nitrógeno a la cápsula—, a Canadá y a otros socios internacionales. “Todos los países que contribuyen a este programa desarrollan tecnología propia y se benefician directamente”, señala Gallegos.
Y, en la mitología, se cierra el círculo con el nombre de la nave: Orion. Según el mito griego, Orión fue un gigante cazador, compañero de Artemis, que tras su muerte fue transformado en constelación y se convirtió en una referencia perpetua en el cielo. La nave que hoy regresa a la Tierra lleva ese nombre: el del navegante eterno.

La misión Apolo 11 fue la primera tripulada en llegar a la luna en 1969.
(Foto Prensa Libre: Shutterstock)
El lado oculto de la luna
El 6 de abril fue el día clave de la misión. La nave se aproximó a la cara lejana de la Luna —ese hemisferio que nunca se ve desde la Tierra— y comenzó un sobrevuelo histórico.
Durante ese recorrido, Artemis II superó el récord absoluto de distancia establecido por el Apolo 13 en el 1970. Según confirmó el administrador de la NASA, Jared Isaacman, la nave alcanzó los 406,771 kilómetros de distancia desde la Tierra. Ningún ser humano, en toda la historia de la exploración espacial, había llegado tan lejos.
Antes de perder señal —la Luna se interpuso físicamente entre la nave y las antenas terrestres durante aproximadamente 40 minutos—, el piloto Victor Glover envió un mensaje que quedará en los registros: “Mientras nos preparamos para quedarnos sin comunicación de radio, aún vamos a sentir su amor desde la Tierra. Y a todos ustedes ahí abajo, los amamos, desde la Luna.”
"We love you from the moon"
— Netflix (@netflix) April 7, 2026
Moments from Artemis II crew's sign-off, and return, from the far side of the moon that streamed LIVE on Netflix today. pic.twitter.com/7tJQpDDWlF
Cuando las comunicaciones se restablecieron, la emoción era palpable. “Houston, Integrity… ¡qué alegría volver a escucharlos!”, transmitió la tripulación.
“Vimos cosas que ningún ser humano ha visto jamás, ni siquiera quienes viajaron en las misiones Apolo”, dijo el comandante Reid Wiseman luego del sobrevuelo. “Es realmente difícil de describir. Es increíble”, añadió Glover al describir ante el Centro de Control los cráteres, flujos de lava y variaciones de color que observaron en la superficie lunar.
Para la ciencia, ese período de 40 minutos de autonomía completa también fue una prueba en sí misma, ya que los astronautas tuvieron que gestionar la nave sin comunicación con la Tierra, calcular órbitas y realizar correcciones por su cuenta. Fue un ensayo para lo que vendrá en misiones más largas.
El amor que viajó al espacio
La misión Artemis II tiene un capítulo que no está en ningún manual de ingeniería aeroespacial, pero que puede ser el más memorable de todos.
Durante el sobrevuelo lunar, el especialista Jeremy Hansen propuso ante la tripulación y el Centro de Control, en Houston, nombrar dos cráteres sin nombre en la superficie de la Luna. El primero: Integrity, en honor a la nave. El segundo: Carroll.
Carroll Taylor Wiseman fue la esposa del comandante Reid Wiseman. Murió de cáncer en el 2020, a los 46 años. Cuando le diagnosticaron la enfermedad, el astronauta estuvo dispuesto a abandonar su sueño de toda la vida y mudarse para estar cerca de la familia de ella. Fue Carroll quien se lo impidió: “Este es el trabajo que te apasiona. Aquí es donde crecen nuestras hijas y nos vamos a quedar”, le dijo, según datos publicados por el medio The Sunday Times.
“C-A-R-R-O-L-L”, deletreó Hansen, con la voz entrecortada, ante las cámaras. Wiseman se secó los ojos.
“Hace varios años comenzamos este viaje, en nuestra unida familia de astronautas, y perdimos a un ser querido”, dijo Hansen. “Es un punto brillante en la Luna y nos gustaría llamarlo Carroll.”
El amor, en efecto, también llegó a la Luna.
Este viaje también se convirtió en una profecía cumplida para Wiseman. El 10 de febrero del 2017, el comandante recibió en una galleta de la fortuna un mensaje que decía: “Una visita a un lugar desconocido te aportará una nueva perspectiva”. Decidió publicar ese detalle en su cuenta de X, con una leyenda en la que se lee: “Prefiero creer en esta predicción que he recibido esta noche. Quizás sea la Luna o un #ViajeAMarte”, sin imaginar que, 11 años después, llegaría a un lugar tan lejano que cumpliría esa profecía.
Strange place ✅
— NASA (@NASA) April 7, 2026
New perspective ✅✅✅ https://t.co/nHl3hfAL8L
El playlist de la Luna
La NASA tiene una tradición tan antigua como sus misiones tripuladas: despertar a los astronautas con música. En Artemis II, esa costumbre también se convirtió en un puente con la Tierra.
Cada mañana, el Centro de Control, en Houston, envió una canción diferente a la nave Integrity. La NASA publicó en Spotify la lista completa —titulada “Artemis II Wake-Up Songs”— para que el público pudiera seguirla en tiempo real.
El día del sobrevuelo lunar, los astronautas amanecieron con “Good Morning”, de Mandisa y TobyMac. En el penúltimo día de misión sonó “Lonesome Drifter”, del cantante de country Charley Crockett. Y, en la jornada final, antes del amerizaje, el Centro de Control eligió “Run to the Water”, de Live, seguida de “Free”, de Zac Brown Band, quien además envió un mensaje de audio personal a la tripulación.
Pero la música no se limitó a los despertares. La NASA también había preparado una lista más amplia: NASA Moon Tunes, con casi 200 canciones de todos los géneros. “Space Oddity” y “Starman”, de David Bowie; “Across the Universe”, de The Beatles; “Fly Me to the Moon”, de Frank Sinatra; “Man on the Moon”, de R.E.M.; y también “Pink Pony Club”, de Chappell Roan. Una banda sonora colectiva de la humanidad mirando hacia arriba.
¿Qué se come en el espacio?
Si hay una imagen que captura la dimensión humana —y casi humorística— de Artemis II es la de un frasco de Nutella flotando en la cabina en perfecta microgravedad, durante la transmisión en vivo del 6 de abril, mientras la nave se aproximaba al récord histórico de distancia.
El video se volvió viral en cuestión de horas. La cuenta oficial de Nutella en X respondió con humor: “Un honor haber viajado más lejos que cualquier otra crema en la historia. Llevando la difusión de sonrisas a nuevas alturas.”
Honored to have traveled further than any spread in history 🚀 Taking spreading smiles to new heights ❤️ pic.twitter.com/vDUJMi1qbS
— Nutella (@NutellaUSA) April 6, 2026
La NASA negó cualquier acuerdo comercial: el frasco simplemente se escapó de una bolsa de alimentos durante las tareas rutinarias de la tripulación, y el menú de la misión sí incluye crema de chocolate como parte de los suministros.
El episodio ilustra, sin quererlo, cómo viven los astronautas en el espacio profundo. Según la NASA, la tripulación de Artemis II disponía de 189 artículos distintos en su menú, con más de diez tipos de bebidas, entre ellas café, té verde, cocoa, limonada y batidos. A bordo viajaron 58 tortillas —preferidas por los astronautas desde hace décadas porque no generan migajas que puedan dañar equipos en microgravedad—, 43 tazas de café y cinco tipos de salsa picante.
El menú incluía también brisket de res con salsa barbecue, macarrones con queso, nueces, calabaza, galletas y chocolate. “Las selecciones del menú se preparan junto con expertos en alimentación espacial y con la propia tripulación, para equilibrar calorías, hidratación y nutrientes, sin perder de vista las preferencias personales de cada astronauta”, señala la NASA.

