COVID-19: Recuerdos de impunidad y lucha

COVID-19: Recuerdos de impunidad y lucha

Justo hace cinco años, cinco largos años, el presidente Alejandro Giammattei informaba a la nación que se había detectado el primer caso de COVID-19 en Guatemala. El anuncio del 13 de marzo del 2020 trajo consigo la tardía reacción de un sistema de salud que no estaba preparado ni para lo cotidiano menos para lo […]
15/03/2025 10:59
Fuente: La Hora 

Justo hace cinco años, cinco largos años, el presidente Alejandro Giammattei informaba a la nación que se había detectado el primer caso de COVID-19 en Guatemala. El anuncio del 13 de marzo del 2020 trajo consigo la tardía reacción de un sistema de salud que no estaba preparado ni para lo cotidiano menos para lo que significaría afrontar una infección por un virus desconocido que ya afectaba a China, no solamente a Wuhan sino a toda China, así como a otros países como Italia donde se reportaban muchas muertes, especialmente de adultos mayores. La respuesta del entonces ministro de salud de Guatemala y de su sucesora fueron respuestas tardías porque informes del virus estaban disponibles desde diciembre del 2019. Yo en febrero del 2020 me encontraba en Montevideo y el gobierno uruguayo ya estaba gestionando las vacunas, mientras que en Guatemala el presidente Giammattei y el entonces jefe del «Centro de Gobierno» Miguel Martínez preparaban un millonario desfalco.

Cómo es posible, en qué cabeza cabe, que mientras en el mundo morían miles y millones de personas, mientras en Guatemala los hospitales no se daban abasto, un par de corruptos, psicópatas integrados, dedicados a tiempo completo a ver cómo manipulaban, defraudaban, robaban y retardaban maliciosamente la compra de vacunas buscando donde hacer negocio. De hecho, primero vinieron las vacunas donadas por los Estados Unidos, México y otros países antes de que el gobierno de Guatemala, esto es, el ladrón de Giammattei pudiera traer vacunas. Al final negociaron con Rusia las vacunas Sputnik, de las que dijeron traer millones, pero que realmente no se sabe si vinieron o no esos millones, porque a pesar de un contrato obscuro que nunca dieron a conocer a nadie, los millones de dosis de vacunas Sputnik no vinieron en esas cantidades. Ese desfalco no fue investigado por el Ministerio Público, quienes, a pesar del maltrato verbal del novio del presidente, lo defendieron, lo defienden y lo defenderán. Jamás han investigado lo de las vacunas rusas, ni lo de las alfombras rusas, ni lo de las muñecas rusas. Aquí hay impunidad rusa asegurada de parte de la fiscal general y el séquito de guardianes que le cuidan.

El sistema de salud salió adelante, no porque el ministro y luego ministra de salud apoyaran mucho o porque el presidente Giammattei apoyara mucho, no. Todo lo contrario. Estos asesinos en serie se dedicaron a fraguar, cómo robar, cómo negociar, cómo aparentar. Si los hospitales salieron adelante fue porque había médicos, personal para médico, enfermeras, enfermeros, estudiantes de medicina de la Universidad de San Carlos llamados epesistas (porque hacen su Ejercicio Profesional Supervisado, EPS), residentes que realmente entendieron y vivieron el juramento hipocrático. Fue por esta gente bella que, si bien recibió tardíamente vacunas, casi todas de donaciones y no de compras, porque ya Giammattei y Martínez se habían clavado los millones de quetzales, esta hermosa gente fue la que ayudó a que muchos no murieran. Es por esa gente honesta, preparada, trabajadora, sacrificada, por esa gente verdaderamente guatemalteca que el COVID no mató a miles más y no infectó a millones. Ellos y ellas son los verdaderos héroes y heroínas de esta lucha desigual.

Al mismo tiempo en que esta banda de ladrones se apoderaba no solamente del presupuesto del Ministerio de Salud, sino de los fondos extraordinarios para vacunas también había personas honestas, trabajadores de diferentes áreas que hacían posible la lucha contra el COVID, resaltan médicos de los que me gustaría dar todos los nombres, pero debo mencionar dos al menos, al Doctor Edgar Beltetón y a la Doctora Nancy Sandoval, ambos incansables guerreros antes y durante el COVID. De nuestra parte un grupo de investigadores científicos y tecnológicos desarrollaron sistemas de apoyo respiratorio a través del proyecto Aire-USAC, una iniciativa que permitió la creación de tres prototipos de respiración artificial invasiva y otras no invasivas, llamadas de alto flujo de oxígeno, que con el apoyo del Doctor Beltetón y varios médicos, técnicos y científicos locales adaptaron cánulas pediátricas de alto flujo de oxígeno para adultos.

El trabajo de Aire-USAC fue arduo, pero gracias al apoyo de cientos de personas y a las capacidades de investigación científica, tecnológica y médica de la misma USAC logró apoyar con el diseño, adaptación, prueba en hospitales y construcción en serie de cientos de sistemas de apoyo respiratorio que fueron distribuidos en hospitales nacionales del país. Así como Aire-Usac surgieron iniciativas importantes para hacer mascarillas, para esto y lo otro, todos hermanados en un objetivo común: Luchar contra la pandemia. Lejos, estábamos de saber que maquiavélicamente el presidente Giammattei y su novio o novia, da lo mismo, se dedicaban simple y llanamente a robar, manipular y mentirle al pueblo de Guatemala. Eso realmente llora sangre más cuando hay un sistema de justicia que ni siquiera quiere investigar lo sucedido, al menos con las vacunas Sputnik.

De la pandemia COVID-19 debimos aprender muchas cosas, especialmente a mejorar nuestros servicios de salud y a estar mejor preparados. A la fecha los servicios de salud no han mejorado mucho. Cierto, tenemos un gobierno de gente decente, pero esa gente decente también debe ser eficiente. Hay que mejorar la investigación científica y tecnológica médica, crear nuevos programas de biomedicina, de ingeniería biomédica, ingeniería hospitalaria, mantenimiento de hospitales, establecer una relación más profunda entre los hospitales nacionales y la investigación científica y tecnológica universitaria, no solamente con las facultades de medicina sino con otros programas pertinentes, como los posgrados de administración de servicios de salud del CUNOC, el campus de la Universidad de San Carlos en Quetzaltenango y de Salud Pública. Todo eso falta por hacer. El nuevo gobierno, ni tan nuevo, debe proveer vacunas, tener un plan para resolver la desnutrición crónica infantil, eso nos permitirá tener un país más resiliente, más preparado para no vivir en esta eterna pandemia. Eso es posible ministro Barnoya, hagámoslo. Si no es ahora, no será nunca.