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Somos un eslabón entre el pasado y el futuro
Es de alguna manera nuestra responsabilidad ir paso a paso buscando llegar a donde nos hemos propuesto.
“El tiempo es un gran maestro que arregla muchas cosas”, Pierre Corneille.
Cuando llegamos a aceptar que en cada paso que damos en la vida y cada día que vivimos hay cambios los cuales no podemos posponer, claro está que en muchos de los casos ni los podemos percibir, pero con el tiempo van marcado diferencias que no se pueden negar. Este detalle puede marcarse en asuntos de apariencia, salud y aun en el comportamiento que proyectamos.
Es muy claro que los cambios que asimilamos día tras día muchas veces los hacemos porque nuestro medio nos los impone, pero otros los hacemos porque nosotros percibimos la necesidad y modificamos nuestra modalidad y comenzamos a proyectar un nuevo modo en lo que siempre estuvimos haciendo. Este detalle puede percibirse desde los detalles de los arreglos personales que tenemos hasta las relaciones interpersonales con las que mantenemos relación.
Es interesante cómo muchas personas mayores con alguna nostalgia recuerdan su pasado haciendo alguna referencia de cómo eran y cómo hacían las cosas y posiblemente toman el tiempo de aclarar por qué tuvieron que cambiar o qué fue lo que los indujo a los cambios y por lo que hoy no son lo que en el pasado muy orgullosamente presumieron ser. Claro en algunos casos asuntos de salud o situaciones de familia nos obligan a cambios y ajustes, los cuales no están en nosotros el querer o no querer aceptarlo, sino simplemente estamos en la obligación de restructurar nuestra vida.
Lo más saludable es poder aprender de nuestro pasado para saber escoger la mejor parte en la cual poner toda la atención y darle continuidad para que nuestro futuro pueda de algún modo proyectarse en lo que sea posible más favorable y llevadero. Cada uno de nosotros conocemos de personas para las cuales pareciera que el tiempo y el espacio se detuvo y no hay modo de poderlos hacer ver que la vida siga y que hay que ser realista y enfrentar el presente para que nuestro futuro también sea no solo más sano con mucho más sentido de modo que lo provechoso sea para todos los que comparten la vida con nosotros también.
Es sorprendente la vida que vivimos. Es como cuando el artista va plasmando un paisaje sobre un lienzo el cual en el principio no tiene mucho sentido, pero con el avanzar de los trazos uno se da cuenta lo que él tenía en su mente al comienzo y de una manera progresiva y muy disciplinada la puede plasmar con cada rasgo y cambio de los colores hasta cuando llega al final y todos admiramos la obra de arte. De igual modo somos responsables cada uno de nosotros, para que cada día que vivimos deba ser parte de un proyecto elaborado para que como un rompecabezas que con cada pedacito que se une a lo ya armado vaya dando más claridad de lo que podrá ser el final. La vida también tiene un final, pero es de alguna manera nuestra responsabilidad ir paso a paso buscando llegar a donde nos hemos propuesto.
Claro, habrá imprevistos que nos obligarán hacer cambios, pero de ninguna manera debemos dejar que lo imprevisto nos lleve al colapso sino a la reconstrucción para poder alcanzar horizontes nunca antes soñados.
Cada mañana que iniciamos un nuevo día debemos proponernos a complementar algo de nuestro pasado y también considerar qué proyección le daremos para lo que nos resta de esta vida que vivimos.