Si queremos paz y libertad, debemos defender con valentía nuestros derechos a la vida, libertad y propiedad antes de que sea demasiado tarde.
El pasado 28 de febrero nos enteramos del ataque de Estados Unidos e Israel a Irán y la muerte de su líder supremo, el ayatolá Alí Jameneí, y sus principales colaboradores. Como era de esperar, Irán respondió inmediatamente lanzando misiles y drones no solo a Israel, sino a todos los países donde Estados Unidos tenía bases y desde donde operaban contra ellos. Mientras Estados Unidos e Israel atacan objetivos militares, el Ejercito iraní y la Guardia Revolucionaria islámica atacan indiscriminadamente cualquier objetivo militar y civil.
Después de muchos años de diálogos frustrados y negociaciones diplomáticas fallidas, Israel y Estados Unidos se cansaron y atacaron.
Nos guste o no la guerra, el gobierno islámico de Jameneí era una amenaza para el mundo entero, no solo para el Estado de Israel sino para todo Occidente. Su intención era destruir de cualquier forma, con terrorismo, con ataques suicidas, con guerra a sus enemigos, tanto internos como externos. A su propio pueblo le tenía prohibiciones de acuerdo con su religión. No había libertad religiosa y las mujeres estaban subordinadas a una ley que les limitaba seguir sus propios proyectos de vida. La brutal represión que recientemente causó miles de muertos se debió a que una gran mayoría del pueblo iraní buscaba libertad y deseaba un cambio del régimen. Ahora que no está el líder supremo y la mayoría de las cabezas que controlaban el Gobierno de Irán, todos estaremos más seguros. Sin embargo, como en todos sitios donde existe fanatismo religioso, siempre habrá alguien que ocupe el liderazgo y se oponga a los cambios de una sociedad moderna y civilizada que respete la vida, la propiedad y la libertad.
Irán está atacando a todos sus vecinos con fuerza, con lo que tiene. Se prepararon para esto. Sabían que algún día los demás se cansarían de tantas provocaciones. Después de muchos años de diálogos frustrados y negociaciones diplomáticas fallidas, Israel y Estados Unidos se cansaron y atacaron. Pero Irán se quedó solo. Apenas lo apoyan Líbano (Hezbolá) y Yemen (hutíes). Por otro lado, Irán atacó a Israel, Baréin, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Catar, Arabia Saudita, Irak, Omán, Siria, Jordania y Chipre. Estos países ya se han unido contra Irán. Los más poderosos y que lideran la ofensiva son Estados Unidos e Israel, a quienes ya se les unieron el Reino Unido, Francia y Alemania. Ucrania ha apoyado con inteligencia por su experiencia con drones. No será una tercera guerra mundial, como algunos temen. Se han alejado de Irán tanto Rusia como China aunque han condenado el ataque. El gobierno islámico iraní se volvió incómodo hasta para sus mismos amigos. Aunque todavía es capaz de causar mucho daño a Israel, principalmente le quedan los días contados. Trump comunicó que es cuestión de unas cuatro a cinco semanas para terminar con los objetivos militares y espera que el mismo pueblo iraní forme un gobierno contrario al islámico.
A veces me preguntan que por qué estoy de acuerdo con lo que pasó en Venezuela y ahora con Irán. Porque, aunque creo en la no intervención entre países civilizados que respeten los derechos individuales, tanto Venezuela como Irán no los respetaban. Sus líderes, al igual que Cuba y Nicaragua en Latinoamérica, se volvieron tiranos criminales. Solo a base de fraudes, fuerza y represión lograban mantenerse en el poder. Si nosotros permitimos que eso pase en otros países, nos volvemos cómplices y aceptamos una amenaza creciente que nos puede tocar en nuestra propia tierra. Si queremos paz y libertad debemos defender con valentía nuestros derechos a la vida, libertad y propiedad, antes de que sea demasiado tarde.