Latinoamérica, y en especial Guatemala, a la espera de recibir también la bendición de una visita apostólica del papa León XIV.
La actual Constitución política del Reino de España, ratificada en 1978 mediante referéndum, restauró la monarquía parlamentaria en el marco de un proceso complejo de transición democrática. Siguiendo la tradición histórica, reconoció a la Casa de Borbón como la dinastía reinante. Los orígenes de esta casa real se pueden remontar a los Reyes Católicos, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, quienes recibieron este título del papa Alejandro VI, en 1496.
“Y que su vida pública sepa unir siempre la firmeza de sus convicciones con la nobleza del diálogo y la grandeza del servicio”.
El rey de la casa real, que encarna a la Corona española, asume como jefe de Estado, símbolo de su unidad y permanencia, entre otras importantes funciones oficiales. Ha enfrentado en estos 48 años desafíos históricos, de los que ha sabido cumplir su mandato constitucional, pese a la complejidad de las circunstancias.
Al rey Juan Carlos I de Borbón (1975-2014) le correspondió como jefe de Estado y comandante de las fuerzas armadas jugar un papel determinante no solo durante la transición política hacia la democracia, sino sobre todo al hacer fracasar en 1981 un intento serio de golpe de Estado militar en contra de la aún frágil e incipiente democracia española. Su extenso reinado lo desempeñó con gran aplomo y liderazgo, hasta verse obligado a abdicar en circunstancias desafortunadas, dando lugar a que su primogénito, el príncipe Felipe, lo sucediera en el 2014, en función de renovar y de prestigiar nuevamente a la Corona española.
Al rey Felipe VI, a tan solo tres años de iniciar su mandato constitucional, enfrentó en el 2017 un fuerte intento ilegal de la región autónoma de Cataluña de independizarse totalmente de España. En esas circunstancias difíciles, fue firme y categórico, ante la posible ruptura de la unidad nacional, en la que contribuyó a evitarla ejerciendo su rol constitucional.
Al margen de las secuelas jurídicas y políticas de esa crisis y de las situaciones de intensa, divisiva y extrema polarización ideológica partidista que se ha estado viviendo en España en los últimos tiempos, se da un proceso preparatorio, en el que la Corona tuvo un lugar preponderante, que culminó en esta semana recién pasada con la visita apostólica e histórica de su santidad el papa León XIV a España.
El Santo Padre, recibido y despedido con una extraordinaria ovación de respeto y de admiración en la emblemática sede del histórico Palacio del Congreso de los Diputados, en presencia de prácticamente de todas y cada una de las autoridades del Estado español, al referirse a España destacó: “Cuenta con una lengua que une continentes; una tradición cultural, jurídica y espiritual que ha sabido poner en diálogo fe y razón, derecho y conciencia, unidad y pluralidad”. El Papa refuerza este mensaje al expresar: “Que esta noble nación jamás pierda la memoria de sus raíces ni la audacia de mirar al futuro. Que España continúe siendo tierra de encuentro, de cultura, de solidaridad y de esperanza. Y que su vida pública sepa unir siempre la firmeza de sus convicciones con la nobleza del diálogo y la grandeza del servicio”.
Su Santidad, que dejó una España revitalizada en su cimientos cristianos, demostrando como lo hizo en su momento el papa San Juan Pablo II, en las cinco visitas que realizó a España, irradiando la energía luminosa y contagiosa de la fe, como sucesor del apóstol San Pedro. Se puede afirmar ante este hecho histórico que el rey Felipe VI, como anfitrión privilegiado de esta extraordinaria visita papal, ha cumplido y ha contribuido junto al papa León XIV a la unidad de España.
Latinoamérica, y en especial Guatemala, a la espera de recibir también la bendición de una visita apostólica del papa León XIV.