La NASA muestra el menú que consumen los astronautas de la misión Artemis II.
(Foto Prensa Libre: EFE/NASA)
El precio de volver a la Luna
Una misión de esta magnitud no es solo un logro científico. También es una decisión política, económica y, en el fondo, filosófica.
“Para ponerlo en perspectiva, el programa Apolo en su momento consumió el 5% del presupuesto total de Estados Unidos. Artemis II representa apenas medio punto porcentual”, dice Gallegos. Los tiempos —y las prioridades— han cambiado.
La dimensión geopolítica tampoco puede ignorarse. “La situación geopolítica ahora es una carrera, y los contrincantes han cambiado: Estados Unidos sigue siendo uno, con la ayuda de Occidente, y luego está China”, dice Gallegos. China, señala, ha logrado en dos décadas lo que la humanidad tardó cincuenta años en desarrollar.
Tiene sus propias estaciones espaciales, sus propios astronautas y un presupuesto espacial que, según el experto, “es inimaginable”. La cooperación entre China y los programas internacionales ha sido escasa, a diferencia de la relación entre la NASA y la agencia espacial rusa, que durante décadas operó en paralelo y en colaboración dentro de la Estación Espacial Internacional.
El objetivo final de Artemis, sin embargo, trasciende la Luna. “El objetivo que tenemos con Artemis es llegar a Marte. El final de todo esto es tener una base en la Luna que permita, en un futuro, llevar al ser humano a la superficie de Marte”, explica Gallegos.

