Víctor Castañón: la historia del migrante guatemalteco que transformó su vida con el arte y la educación

Víctor Castañón: la historia del migrante guatemalteco que transformó su vida con el arte y la educación

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27/03/2026 11:31
Prensa Libre
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Resumen Inteligente

Víctor Castañón migró de Guatemala en medio de la violencia, sin imaginar que años después convertiría su talento en una herramienta para educar a nuevas generaciones.

Antes de cruzar fronteras, Víctor Leonel Castañón ya tenía un profundo amor por el arte, el básquetbol, la música y también por el diseño. Creció en la zona 11, cerca del Hospital Roosevelt. Estudió en la Escuela Normal para Varones de la zona 13; aprendió dibujo técnico y, aunque no era arquitecto, realizaba planos en una oficina de construcción de edificios.

Se convirtió en promotor cultural, trajo grupos de jazz al país e hizo teatro. Sin embargo, la violencia indiscriminada del conflicto armado interno de Guatemala lo obligó a migrar. Esa migración nunca le hizo perder de vista su gran sueño, que fue la última pregunta de esta conversación.

En Estados Unidos empezó de cero, pero todas sus habilidades adquiridas en Guatemala le sirvieron de base. Llegó a ser coach de básquetbol, diseñador de casas rodantes, impulsor de la educación y el liderazgo.

En enero del 2026 volvió a Guatemala para coordinar un encuentro literario internacional juvenil, para el cual compuso un himno. “Los niños no son el mañana, sino el ahora”, dice en un corredor del antiguo Paraninfo de la Universidad de San Carlos, en la zona 1 de la capital, en plenos preparativos del evento.

“¡Leonelito puede!”

“¿Cómo llegó el arte a mi vida? En cada actividad que había en la escuela decían: ¿quién puede cantar el himno? Y mi mamá decía: Leonelito puede. ¿Quién puede decir algo para el Día de la Madre? Leonelito puede”, relata.

“En los campos del Roosevelt había una cancha de básquetbol del señor Aurelio Recinos, y ahí empecé a aprender. Me encantó porque es un deporte de equipo, de reglas claras, competitivo y colaborativo”.

“Saqué mi bachillerato, llevé algunos cursos en la Usac, pero no terminé ninguna carrera por cuestiones de trabajo y tiempo. Trabajé con una firma de ingenieros y arquitectos que hizo varios edificios en la zona 10. Yo sabía dibujar planos”. Su gran objetivo siempre fue seguir aprendiendo.

“Entré en contacto con instituciones culturales como la Alianza Francesa. Una vez traje a una banda de jazz de 100 músicos, que presentaron un magnífico concierto. También tuvimos un grupo de teatro y música, Teatro Vivo, con el que hacíamos giras. Fuimos a Huehuetenango. Pero en medio del conflicto armado aquello se volvió peligroso y me tuve que ir”.

Reinvención personal y descubrimiento

A los 27 años, en Los Ángeles, Víctor prácticamente no conocía a nadie, pero se lo tomó con calma. “Mi primer trabajo fue limpiando y barriendo”, cuenta. Lejos de desanimarse, asumió ese inicio con humildad: “La verdad, me gustó empezar desde lo simple”.

Pero su habilidad previa no tardó en abrirle nuevas puertas. “Al poco tiempo, pasé del trabajo de limpieza a dibujar planos y diseñar interiores de casas rodantes, participando activamente en su construcción. Fue un trabajo muy bonito”.

El deporte volvió a su vida años después, gracias a una de sus hijas. “Ella fue la que me llevó a ser coach”, cuenta. “Comencé a ayudarle a entrenar, de acuerdo con lo que yo sabía. Luego me hablaron del equipo escolar, si podía ayudarles; después me invitaron a ligas de equipos. Hablaba con entrenadores de equipos estudiantiles: yo aprendía y ellos aprendían”.

Para Víctor, el básquetbol siempre fue educación. “Me gusta enseñar, compartir lo que sé”. Escribió libros con dibujos de “herramientas de entrenamiento” y métodos propios para ejercitar tiros, bloqueos y jugadas. Víctor llegó a colaborar con la National Junior Basketball Association (NJB) y logró un récord destacado: “56 juegos ganados al hilo con un equipo escolar, en torneos de Estados Unidos”.

Que los niños se expresen es base de su autoestima

El encuentro literario internacional de niños y jóvenes estudiantes nació de esa misma filosofía de servicio. “Los niños no son el futuro, son el presente. Ellos están aquí y necesitan crecer con liderazgo, seguridad, autoestima”, insiste. Para Víctor, la lectura es la clave.

“Es hoy cuando tenemos que cuidar a esos bellos seres humanos para que mañana construyan algo mejor”, afirma. Y esa fue la razón de su visita a Guatemala.

“Apoyo a la editorial de Jóvenes Escritores Latinos, una organización que busca que los niños empiecen a escribir para exponer sus ideas. La educadora ecuatoriana Miriam Burbano es la presidenta del proyecto. Dentro de mis habilidades artísticas también está el diseño gráfico. Ella me pidió proponer una portada para uno de sus libros, precisamente el que presentamos en Guatemala el 29 de enero del 2026. Se llama Jóvenes Escritores Latinos, elaborado por estudiantes de Cahabón, Alta Verapaz. Pero en realidad se presentaron 42 libros completos hechos por estudiantes de varios países, como Perú, México, El Salvador, Ecuador y Estados Unidos”.

¿Cuál es tu gran sueño?

Víctor responde con una reflexión que resume su trayectoria migrante y humana: “Mi sueño es el cambio, que todo ser humano se dé cuenta de que estamos viviendo en un paraíso. Respirar ya es una bendición. No tenemos que buscar para qué venimos, solo ser felices en el existir, en el vivir el hoy, porque solo hay 24 horas. Si las usamos para vivir con sentido común, tendrás amor y libertad”.

Así es Víctor Leonel Castañón: migrante guatemalteco, promotor cultural, educador, coach, compositor musical y sembrador de liderazgo juvenil. Un hombre que migró para sobrevivir, pero que volvió para crear, compartir y transformar desde la palabra, el arte y la educación.

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