Martes de decisión ciudadana en EE. UU.
Cualesquiera sean los resultados, será clave la madurez política para aceptarlos.
Desde 1854, el día clave de las elecciones en Estados Unidos es el martes siguiente al primer lunes de noviembre. Fue una decisión del Congreso que unificó la cita de comicios basándose en el final de las cosechas, en una época en que acudir a un centro de votación podía tomar hasta un par de días desde ciertas poblaciones rurales. Este martes 3 de noviembre corresponde la jornada de votación para las elecciones de medio término, en las cuales se definen los 435 escaños del Congreso, un tercio del Senado —33 escaños más dos elecciones especiales para completar dos ausentes, 35 en total— y 36 gobernaturas de estados.
Más de 53 millones de estadounidenses ya habían votado anticipadamente al mediodía de ayer, ya sea presencialmente o por correo, una participación que supera los anteriores comicios intermedios en el 2022. Hay estados que habilitaron el sufragio desde septiembre, y aunque los plazos de envío y contabilización varían, todos cierran mañana. En su segundo término, el presidente Donald Trump ha contado con mayorías republicanas en el Senado —53 a 47— y en el Congreso —218 a 213—.
El partido en el gobierno suele perder algunos escaños en proporción a la percepción ciudadana de su mandato. Los trumpistas de corazón anhelan que esa situación se mantenga y la oposición demócrata busca revertir la cantidad de escaños en las dos cámaras, lo cual podría no ser tan fácil. El descontento por el costo de vida, que se disparó con las repercusiones globales del intento de invasión a Irán, tiene a muchos congresistas republicanos entre la espada y la pared, sobre todo porque no exigieron la aprobación legislativa de dicha guerra. Además, el desgaste causado por la ofensiva antimigrantes indocumentados, que ha ido mucho más allá de personas con delitos.
Las encuestas apuntan a un avance demócrata en varios estados, pero la incógnita es hasta dónde llega el desgaste republicano a los ojos de los electores. Un primer escenario es que los republicanos pierdan la Cámara de Representantes, pero conserven el Senado. Trump enfrentaría mayores obstáculos para aprobar leyes y presupuestos, además de una supervisión más intensa mediante audiencias e investigaciones. Sin embargo, mantendría el respaldo senatorial para impulsar nombramientos presidenciales y judiciales. Un segundo escenario es que los demócratas recuperen ambas cámaras. La oposición tendría mayor capacidad para controlar la agenda legislativa, fiscalizar al Ejecutivo y dificultar la aprobación de nuevas iniciativas. Trump conservaría, entre otras, el poder de veto y sus atribuciones ejecutivas.
En todo caso, los demócratas tampoco desearían ser vistos como proclives a permitir la migración ilegal, argumento que les causó mucho desgaste en el 2024 y que tiene doble filo de cara a los comicios del 2028. Ahora bien, las 36 elecciones para gobernador añaden otra dimensión. Actualmente, los republicanos controlan 26 gobernaciones y los demócratas 24. Entre las contiendas más observadas están Arizona, Georgia, Míchigan, Wisconsin, Nevada, Ohio e Iowa. Los gobernadores tienen influencia directa en políticas estatales de educación, salud, seguridad, administración electoral y colaboración en la aplicación de medidas federales migratorias. Esto último ha sido motivo de debate, sobre todo por las capturas y muertes de ciudadanos estadounidenses en operativos y protestas.
En fin, cualesquiera sean los resultados, será clave la madurez política para aceptarlos, para no invocar supuestas injerencias y, peor aún, sugerir tácitos desacatos, pues, al fin y al cabo, EE. UU. es la democracia más antigua del mundo y debe ser ejemplo.