El estrecho más caro es el del entendimiento

El estrecho más caro es el del entendimiento

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01/05/2026 00:05
Prensa Libre
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Resumen Inteligente

Es clave trazar una prospectiva de Nación en un escenario de conflicto crónico.

Todo el mundo está pagando por la operación militar de Estados Unidos contra el régimen iraní, que se encuentra en punto álgido. En el estrecho de Ormuz hay un bloqueo naval que intenta agotar al rival. Nadie quiere ceder y los discursos oficiales son elocuentes. Hay diálogos, pero con posturas polarizadas no se arregla mucho. Por eso decimos que no hay peor estrecho que el del entendimiento cuando no hay voluntad para llegar a un punto medio en el que nadie queda totalmente satisfecho. Para el actual régimen teocrático de Teherán no hay tolerancia ni siquiera para la disidencia ciudadana. Y, para la Casa Blanca actual, hay demasiado en juego.

La apuesta sigue creciendo: se supone que van US$25 mil millones en gastos militares en dos meses, según cifras de un funcionario del Departamento de Guerra estadounidense. Le cambiaron el nombre a dicha institución, pero no le quieren llamar guerra a la ofensiva que tiene en vilo a todos, porque eso necesitaría, por ley, un aval del Congreso de ese país. Y, en este momento, a prácticamente seis meses de las elecciones de mitad de mandato, los republicanos temen dar permiso y temen también que el conflicto se alargue, porque, además del gasto fiscal, hay un duro costo de vida para el ciudadano, es decir, para el votante, a quien Trump prometió mejorar la economía.

A dos meses de iniciado el conflicto, abril cierra con el brent a US$126 el barril: prácticamente el doble de lo que costaba antes del primer bombardeo de EE. UU. e Israel sobre Irán. En estas ocho semanas se han multiplicado las justificaciones, las arengas, los llamados de conciliación bajo condición. El problema es que, si bien Irán ya tiene fuertes impactos económicos, pérdidas de empleo y de infraestructura, el gobierno de Trump sufre un desgaste del cual solo lo sacará una victoria plausible.

El encarecimiento global de los combustibles es un multiplicador de precios en cascada que impacta en economías completas y, con él, a los sectores más vulnerables. Pero todos pagamos: se reduce la expectativa de crecimiento y se distraen valiosos recursos en contención de daños. No faltan las teorías conspiracionistas acerca de movimientos de inversión en empresas relacionadas con la provisión de insumos armamentísticos. Pero en un mundo globalizado, lo que ocurre en Oriente Medio termina definiendo el precio del pan, del transporte o de la electricidad, y es allí donde los supuestos nacionalismos se muerden la cola.

Es evidente que se está intentando una estrategia de presión económica —al estilo del bloqueo contra Cuba— para forzar una postura más flexible de Irán en la negociación, pero hay población civil de por medio que está sufriendo los impactos del pulso violento. Los engranajes de la intransigencia muerden manos inocentes y encarecen la sobrevivencia. Tienen total sentido los mensajes del papa León XIV en contra de toda guerra, a favor de la búsqueda de entendimientos en el campo del multilateralismo. Pero hasta estas instancias pasan por su propio estrecho de Ormuz minado.

Mientras tanto, en Guatemala, están por empezar a gastarse Q2 mil millones en un subsidio a los combustibles, previsto para durar dos meses, que debería estar reglamentado, para evitar acaparamientos, trasiegos o que vaya a parar a los puestos ilegales de las carreteras. Ya en este espacio se cuestionó esa medida porque la pagan todos los ciudadanos, aunque no todos posean vehículo y porque sus efectos en la cascada de precios tardarán en notarse, si es que llegan a salpicar hasta abajo. Es clave trazar una prospectiva de Nación en un escenario de conflicto crónico.

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