Escuela en La Llorona: El drama de educar a distancia con escasos recursos

Escuela en La Llorona: El drama de educar a distancia con escasos recursos

11/05/2021 15:54
Fuente: La Hora 
Por Ana Lucía González [email protected] La escuela rural del caserío La Llorona, en el municipio de La Libertad, Petén, es el único edificio escolar en esta comunidad. Desde hace más de un año, las aulas están vacías. Los escritorios empolvados fueron arrinconados al fondo de las aulas. La falda azul a cuadros de las niñas quedó guardada. Un cambio drástico para los 110 estudiantes de nivel primario que en 2020 dejaron de asistir a las clases presenciales por la pandemia. Esta aldea, originalmente un campamento de chicleros está ubicada a tres horas en bus de la cabecera de Santa Elena. La mayoría de sus habitantes viven en la pobreza, por lo que ningun grupo familiar dispone de una computadora en casa y la mayoría no tiene un celular. Los más privilegiados disponen de Internet en sus móviles, los cuales recargan con saldo de Q5 para asuntos puntuales. Este era el escenario al que se enfrentaba su directora, Irma Yaneth Oscal, junto a las cuatro maestras de grado para continuar con las clases a distancia. [caption id="attachment_409794" align="aligncenter" width="776"] Edificio de la escuela rural del caserío La Llorona, en el municipio de La Libertad, Petén. Foto: Irma Yaneth Oscal/Cortesía[/caption] El primer paso fue no desfallecer. Recorrió la aldea para armar una base de datos, recopilando información sobre qué padres de familia contaban con celular, números de teléfono, quiénes contaban con recursos para comprar tiempo de Internet. Así formaron grupos de WhatsApp entre los distintos grados de primaria. Luego organizó los periodos de clase por las tardes. Esto porque durante las mañanas, los niños apoyaban a sus padres en las tareas domésticas y de campo. Así que se organizaron por grupos y horas. “Mi objetivo era no dejar a los niños rezagados”, cuenta Irma, la directora. DEL WHATSAPP A LAS GUÍAS DE TRABAJO [caption id="attachment_409795" align="aligncenter" width="752"] Las docentes decidieron elaborar guías de trabajo por cada grado para continuar con el proceso de enseñanza-aprendizaje. Foto: Irma Yaneth Oscal/Cortesía.[/caption] La visita a los hogares de los estudiantes le sirvió a la directora y maestras para darse cuenta de que solo el 40% tenía Internet en su celular y las recargas habituales eran el saldo mínimo. Ella está a cargo de los niveles de 4to, 5to y 6to primaria. Integró un grupo con los alumnos de 4to y 5to y otro con los de último nivel primario. Le enviaba audios. Para entonces, no contaba con material didáctico del Ministerio de Educación, al menos no para estos niveles. Semanas después se dio cuenta que el método no le estaba funcionando. Menos del 50% de los niños lograron dar seguimiento a las clases impartidas por esta vía, debido a la falta de recursos de tiempo de aire, mala señal de Internet, así como la escasa disponibilidad de los padres de acompañar en el proceso a sus hijos. Entonces, Irma Oscal decidió elaborar unas guías de trabajo por cada grado. Junto a las maestras viajaban a la comunidad cada tres semanas para distribuirlas a los padres y éstos a los niños. Al llegar nuevamente a la comunidad, recogía las tareas asignadas y entregaba otras guías. Así se incrementó un poco más del 50% la participación de los niños en el proceso de aprendizaje. “Sentí que trabajaron un poco más. Los grados pequeños –1º a 3o primaria- trabajaron mejor gracias al apoyo de los libros de texto. Los de 4to grado en adelante, solo con hojas de trabajo”, explica. En esta etapa, la directora aclara que sí tuvo apoyo de asesores del Mineduc. LECCIONES APRENDIDAS [caption id="attachment_409797" align="aligncenter" width="960"] Docentes y padres de familia se unieron para que la educación no se detuviera. Foto: Irma Yaneth Oscal/Cortesía[/caption] En las fotos enviadas por la maestra, se observa la dinámica de niños trabajando en pequeños escritorios, padres de familia entregando y recibiendo guías de trabajo, y los más pequeños atentos a su tarea. En el último ciclo escolar del año pasado, las maestras y directora de la escuela La Llorona lograron que un buen grupo de sus niños fueran aprobados en el grado que cursaban y aprendieran los contenidos. “Ganaron el curso por el esfuerzo de padres y docentes, pero bajó el rendimiento”, expresa Oscal, quien este año continúa en la misma dinámica, tampoco cuenta con una computadora y busca cómo ingeniárselas para tener una. Irma Oscal, de 31 años y con un pénsum cerrado en pedagogía, cuenta que al principio se sintió muy molesta para enfrentarse a una problemática tan adversa. A esto se añadió el escaso apoyo del Ministerio de Educación en cuanto a metodologías adaptadas a estas circunstancias. Mas bien, solo proveyó un par de entregas de alimentos a las familias. [caption id="attachment_409798" align="aligncenter" width="711"] Las circunstancias dificultaron a los guatemaltecos su desarrollo educativo. Foto: Irma Yaneth Oscal/Cortesía[/caption] Este año, con 105 alumnos en el nivel primario, Oscal comenta que se ha ganado experiencia. Se han adaptado y han atendido a los niños por grupos, según el color del semáforo. En este momento, en color anaranjado en el municipio de La Libertad. “Esta pandemia nos hace reflexionar para concientizar a los papás para que apoyen más a los niños. Y a los docentes, contar con estrategias diferentes para adaptarnos como los niños lo merecen. De trabajar en conjunto padres y maestros, en un contexto realista de la comunidad”, comenta. Cuentan que el caserío La Llorona se llama así en honor a la famosa leyenda guatemalteca, puesto que los antiguos chicleros oían a una mujer plañir por sus hijos. Quizás sea ironía, pero hoy esta comunidad mantiene ese clamor, ahora desde la voz de cientos de niños que demandan por una educación que les permita alcanzar sus sueños, y un Estado que les permita cubrir sus necesidades básicas.

Noticias relacionadas

Comentarios