Foto de la Tierra tomada desde la nave Orión de la misión Artemis II. La histórica misión Artemis II, que busca el primer regreso del ser humano a la Luna en más de cincuenta años, se encuentra casi a la mitad de su camino al comenzar su tercer día de trayectoria y cuando la NASA no tuvo que realizar una maniobra de corrección ya que se mantiene en la ruta de vuelo correcta.
(Foto Prensa Libre: EFE)

Imagen tomada por integrantes de la tripulación de la misión Artemis II el 6 de abril de 2026, que muestra a la Tierra observada desde la cara oculta de la Luna.
(Foto Prensa Libre: EFE)
La tripulación
Para este viaje alrededor de la Luna, cuatro astronautas tuvieron la oportunidad de presenciar en primera fila lo que el resto de los seres humanos admira desde la lejanía. Tres estadounidenses y un canadiense conforman la tripulación de la misión espacial Artemis II y marcan un hito que inspira a futuras generaciones. ¿Quiénes conforman el equipo?
Reid Wiseman, comandante de la misión
En el 2014, Wiseman pasó 165 días a bordo de la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés), donde se desempeñó como ingeniero de vuelo. Ese evento se convirtió en el primer vuelo espacial del astronauta, quien, gracias a su experiencia como veterano de la Marina de Estados Unidos, con 27 años de servicio, piloto e ingeniero, hoy desempeña el cargo de comandante de la misión Artemis II.
Wiseman cuenta con una licenciatura en Ciencias del Instituto Politécnico Rensselaer, en Troy, Nueva York, y una maestría en Ingeniería de Sistemas de la Universidad Johns Hopkins, en Baltimore. Además, se ha desempeñado como jefe de la Oficina de Astronautas de la NASA.
Wiseman es padre de dos niños y, a pesar de su larga lista de reconocimientos profesionales, considera que su experiencia como padre soltero, luego de que su esposa falleciera por cáncer, fue su mayor desafío y la etapa más gratificante de su vida.

Reid Wiseman lidera Artemis II con experiencia en la ISS y una historia personal marcada por la resiliencia.
(Foto Prensa Libre: EFE)
Víctor J. Glover Jr., piloto
Artemis II no es la primera misión espacial en la que Glover se desempeña como piloto. Del 16 de noviembre del 2020 al 2 de mayo del 2021, el astronauta, originario de California, pasó 168 días en el espacio como piloto del vuelo Crew-1, la primera misión completa a la ISS en la que se utilizó la cápsula Crew Dragon, de SpaceX, para transportar astronautas a la estación espacial. En esa ocasión, Glover realizó cuatro caminatas espaciales y diversas actividades científicas.
Al regresar a la Tierra, Glover se desempeñó como representante de la tripulación de los Sistemas de Aterrizaje Humano y como jefe de la sección de tripulación asignada en la Oficina de Astronautas. Además, se graduó de la Escuela de Pilotos de Prueba de la Fuerza Aérea de Estados Unidos y posee el rango de comandante de la Armada de Estados Unidos.

Victor Glover regresa al espacio tras liderar la primera misión Crew Dragon con destino a la Estación Espacial Internacional.
(Foto Prensa Libre: EFE)
Christina Koch, especialista de la misión
Casi todo el 2019 fue diferente para Koch respecto de otros años, pues la astronauta, de 47 años, pasó la mayor parte de ese período a bordo de la ISS. El 14 de marzo de ese año despegó desde el Cosmódromo de Baikonur a bordo de la nave Soyuz MS-12 y permaneció un total de 328 días en el espacio, con lo cual estableció el récord del vuelo espacial individual más largo realizado por una mujer. Además, participó en seis caminatas espaciales, incluidas las tres primeras exclusivamente femeninas, con una duración total de 42 horas y 15 minutos.
Koch es ingeniera eléctrica y física, y cuenta con una maestría en ingeniería eléctrica, conocimientos que ha puesto en práctica a bordo de la ISS durante las expediciones 59, 60 y 61, en las cuales se desempeñó como ingeniera de vuelo.
Después del vuelo espacial del 2019 y antes de ser asignada a Artemis II, se desempeñó como jefa de la Sección de Tripulación Asignada en la Oficina de Astronautas y realizó una rotación como asistente de Integración Técnica para el director del Centro Espacial Johnson de la NASA. Se convirtió en la primera mujer en volar en una misión a la Luna.

