La Diócesis de San Francisco, California, llegó a un acuerdo para indemnizar a las víctimas de abusos sexuales cometidos por sacerdotes y religiosos, en lo que constituye uno de los más importantes y significativos pasos que se vienen dando durante los últimos meses con la postura clara del Vaticano respecto a ese problema ancestralmente oculto. […]
La Diócesis de San Francisco, California, llegó a un acuerdo para indemnizar a las víctimas de abusos sexuales cometidos por sacerdotes y religiosos, en lo que constituye uno de los más importantes y significativos pasos que se vienen dando durante los últimos meses con la postura clara del Vaticano respecto a ese problema ancestralmente oculto. En efecto, durante años toda la Iglesia cerraba filas para calificar las denuncias de abusos sexuales como parte de una campaña para dañar al catolicismo, y las más altas autoridades “resolvían” las situaciones simplemente trasladando a los religiosos a otras jurisdicciones sin aplicarles ninguna sanción.
Luego de la escandalosa realidad que se vivió en Boston, Massachussets, denunciada con pruebas abundantes por el diario Boston Globe, advirtiendo cómo la jerarquía de esa prestigiosa arquidiócesis negó asistencia a las víctimas y protegió a los abusadores, hubo autoridades religiosas en todo el mundo que afirmaron descaradamente que todo era un invento para perjudicar al catolicismo. Aquí mismo, en Guatemala, vivimos eso con curas reclamando a los medios de comunicación que publicaban lo que estaba pasando en el Norte de América y en todo el mundo, más preocupados por la “imagen” de su iglesia que por el sufrimiento de miles de personas víctimas de esos abusos.
Uno de los cambios significativos y trascendentales del Vaticano luego de la investidura del Papa León XIV es la nueva actitud que tiene la alta jerarquía que está no solo anteponiendo el interés y el resarcimiento a las víctimas, sino a encarar una realidad que por más que fuera enterrada por años no dejó de estar allí, causando tremendo dolor a millones de personas que tuvieron que callar o agachar la cabeza por la negativa del clero eclesiástico a encarar una realidad que en la práctica era inocultable.
El acuerdo de la Arquidiócesis de San Francisco, California, publicado con lujo de detalles por el diario New York Times, viene a abrir una nueva perspectiva porque la solución deja de ser trasladar a los curas a otro lado para que siguieran haciendo sus fechorías. Ahora se acepta una dolorosa situación que es una realidad clara a pesar de los muchos esfuerzos que se hicieron por siglos para, supuestamente, proteger a la Iglesia sin entender que con ello los protegidos realmente eran los abusadores que podían seguir operando sin consecuencias.
No hay problema en la vida que se pueda resolver sin aceptar su existencia y asumir las consecuencias. Y eso es lo que ahora, gracias a la nueva visión del Papa León XIV, está sucediendo y abre la oportunidad de que obispos y superiores de las distintas órdenes, actúen con honestidad y valentía para acabar con una vieja y dolorosa lacra.