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Estamos viviendo el cambio que seremos
Sucede todo tan rápido, que apenas podemos procesarlo.
El 3 de julio de 1960, aparecía en The Sunday Times, una entrevista que Henry Brandon le realizara a John F. Kennedy, el trigésimo quinto presidente de Estados Unidos. Fue el hombre más joven y el primer católico en llegar a la presidencia de su país, y un acérrimo defensor de los derechos civiles, así como un duro negociador en las relaciones exteriores de su país. Kennedy fue asesinado en Dallas, el 22 de noviembre de 1963.
Sucede todo tan rápido, que apenas podemos procesarlo.
“Mi religión es causa de gran preocupación política y me ha convertido en una figura controvertida”, dijo el imperturbable Kennedy a Brandon. Este le lanzó después otra pregunta: “Arthur Miller me comentó el otro día que si Estados Unidos se viera inmerso en una crisis internacional suficientemente grave, el macartismo renacería, ya que fueron los conservadores los que le derrotaron, no los liberales o la izquierda, ni la gente que sabía de qué iba. ¿Está usted de acuerdo?” A esto, Kennedy respondió: “No estoy nada seguro de que ningún periodo histórico se repita bajo la misma forma. Sí creo que, de resultas de la crisis del U-2, se han esgrimido con cierta energía en los últimos tiempos palabras como “aplacar” o expresiones como “blando con el comunismo” y otras similares. (…) Sin duda, eso indica que en este país hay quienes estarían encantados de desenterrar el hacha de la guerra y volver a las viejas técnicas si las presiones políticas les alteran lo suficiente”.
Brandon continuó: “Más pronto o más tarde, Estados Unidos dispondrá de suficientes ICBM (misiles intercontinentales) como para poder prescindir de sus bases en Europa. ¿Cree que esto llevará a una política mucho más independiente respecto a Europa?” Kennedy respondió: “No, considero que los vínculos entre Estados Unidos y Europa son fundamentales y que la necesidad de cooperación persistirá, tal vez incluso, con mayor intensidad. Existen multitud de campos que podemos abordar sobre una base común. No creo que nuestra necesidad de disponer de bases en el extranjero explique en absoluto nuestro interés por el resurgimiento de Europa durante los últimos quince años. Creo en una Europa libre, fuerte, con una economía de expansión, que desempeñe una tarea proporcionada en la ayuda al mundo subdesarrollado y el papel adecuado en la defensa de Occidente.” “¿Quiere decir que la OTAN sobrevivirá a este proceso?”, pregunta Brandon. “Verá, como garantía militar para Europa occidental frente al riesgo de un ataque —en el sentido de unificar los esfuerzos militares— la OTAN sobrevivirá sin duda alguna. Y espero que sobreviva más vigorosamente en otros campos, para combinar más eficazmente la energía de Europa occidental y Estados Unidos en las nuevas áreas de responsabilidad”.
Han pasado 65 años desde entonces y mucha agua debajo del puente. Estamos inmersos en un cambio de era, en medio de una crisis civilizatoria que tiene como grandes variables diferenciales la tecnología y la velocidad de la información, así como la deshumanización. Sucede todo tan rápido, que apenas podemos procesarlo. La estocada más reciente la ha dado Trump que, siendo hijo de Europa, está cometiendo un acto de canibalismo con su región de origen, al punto de hacer tambalear la cuna de Occidente. Algo que venía dándose lentamente en los últimos años y nos hace preguntarnos si los colonizadores están siendo finalmente colonizados, si la Europa de los últimos seis siglos se transforma y pierde poder, o si asistimos al declive de Occidente. La OTAN, creada para defender a Europa del comunismo, también se tambalea. El fantasma del macartismo no se ha ido y, como un transformer acorde a la época, muta las narrativas en discursos de odio que atentan contra la vida y buscan hacer del mundo un parque temático. ¿Cómo responde a esto el sur global? ¿Dónde quedará la vida?