Agua subterránea en Quetzaltenango

Agua subterránea en Quetzaltenango

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06/10/2026 07:54
La Hora
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Resumen Inteligente

El agua subterránea es el agua que está debajo del suelo. Invisible. Se guarda en rocas y en arenas, en recipientes naturales que los hidrogeólogos llaman acuíferos. ¿Y cómo sabemos esto? Se sabe empíricamente por los pozos que se deben perforar para tener acceso a esta agua y que cada vez se deben perforar más […]
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El agua subterránea es el agua que está debajo del suelo. Invisible. Se guarda en rocas y en arenas, en recipientes naturales que los hidrogeólogos llaman acuíferos. ¿Y cómo sabemos esto? Se sabe empíricamente por los pozos que se deben perforar para tener acceso a esta agua y que cada vez se deben perforar más profundamente. Hay datos de quienes perforan pozos y de la misma municipalidad, que guarda datos de los pozos que proveen agua a la Empresa de Aguas de Xelajú: EMAX.

Junto a eso, en Quetzaltenango lo sabemos porque hay estudios científicos. La Maestría en Ciencia y Tecnología del Recurso Hídrico, abierta en el CUNOC en 2008 con fondos de NUFFIC, la cooperación holandesa, produjo el reconocimiento de la zona urbana que hizo Dagoberto Bautista en 2014 y otros estudios. Dos años después, el equipo de Isaac Herrera, de la DIGI de la San Carlos, publicó el estudio de los acuíferos volcánicos del país. Esa es la función de la universidad pública. No los programas patito, de mentira, de las extensiones del usurpador en la rectoría de esta San Carlos cooptada.

Para mirar esa agua hacen falta pozos y sondeo eléctrico. Bautista hizo los sondeos eléctricos en la ciudad. No se mira el acuífero a simple vista. Se infiere. Aparte están los manantiales de Varsovia y Monrovia, aldeas de San Juan Ostuncalco, que le dan agua a Quetzaltenango. Eso tampoco nace del cerro. Es acuífero que descarga. El agua subterránea no está en el núcleo de la Tierra. Sí hay agua en el núcleo de la Tierra como lo hay en los exoplanetas, pero a esa no tenemos acceso (véase mi artículo sobre agua en exoplanetas de ayer 5 de octubre de 2026 aquí en La Hora). Está en las grietas y en los poros de las rocas que pisamos, y por eso no la vemos.

Formar ese depósito tomó miles y millones de años. El valle de Quetzaltenango es el relleno de una caldera vieja. Por eso es, junto con Sololá y el sur de la capital, uno de los tres acuíferos volcánicos grandes del país.

Quetzaltenango no tiene solamente un acuífero sino más bien dos. El de arriba es libre. Pómez del Cuaternario, con lodos de río y suelos enterrados, de cien a ochocientos metros de espesor. El agua está entre diez y cien metros aproximadamente. Los pozos sacan de diez a doscientos ochenta litros por segundo, el rango más alto del país en pómez.

Nosotros en Quetzaltenango dependemos del agua subterránea. La capital, especialmente su parte sur y Antigua también. En América Central, cerca del ochenta por ciento de la gente bebe de acuíferos. Es la reserva de agua dulce que de veras se puede usar. Los glaciares están lejos. El río, aquí, baja sucio y lo ensuciamos cada día más.

Quetzaltenango toma cerca del 70 % de su agua de pozos que penetran estos acuíferos locales. El otro 30 % llega de Monrovia y Varsovia, comprado como nacimiento. Esos nacimientos son descarga de otro acuífero, el de la montaña en la zona de San Juan Oscuntalco. En la práctica, la ciudad depende toda del agua subterránea: setenta de la de abajo de sus casas, treinta de la de quienes viven arriba y muchas veces no tienen agua en la casa.

El valle de Quetzaltenango todavía no está seco. Sin contar Totonicapán se extraen 45.6 millones de metros cúbicos al año y la disponibilidad de los dos acuíferos es de 93.6 millones. Sobran 48 millones, cerca de metro y medio cúbico por segundo. Pero la ciudad no bebe del valle exactamente. Los quetzaltecos tomamos agua de la subcuenca del Sigüilá. Ahí se sacan 18 millones de metros cúbicos al año y la oferta es de 24. De momento no hay sobre extracción, pero tampoco sobra. Con un crecimiento de 2.1 %, la oferta y la demanda se encuentran hacia 2030. Bajar un metro el nivel del acuífero superior suelta unos 41 millones de metros cúbicos. En el inferior, por estar confinado, el mismo metro suelta unos 52 y el nivel no vuelve solo. La lluvia media del área es de apenas 898 milímetros al año, de las más bajas entre los acuíferos volcánicos del país.

Si seguimos abriendo pozos a diestra y siniestra, sellando la ciudad y entregando la recarga a la mina, el problema no va a llegar como noticia. Va a llegar como llega siempre: el pozo más hondo, la bomba más cara, el turno más largo y el manantial cada vez más seco. Para no llegar ahí hacen falta cuidar zonas de recarga y hacerlas intocables y una municipalidad que trate el agua que ensucia para su reúso. Las universidades deben investigar el agua, y sobre todo el agua subterránea. Ese es el camino. Hasta mañana queridos lectores.

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