Aprendamos de Zelensky y de Guaidó

Aprendamos de Zelensky y de Guaidó

La pequeñez de nuestro país en la geopolítica determina nuestras posibilidades de tener una política internacional independiente, así como de poder resistir las imposiciones del poder hegemónico en nuestra región. Sin embargo, por limitado que sea el espacio de maniobra que tengamos, debemos analizar qué podemos hacer en él. Este espacio se llama DIGNIDAD. Por […]
05/03/2025 08:58
Fuente: La Hora 

La pequeñez de nuestro país en la geopolítica determina nuestras posibilidades de tener una política internacional independiente, así como de poder resistir las imposiciones del poder hegemónico en nuestra región.

Sin embargo, por limitado que sea el espacio de maniobra que tengamos, debemos analizar qué podemos hacer en él. Este espacio se llama DIGNIDAD.

Por eso, aún comprendiendo la diferencia entre los casos que refiero en el título de esta columna, nosotros debemos reflexionar sobre nuestra realidad política poniendo atención a lo que esos sucesos políticos nos enseñan. Obviamente, en el caso de Zelensky está en juego la situación geopolítica en el mundo, en el caso de Guaidó, los intereses en juego son regionales.

Pero lo común en ambos casos es aprender el papel de los Estados Unidos en ellos, como potencia mundial que es.

En el caso Guaidó, el pobre terminó haciendo el rol de payaso, aplaudido por las “democracias” latinoamericanas y europeas, siguiendo dócilmente las directrices del poder hegemónico. Al final, se impuso el testarudo Maduro y, a partir de allí, ya nadie dudó en tirarlo al cesto de la basura.

En el segundo caso, el de Zelensky, la situación es mucho más compleja y determinante de la geopolítica a nivel mundial. Para Estados Unidos el ingreso de Ucrania a la OTAN era muy importante en términos militares. Haciendo un paralelismo histórico era lo mismo que no permitió los Estados Unidos hacer a la URSS cuando la crisis de los misiles en Cuba. Las advertencias de Putin para no invadir Ucrania fueron muy precisas, reclamando el compromiso explícito de que su vecino limítrofe no ingresaría a dicha organización. Pero esto no cambió la decisión de los Estados Unidos, seguido de rodillas por Europa, de “sitiar” a Rusia militarmente.

Pero en un mes Zelensky pasó, de ser un héroe mundial que peleaba valientemente contra la invasión rusa, defendiendo la soberanía de su país, a convertirse en una marioneta desechada por Estados Unidos. Fue humillado y echado de la oficina Obal. La vieja Europa reaccionó adoptando y abrazando a Zelensky, el despreciado, y exigiendo que la guerra continue, lo cual implicaría la continuidad de los Estados Unidos en la contienda. Saben que, sin el padrinazgo de los Estados Unido del cual han disfrutado sujetándose con docilidad absoluta a sus designios, su seguridad ante una Rusia fortalecida podría pender de un hilo.

Pero volviendo a nuestra insignificante realidad nacional, debemos asumir la versatilidad de los Estados Unidos para decidir en una dirección hoy y en otra mañana.

Hagamos un poco de historia. Recordemos el entusiasmo con el cual las organizaciones de derechos humanos y cierto progresismo corrían a “la embajada” o volaban a Washington para mantener el apoyo político norteamericano y posibilitar el trabajo de la CICIG en contra de la corrupción y la impunidad.

Cuando los vientos políticos cambiaron en Washington, la CICIG quedó “colgada de la brocha”, como dicen los mexicanos, y expulsada del país por una alianza no necesariamente explícita entre las redes político criminales y las cúpulas empresariales tradicionales. Jimmy Morales ejecutó esa decisión.

Sin embargo, vino el triunfo insospechado de Bernardo Arévalo en las elecciones del 2023, que contó de inmediato con todo el apoyo del “Departamento de Estado” para que pudiera tomar posesión del cargo legítimamente ganado en el proceso electoral. En este proceso las cúpulas empresariales empezaron a sumarse a ese propósito, entendiendo que ya no eran “aliados” de las redes político criminales sino que sus rehenes.

En esas condiciones, las esperanzas de las redes político criminales se aferraron a la posibilidad del triunfo de los republicanos para que se modificara la posición de los Estados Unidos ante Guatemala. Se pusieron las gorras de su redentor (Trump) y celebraron su triunfo. Pero la visita de Marcos Rubio a Guatemala y su explícito y categórico apoyo a Bernardo Arévalo los dejó impávidos, sintiéndose traicionados. Seguramente tiraron las gorras que se habían puesto.

Pero, ¿cuál es la lección para nosotros? Sin dejar de ser conscientes de nuestra pequeñez, mantengamos la dignidad y las alianzas estratégicas. Los abrazos de Marcos Rubio no deben confundir al gobierno, al punto de dejar de valorar a sus aliados fundamentales, los pueblos indígenas y el movimiento campesino, alianza que debería ampliarse hacia otros actores populares.