Entre lo humano y lo divino

Entre lo humano y lo divino

La Inmaculada es el primer signo de la victoria pascual de Cristo.
07/12/2024 00:03
Fuente: Prensa Libre 

La Iglesia celebra la fiesta de la Inmaculada Concepción de la Virgen María en el tiempo de Adviento, donde se hace memoria del proyecto de la salvación, según el cual Dios, en su misericordia, llamó a los patriarcas para hacer con ellos una alianza de amor, dio la ley a Moisés, suscitó a los profetas y eligió a David, de cuya estirpe debería nacer el Salvador del mundo. De esa estirpe, María es la hija elegida y el punto de llegada. Entre lo humano y lo divino hay un punto de unión que es María Inmaculada.


La Inmaculada es, por lo tanto, un signo de esperanza.

La Iglesia contempla en María la obra maestra de Dios. En ella, preservada inmune de toda mancha de culpa original en previsión de la muerte de Cristo, contemplamos concluido de modo maravilloso el plan amoroso que Dios tiene sobre todos nosotros. En María Inmaculada de hecho celebramos el alba de la redención, el inicio de la nueva humanidad y el comienzo de la Iglesia, esposa de Cristo, sin mancha y sin arruga, resplandeciente de belleza.

Según la tradición cristiana, en el contexto de la caída de Adán y Eva que relata el libro del Génesis, María es anunciada como la mujer que resulta victoriosa sobre la “serpiente”. Así como Adán y Eva son personajes emblemáticos para explicar la caída de la humanidad en el pecado, así Jesús nuevo Adán y su madre nueva Eva llegan a ser los personajes emblemáticos que anuncian una humanidad renovada.

El evangelio que se leerá en esta solemnidad es el de la anunciación (Lc 1): el ángel proclama a María «llena de gracia». En este texto, la tradición ha visto anunciada la verdad de la Inmaculada Concepción de María. Es probablemente una de las páginas más leídas del evangelio y una de las escenas más representada en el arte. Los primeros escritores cristianos vieron en este acontecimiento la contrapartida de aquello que sucedió en la caída del paraíso terrenal: Eva no escucha el precepto de Dios, María en cambio escucha el mensaje del ángel enviado por Dios; Eva desobedece a la palabra de Dios, María en cambio pronuncia su “sí” obediente al plan de Dios sobre ella; Eva significa la madre de todos los vivientes, María lo es en un sentido más profundo, en cuanto que es madre de los redimidos por la muerte de su Hijo, vencedor del mal y del pecado. María, engendrando a Cristo, ha puesto sobre la tierra la semilla indestructible del bien, de la justicia y de la esperanza.

Es la misma realidad que describe el pasaje que da inicio a la Carta a los Efesios, en cual el Apóstol afirma que «Dios, en Cristo nos ha elegido antes de crear el mundo, para que fuéramos santos e inmaculados a sus ojos». Esta singular elección encuentra una aplicación muy particular en María. ¿Cuál es la razón por la que Dios eligió a María entre todas las mujeres? Una probable respuesta nos la da ella misma en su Magnificat: «Porque ha visto la humildad de su sierva». La humildad consiste en tener un conocimiento verdadero de nosotros mismos a la luz de Jesucristo y vivir la verdad de la propia vida delante de Dios y de los demás. Hoy, como siempre, es necesaria la humildad para liberarnos de falsos apocamientos y de engañosas pretensiones. La humildad nos libera del engaño de este mundo lleno de falsas apariencias y de la soberbia de creernos autosuficientes.

La Inmaculada es el primer signo de la victoria pascual de Cristo. Con ella, la humanidad renovada, encuentra de nuevo el camino para recorrer una historia de santidad y no más de pecado. La Inmaculada es, por lo tanto, un signo de esperanza. Aquello que ha acontecido en ella es anticipo y fruto al mismo tiempo de la victoria de Cristo resucitado sobre la muerte y sobre el pecado.

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