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El Segundo Mundo
Los países que aspiran futuras potencias están tomando nota de la política exterior de Donald Trump.
El pasado miércoles me encontraba en Antigua Guatemala y, por cuestiones del momento, fui a ver el partido en el estadio Pensativo entre el equipo panzaverde contra el Seattle Sounders, de Estados Unidos, en el marco del torneo que conocemos como Concachampions. Entre las diferentes vallas publicitarias hubo dos que me llamaron la atención: Riyadh Air, que es la segunda línea aérea de Arabia Saudita, pero la línea oficial de la Concacaf, y luego Saudi Armaco, que es la Compañía Petrolera de Arabia Saudita, especializada en petróleo y gas natural y cuyo accionista mayoritario es el Estado o, más específicamente, Mohammed Bin Salman, el príncipe de la corona de Arabia Saudita, formalmente, pero el mandamás de dicho país en la práctica.
Para ser la próxima superpotencia mundial, el conflicto militar es inevitable.
En el 2008, el internacionalista Parag Khanna publicó su gran obra El Segundo Mundo en el que se refería a las potencias emergentes, como en este caso es Arabia Saudita. Khanna identificó dos rutas para alcanzar un posicionamiento geopolítico: la primera la llamó La Ruta de la Seda, cuyos medios son la economía, la sociología y la cultura, lo que suele llamarse el poder blando. La segunda es El Gran Juego, en referencia a la descripción del exasesor de seguridad nacional de Estados Unidos Zbigniew Brzezinski, donde la guerra fría era un gran juego de ajedrez y en esta los medios son el uso de la fuerza militar y nuclear, lo que conocemos como poder duro. Estas dos han sido efectivamente las dos rutas utilizadas para aspirar a ser una potencia o bien una superpotencia.
La primera ruta es la que más ha sido utilizada en los últimos años por países como los Brics, en donde, con la excepción de India, el resto de países —Brasil, Rusia, China y brevemente Sudáfrica— usaron el poder blando para posicionarse como potencias emergentes en el mundo. Brasil y Rusia fueron anfitriones de un mundial de futbol y de Juegos Olímpicos de verano e invierno, respectivamente; China fue anfitriona tanto de Juegos Olímpicos de verano e invierno, y Sudáfrica fue anfitriona del Mundial del 2010. Estos masivos eventos deportivos, son para los países anfitriones, una especie de carta de presentación al mundo como su rol de potencias emergentes y también se perfilan como fuertes agentes económicos, como lo es el caso de China.
En el caso de la ruta del Gran Juego, los Estados Unidos sigue siendo el campeón de los pesos pesados y la única forma de desplazarlo, como dijo John Mearshimer en su obra del 2001 La tragedia de la política de las grandes potencias es retarlo, subirse al ring y derrotarlo. En otras palabras, para ser la próxima superpotencia mundial, el conflicto militar es inevitable. Sin embargo, esta ruta es ineficiente si no se acompaña de ese poder blando, puesto que países como Corea del Norte y Pakistán, que tienen poder nuclear, no están cerca de ser considerados potencias emergentes.
Estos puntos son importantes ante la política exterior de Donald Trump, donde los países del Segundo Mundo están tomando nota de los nuevos límites de lo que se puede y no se debe hacer. El gran riesgo es que la gran mayoría de estas potencias emergentes no son repúblicas democráticas, sino países autoritarios o dictaduras en donde el interés nacional se define de acuerdo con los intereses de su gran líder y no según la voluntad de la población. Entre estas podemos identificar a China, Rusia, Arabia Saudita, Irán y Turquía, mientras que Brasil e India quedan como excepciones de este Segundo Mundo. Ante los cambios mundiales que estamos viviendo, la aplicación de estas rutas será más intensa y habrá que estar atentos sobre qué países lograrán posicionarse como potencias y quiénes se quedarán tendidos en la lona. ¡Feliz domingo!