Christina Koch hace historia como la primera mujer en viajar alrededor de la Luna tras romper récords en la ISS.
(Foto Prensa Libre: EFE)
Jeremy Hansen, especialista de la misión
A sus 50 años, Hansen se convirtió en el primer canadiense en aventurarse a la Luna, al mismo tiempo que realiza su primer vuelo espacial. Antes de descubrir nuevos horizontes, se desempeñó como coronel de la Real Fuerza Aérea Canadiense, donde pilotó aviones de combate en la base militar CFB Cold Lake, Alberta.
Hansen ha explorado varios puntos de la Tierra, pues en el 2013 participó en el programa CAVES de la Agencia Espacial Europea, en Cerdeña, Italia, misión en la que pasó seis días viviendo bajo tierra. Un año después, en el 2014, fue miembro de la tripulación NEEMO 19, donde vivió y trabajó en el fondo del océano, en el hábitat Aquarius, frente a las costas de Cayo Largo (Florida), durante siete días, simulando una exploración del espacio profundo.
Es esposo y padre de tres hijos y se convirtió en el primer canadiense en dirigir una clase de astronautas de la NASA.

Jeremy Hansen se convierte en el primer canadiense en viajar a la Luna en su debut en el espacio.
(Foto Prensa Libre: EFE)
Diversidad en órbita
Artemis II también reescribe quién puede mirar la Luna de cerca.
Christina Koch es la primera mujer en volar alrededor de la Luna. Victor Glover es la primera persona afroamericana en hacerlo. Jeremy Hansen, el primer canadiense en viajar al espacio profundo. Una misión que, en su composición, intenta enviar un mensaje que va más allá de la ingeniería.
“Estas misiones tienen un objetivo secundario que suele ser muy impactante, y es el de inspirar a futuras generaciones”, dice Gallegos. “Si hablas con los astronautas de cierta edad, todos te dicen que quisieron ser astronautas porque fueron inspirados por Apolo. La idea de que ahora tengamos una persona de color, una mujer y que haya diversidad de nacionalidades también busca ese objetivo: inspirar.”

La diversidad de la tripulación marca un cambio en quienes protagonizan la exploración espacial.
(Foto Prensa Libre: EFE)
¿Y ahora qué?
El programa Artemis ya tiene la mirada puesta en lo que sigue.
Artemis III, que, según explica Gallegos, las proyecciones actuales predicen que podría realizarse a principios del 2028, llevará astronautas a la órbita terrestre a bordo de la nave Orion, impulsada por el cohete SLS (Space Launch System), para probar las capacidades de encuentro y acoplamiento entre Orion y naves espaciales comerciales.
Por su parte, Artemis IV, prevista para finales del 2028, según explica Gallegos, intentará el alunizaje en el Polo Sur de la Luna, una región donde se cree que existen reservas de agua congelada en cráteres de sombra perpetua. Si esa agua puede aprovecharse para uso humano, la colonización lunar se vuelve posible.
“Lo que va a probar Artemis III es el acoplamiento entre la cápsula Orion y las cápsulas para descender a la Luna. Artemis IV es desde donde ya, alrededor de la Luna, se acoplarán con esta cápsula de descenso y bajarán de esa forma”, explica Gallegos.
Y ya en Artemis V, la Agencia Espacial Japonesa (JAXA) y Toyota tienen planeado aportar el Moon Cruiser: un vehículo lunar presurizado —un Land Cruiser del espacio— que permitirá explorar la superficie durante días sin que los astronautas necesiten trajes presurizados en todo momento.
“La idea es tener presencia continua del ser humano en la Luna”, resume Gallegos. “Para poder llegar a Marte.”
Zea coincide en que todo lo que viene se acelerará. “La NASA está incrementando el presupuesto para misiones lunares, no solamente del gobierno, sino comerciales. Ya no es NASA mandando a construir una nave, sino que son compañías construyendo sus propias naves y NASA es uno de sus clientes.”

Fotografías publicadas por la NASA en su cuenta oficial de X que muestra una vista de la Tierra tomada por la tripulación del Apollo 17 en 1972 (i) junto a la última imagen capturada desde la nave Orión de la misión Artemis II el pasado 2 de abril. La histórica misión Artemis II, que busca el primer regreso del ser humano a la Luna en más de cincuenta años, se encuentra casi a la mitad de su camino al comenzar su tercer día de trayectoria y cuando la NASA no tuvo que realizar una maniobra de corrección ya que se mantiene en la ruta de vuelo correcta.
(Foto Prensa Libre: EFE)
El regreso
Hay algo profundamente antiguo en el acto de volver. Los navegantes lo sabían. Los exploradores que cruzaron continentes a pie lo sabían. Salir es un acto de valentía, pero regresar es una promesa que se cumple.
El viernes 10 de abril, la cápsula Integrity amerizó en el océano Pacífico. Diez días después del lanzamiento, los cuatro astronautas estaban de regreso.
La Luna sigue ahí arriba, ahora con un cráter que se llama Carroll, visible en ciertas noches despejadas.
Salir fue un acto de valentía. Volver, una promesa cumplida. Lo que viene después —la base lunar, Marte, el horizonte que todavía no tiene nombre— es la razón por la que esto no termina aquí.


