Alemania: ¿A quién protege el muro político?
También es extremismo levantar un muro político contra el partido que encabeza las preferencias electorales.
Como hijo de migrantes europeos y con familia en Alemania, me preocupa que sus dirigentes prefieran aislar al inconforme antes que responder por sus propios errores. La democracia liberal exige tolerar el disenso y rendir cuentas, sobre todo cuando millones de ciudadanos reclaman legítimamente seguridad, política migratoria responsable y condiciones para trabajar y prosperar.
Los principales partidos tradicionales han levantado contra Alternativa para Alemania, AfD, el Brandmauer, cortafuegos o muro de exclusión política, para cerrarle las alianzas necesarias para gobernar. Considero esta confabulación contradictoria: sus promotores alegan proteger la democracia del supuesto «extremismo» de AfD, mientras desatienden el descontento ciudadano.
AfD ganó las elecciones regionales de septiembre en Sajonia-Anhalt, con el 43.8%, y Mecklemburgo-Pomerania Occidental, con el 38.2%. Fue el segundo partido más votado en las federales de 2025.
El Politbarometer del 23 de octubre la sitúa a la cabeza nacional con un 26% de intención de voto, frente al 23% de CDU/CSU. Ese respaldo vuelve más cuestionable su aislamiento. A mi juicio, el muro adquiere un cariz más antidemocrático cuando permite eludir las demandas de sus electores en vez de discutir nuevas soluciones.
Imaginemos que en Guatemala a una de las bancadas más numerosas se le privara, por acuerdo de sus adversarios, de todas las presidencias de comisión que le corresponden. Aunque el mecanismo alemán es distinto, la comparación ilustra la frustración del elector cuyo voto se reconoce en las urnas, pero encuentra barreras politiqueras para convertirlo en influencia.
Sería como negarle en el Congreso de Guatemala toda presidencia de comisión a una de las bancadas más numerosas.
La preocupación económica tiene fundamento. En mayo de 2026, una encuesta de la Cámara Alemana de Industria y Comercio entre más de 23.000 empresas reveló que el 58% consideraba las condiciones de política económica un riesgo; el 70% señalaba los precios de energía y materias primas. Ningún sermón sobre tolerancia resuelve esos problemas. Alemania enfrenta esas presiones mientras debe financiar compromisos sociales enormes. Alemania necesita políticas que hagan rentable producir, invertir y generar empleo, en vez de multiplicar las cargas de quienes sostienen su economía.
Las prestaciones federales relacionadas con refugiados y migración sumaron 24.800 millones de euros en 2025. Aunque no equivalen al costo fiscal neto de la inmigración, ese esfuerzo del contribuyente exige resultados: empleo, idioma, autonomía económica y cumplimiento de las leyes, incluida la igualdad de derechos y libertades de las mujeres.
En mi ensayo sobre la transformación demográfica europea sostengo que la integración no ocurre espontáneamente. Financiar la generosa acogida de migrantes sin exigir plena integración e inserción laboral prolonga problemas que pagan contribuyentes y migrantes. Preservar una cultura democrática exige deberes recíprocos, igualdad jurídica y libertad de conciencia.
Alemania debería mirar hacia Francia. IFRAP estima provisionalmente en 1.100 millones de euros los daños y pérdidas de actividad por las violencias del 17 y 18 de octubre; si continúan, la factura crecerá. La destrucción erosiona la confianza para invertir, generar empleo y sostener los ingresos que financian las obligaciones del Estado. Su enorme deuda respecto del PIB deja escaso margen fiscal para nuevas demandas de gasto. Prometer lo que no puede financiar sería introducir un caballo de Troya: expectativas incumplidas que podrían alimentar una revuelta mayor, de consecuencias impredecibles.
La dirigencia alemana debe hacer una pausa. Manfred Weber, vicepresidente de la CSU, lo advirtió: el cortafuegos de -ellos o nosotros- debe pasar a la historia. Resultaría vergonzoso perpetuar ese cerco contra el partido que encabeza las encuestas, en vez de permitir que sus votantes contribuyan a resolver los problemas que padecen.
Zuhören statt ausgrenzen: escuchar en vez de excluir.