Triplemente devastador: los efectos que causaría un terremoto en Guatemala

Triplemente devastador: los efectos que causaría un terremoto en Guatemala

Este 4 de febrero se cumplen 50 años del terremoto de 1976, una tragedia que enlutó al país. De ocurrir un sismo similar en la actualidad, el daño podría triplicarse, según un geólogo que ha estudiado estos fenómenos en el país.

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04/02/2026 00:02
Fuente: Prensa Libre 

En Guatemala tiembla casi todos los días. Su ubicación geográfica lo explica en parte. Jorge Girón, ingeniero geólogo de la Universidad Mariano Gálvez, indica que pocos países se encuentran en una triple unión de placas ―Norteamérica, Caribe y Cocos―, que pueden imaginarse como un rompecabezas en el que las piezas se presionan unas contra otras; cuando eso sucede, ocurren terremotos como el que los guatemaltecos vivieron en 1976.

Por otra parte, fallas como la del Motagua ―responsable del terremoto de 7.5 grados de hace 50 años―, Chixoy-Polochic, San Agustín, y otras secundarias, como las de Mixco, Jalpatagua y Pinula, hacen que el país sea vulnerable a movimientos de gran magnitud, los cuales suelen repetirse cada cierto tiempo.

“Es lo que científicamente se llama período de recurrencia. Por ejemplo, en la del Motagua se ha dicho que esos períodos pueden ser de 60 o 70 años, y ya llegamos al año 50. Estaríamos entrando en la posibilidad de una ventana de tiempo en la que nuevamente se dé una liberación de energía en alguna parte de la falla”, dice Girón.

En 1976, los muertos se contaban por miles: el reporte fue de 23 mil fallecidos, 76 mil heridos, 250 mil casas destruidas, y uno de cada cinco guatemaltecos perdió su vivienda, que estaba construida, principalmente, de adobe.

La probabilidad de que vuelva a ocurrir un terremoto similar existe, aunque no se puede predecir cuándo sucederá, según el experto. Sin embargo, el impacto hoy sería “tres veces” mayor.

Agrega que, hace 50 años, se destruyó el 70% de la infraestructura de Guatemala. El daño fue tal que causó un retraso en el ritmo de desarrollo del país de aproximadamente 10 años.

“Si nos vuelve a pegar, multiplique eso por tres. Entonces, ya estamos hablando de 70 mil muertos, unas 750 mil casas perdidas y un atraso en el desarrollo del país de 30 años”, indica el geólogo.

¿Por qué aumenta la vulnerabilidad?

La población en Guatemala se ha triplicado en los últimos 50 años: de 6.2 millones, que el Instituto Nacional de Estadística (INE) reportaba en 1976, la proyección para este año es de 18.3 millones. Todos necesitan vivienda.

Esto ha llevado a que los grandes centros urbanos se ubiquen en la parte media de las cuencas, donde hay recarga de agua. Pero son puntos en pendiente, con riesgo de deslizamiento y erosión, lo que se traduce en hundimientos de las construcciones.

Además, en las principales ciudades del país, como la capital, Quetzaltenango, Cobán o Escuintla, el espacio horizontal para construir se agotó, al punto que se edifican casas a orillas o en medio de barrancos. La opción son los grandes edificios, que se irán multiplicando, lo que provoca un peso mayor en el terreno.

En 1976 predominaban las construcciones de adobe, sobre todo en el altiplano, lo que hizo más grande la tragedia. Ese suceso llevó a la construcción de viviendas más formales; no obstante, se han obviado los aspectos geológicos y geotécnicos del suelo previo a levantar cualquier obra, lo que también representa un riesgo.

Otro de los aspectos que hace al país vulnerable ante un sismo como el de hace 50 años es la falta de planes de Ordenamiento Territorial en cada municipio. Estos no pueden desarrollarse sin un estudio geológico ―del que se carece en el país― que permita conocer las capas del suelo, la cobertura forestal, la reserva hídrica, las montañas, la red vial, los puentes y las carreteras (principales, secundarias, de terracería o veredas). Esta información permitiría conocer a detalle el territorio, para saber qué espacio es idóneo para urbanismo, industria o cultivo, lo que evitaría tragedias.

Desastres geológicos

Girón refiere que la principal amenaza en Guatemala son los terremotos, seguidos de los deslizamientos ―movimientos de laderas desde la parte alta hacia la baja por efecto de la gravedad―, y de la acción del ser humano, con “obras imprudentes” al hacer cortes de carretera inadecuados y eliminar los bosques, que evitan la erosión del suelo. También son un peligro los hundimientos.

“En la mayor parte de Guatemala se construyen casas de un nivel, y está bien, pues el suelo puede aguantar en promedio una tonelada por metro cuadrado. Pero si se construyen dos o tres niveles, tal vez no se sobrepase esa tonelada, pero ya se está al límite”, agrega.

Las lluvias intensas pueden saturar el suelo y cambiar sus propiedades, lo que provoca deslizamientos internos que pueden terminar en hundimientos. Estos pueden tardar entre seis meses y dos años en manifestarse. Esa puede ser la explicación del agujero que se abrió en el barrio San Antonio, zona 6 capitalina, en el 2007.

Otro problema es el cambio de uso de los edificios. Por ejemplo, si fueron diseñados como proyectos habitacionales, convertirlos en espacios industriales es peligroso. También debe prestarse atención a la contaminación ambiental, que representa un desastre de impacto lento.

Se necesita prevención

No se puede predecir cuándo ocurrirá otro terremoto ni trasladar a la población. “Lo que sí se puede hacer es aprender a convivir con el riesgo; eso significa que tenemos que mejorar la cultura de reducción de desastres”, dice el geólogo.

Esto comienza en casa, con un plan familiar de emergencia ―puntos de reunión, quiénes son los más vulnerables en el hogar, cuáles son los obstáculos en la vivienda―, que debe escalar al barrio, a la zona, al departamento y a nivel nacional. Tener la mochila de las 72 horas por persona es importante.

La cultura de prevención también debe fomentarse en la escuela. Por ello, se recomienda incluir este asunto dentro del Currículo Nacional Base, en materias como Ciencias Naturales y Educación Física. Hay que enseñar a los niños cómo prepararse y reaccionar si ocurre un terremoto. Los simulacros ayudan a ello, como lo hacen países como China y Japón.

“Si hacemos correctamente los simulacros, vamos a saber qué está mal en nuestra casa, en nuestro barrio, en la zona. Incluso, el Gobierno se dará cuenta de que tiene que cambiar hacia una política verdadera de prevención y no de reacción, como sucede ahora”, concluye Girón.

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