El “momento de gloria” de Jerome Powell frente a Donald Trump
Jerome Powell dejará la Reserva Federal de los Estados Unidos con un legado marcado por su lucha contra la inflación y su resistencia a las presiones del presidente Donald Trump.
Es probable que la historia sea tan benévola con Jerome Powell, el presidente saliente de la Junta de la Reserva Federal de Estados Unidos, como lo ha sido con Winston Churchill. Hoy en día, a Churchill se le recuerda principalmente por su valiente liderazgo durante la Segunda Guerra Mundial, cuando movilizó a los británicos para repeler la embestida nazi.
No importa que Churchill cometiera graves errores políticos al principio de su carrera. Olvidemos su papel en el catastrófico fracaso militar británico en Gallipoli durante la Primera Guerra Mundial. No tengamos en cuenta su decisión, como ministro de Hacienda en 1925, de volver a llevar a Gran Bretaña al patrón oro con un tipo de cambio considerablemente sobrevalorado, lo que hizo que la Gran Depresión fuera aún más dolorosa. Ignoremos todo eso: como responsable del “momento de gloria” de Gran Bretaña, se le perdonan esos errores.
El legado de Powell podría ser similar. Aunque desempeñó un papel nada desdeñable al permitir que el genio de la inflación saliera de la lámpara tras la pandemia del covid-19 del 2020, pasó a defender con valentía y principios la independencia de la Fed frente a las agresiones del presidente Donald Trump. Powell se ha revelado como un servidor público vigilante, digno y patriota en un momento en que esos rasgos son demasiado escasos en el Gobierno de Estados Unidos.
Nunca un presidente de la Fed había enfrentado —y resistido— tanta presión para llevar a cabo cambios inadecuados de política. Además de los vulgares insultos públicos y las implacables peticiones de flexibilización de la política monetaria, Trump incluso hizo que el Departamento de Justicia de Estados Unidos presentara falsos cargos penales contra Powell por una supuesta conducta indebida relacionada con la renovación de la sede de la Fed, valorada en US$2 mil 500 millones. Todo ello se hizo con el objetivo evidente de intimidar a Powell para que recortara las tasas de interés.
Afortunadamente para todos los estadounidenses y los inversionistas de todo el mundo, Powell se mantuvo firme en su empeño por cumplir con imparcialidad el doble mandato de la Fed: la estabilidad de precios y el máximo empleo. Ni siquiera se planteó en ningún momento apaciguar al demagogo. Se enfrentó a Trump cuando prácticamente nadie más se atrevía a hacerlo. Si miramos al Congreso de Estados Unidos, controlado por los republicanos, no encontraremos más que una aquiescencia cobarde ante los excesos políticos y el menoscabo de instituciones esenciales por parte de Trump. Si miramos el universo corporativo de Estados Unidos, solo encontraremos ejecutivos en jefe que han vendido su alma para seguir contando con los favores de Trump.
Powell también merece elogios por lograr lo que pocos economistas creían posible. En los dos últimos años, la Fed ha conseguido reducir la tasa de inflación desde su máximo en 40 años hasta cerca de su meta del 2%. Asimismo, ha logrado mantener bien ancladas las expectativas de inflación, incluso en un momento en que Trump elevaba los aranceles a las importaciones hasta su nivel más alto en un siglo, llevaba a cabo deportaciones masivas y le imponía al Congreso una política fiscal expansionista en niveles que rozaban lo imprudente.
Dados estos logros, es muy posible que la historia pase por alto los errores de política que cometió Powell al gestionar la economía durante la pandemia. Hay que reconocerle que ayudó al país a evitar una depresión al recortar rápidamente las tasas de interés hasta cerca del límite cero en marzo del 2020 y al reanudar la expansión a gran escala del balance de la Fed. Pero él y sus colegas cometieron entonces el error de mantener una política monetaria demasiado laxa durante demasiado tiempo.
Al aferrarse a la creencia errónea de que la crisis inflacionaria provocada por las alteraciones de la cadena de suministro a causa del covid-19 sería transitoria, la Fed de Powell recién comenzó a subir las tasas de interés en marzo del 2022. Peor aún, la Fed siguió ampliando su balance en unos US$125 mil millones al mes durante la mayor parte del 2021, incluso cuando la economía se estaba recuperando bien y recibía un importante estímulo fiscal gracias al Plan de Rescate Estadounidense de US$1.9 billones del presidente Joe Biden.
El resultado neto fue que, entre principios del 2020 y comienzos del 2022, la oferta monetaria amplia aumentó un asombroso 40%. Y eso, a su vez, contribuyó a un repunte de la inflación de los precios al consumidor, que alcanzó un máximo del 9.1% en junio del 2022.
Powell pronto cederá la batuta de la presidencia de la Fed a Kevin Warsh. Y lo hará en un momento en que la economía sufre de nuevo una grave crisis inflacionaria, esta vez provocada por la guerra elegida por Trump contra Irán —que ha alterado el suministro global de energía, fertilizantes, helio y otros bienes esenciales—, su política arancelaria agresiva y descontrolada y sus políticas presupuestarias expansionistas.
En una última muestra de determinación patriótica, Powell mantendrá su cargo como uno de los siete gobernadores de la Fed. Es de esperar que Warsh pueda reunir el mismo valor que Powell para resistirse a las exigencias de Trump de recortes prematuros de las tasas de interés. Si no lo hace, deberíamos estar preparados para otro brote de inflación.
Desmond Lachman, investigador del American Enterprise Institute, fue subdirector del Departamento de Desarrollo y Revisión de Políticas del Fondo Monetario Internacional y estratega económico jefe para mercados emergentes en Salomon Smith Barney.