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Uso excesivo de WhatsApp: Cómo afecta la salud mental y emocional la saturación de mensajes
¿Se siente agobiado con el uso de WhatsApp? La dinámica de esta red social también podría afectar a nivel emocional.
Cuando la hiperconexión está presente, herramientas como WhatsApp podrían crear ansiedad digital, la preocupación o presión por responder un mensaje o el estar vigilando si alguien está o no conectado.
La psicóloga Claudia Cuyún explica que el contacto con el teléfono y redes sociales como WhatsApp nos atrae por el movimiento, la luz y sonido, tecnología que nos cautiva la mente, “es como un tipo hipnosis que se le hace a nuestro cerebro. Y eso lo que hace es querer volver y volver y volver porque nos mantiene muy atentos con mucha dopamina y queremos regresar a vivir esa experiencia placentera”, dice.
Y se convierte en una adicción, agrega Cuyún, podría quitarnos horas de sueño, horas laborales en las que ya no somos productivos y y hasta castiga nuestras relaciones familiares, sociales y amorosas, dice.
Sumado a lo anterior, Gustavo Barreto Castro, asesor en seguridad corporativa y gestión de riesgos, explica en un artículo que aunque las redes son una herramienta, en el ámbito empresarial, “el exceso de grupos de WhatsApp puede resultar en una mala práctica que afecta la productividad y el bienestar de los empleados”.
Explica que sin una gestión correcta se tienen desde una sobrecarga de información en donde se presentan demasiados mensajes que no son relevantes y que podría afectar la productividad y también están relacionados con estrés y fatiga digital. “El bombardeo de notificaciones crea una presión implícita para estar siempre conectado, lo que puede afectar negativamente el bienestar mental y emocional de los trabajadores”, dice Barreto.
Además el utilizar WhatsApp para la comunicación empresarial también es un riesgo en la seguridad por la confidencialidad de la infrmación.
Los malentendidos del WhatsApp
Un artículo de The Conversation explica que los conflictos en la comunicación son más susceptibles de producirse cuando la interacción no tiene lugar de forma física. Esto se da porque una conversación por este medio como por correo electrónico y otras redes no tiene la amplitud para recibir un mensaje en su totalidad.
“Podemos tratar de suplir los mensajes no verbales con emoticonos y stickers, pero el hecho de poner caritas sonrientes en un mensaje no implica que ese sea realmente nuestro estado de ánimo”, dice el artíclo. Por lo tanto, es más fácil mentir por WhatsApp que en una interacción cara a cara.
También es más fácil que la otra persona interprete de forma incorrecta los mensajes. Incluso en el caso de que estemos viendo su cara, a través de la pantalla no es posible disponer de la riqueza comunicativa que ofrecen los encuentros presenciales.
¿Cómo controlar el uso de WhatsApp?
Cuyún explica que es importante hacer una desintoxicación de redes sociales en general. Dejar el uso excesivo de redes como WhatsApp se hace como una decisión y se trabaja la voluntad.
“El ejercicio de la voluntad, conforme lo vamos practicando disciplinadamente, se vuelve un hábito”, dice la experta. Y las personas pueden ir evaluando cómo se sienten emocionalmente después de dejar las redes, probar un día sin ellas. “Escribir qué sienten es importante, podrían sentir más tranquilidad”, dice Cuyún.
En ese tiempo lejos de las redes podrían hablar más con quienes tienen alrededor, comer con una amiga y/o estar más en contacto con el presente, agrega Cuyún.
A nivel empresarial también se sugiere el aprender buenas prácticas. Se sugiere que los empleados reciban capacitaciones sobre el uso de las herramientas de comunicación, establecer políticas sobre la creación de grupos, definir horarios de comunicación, entre otras soluciones que ofrezca la tecnología.