Editorial

Agentes de PNC arman misterioso enredo

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Agentes de PNC arman misterioso enredo
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Para nadie es un secreto que los buenos ministros que han pasado por Gobernación, se enfrentan a la realidad de siempre: hay agentes, grupos y estructuras en la Policía Nacional Civil (PNC) que operan al margen de la ley, de la mano de oscuras estructuras y, en algunos casos, operando sucios negocios. La pronta captura […]
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Para nadie es un secreto que los buenos ministros que han pasado por Gobernación, se enfrentan a la realidad de siempre: hay agentes, grupos y estructuras en la Policía Nacional Civil (PNC) que operan al margen de la ley, de la mano de oscuras estructuras y, en algunos casos, operando sucios negocios.

La pronta captura de dos personas y el anuncio oficial de que era por el asesinato de Juan Francisco Solórzano Foppa y Gustavo Adolfo Aguilar terminó planteando una cruda realidad sobre el papel de nuestra fuerza pública y enciende muchas luces de alerta respecto a lo que pueda haber detrás de ese terrible crimen. La inmediata detención, anunciada con bombos y platillos, de los hermanos Choc Toz no fue un error inocente, sino un acto con rasgos criminales, pues, según fuentes judiciales, sus captores les plantaron un arma para incriminarlos mientras los verdaderos asesinos pudieron desaparecer tranquilamente.

Una captura de alguien que resulta teniendo falta de mérito es algo que se ha dado en el pasado, en ocasiones porque no tienen nada que ver y otras porque, aun y cuando teniendo responsabilidad, su entorno le sabe llegar a los jueces para lograr la libertad. Pero en este caso hay demasiados hechos alrededor que hacen pensar en algo mucho más serio. Según sus espontáneas declaraciones, a los hermanos Choc les marcaron un alto, identificados y luego liberados para seguir su camino, porque en ese acto no apareció nada que les incriminara. Pero, minutos después, fueron parados de nuevo, apresados y fue entonces cuando “descubrieron el arma”, los esposaron y se hizo la publicación de que eran los supuestos asesinos de Solórzano Foppa y Aguilar, siendo trasladados a la Torre de Tribunales. Los captores fueron escalando en el mando al punto que se hicieron publicaciones de redes sociales, la cúpula de PNC fue informada y confió en lo reportado por sus agentes.

¿Con quién se comunicaron los agentes que los detuvieron inicialmente, qué les dijeron y cuál fue la contraorden que hizo que fueran vueltos a parar con el afán de capturarlos? ¿De dónde salió el arma que fue implantada? Son muchos los asuntos que se deberán investigar seriamente, puesto que pareciera que a alguien le interesaba desviar la atención de las mismas autoridades, de los medios y de la ciudadanía, afirmando que los asesinos habían sido ya capturados. ¿Fue para “lucirse” o fue para facilitar la fuga de los verdaderos criminales que mataron al exfiscal y al judoca en el Campo Marte?

El otro asunto que se debe dilucidar es quién dio la orden y por qué hicieron que los hermanos capturados se cambiaran de ropa. Uno de ellos tenía un suéter del FC Barcelona, camisa blanca abajo y luego apareció con una camisa azul. ¿Por qué?

Con mucho tino, al dar una conferencia de prensa sobre el tremendo crimen y tras las capturas, el Ministro de Gobernación dijo que estaban realizando todas las investigaciones necesarias, no para incriminar a alguien, sino para establecer la verdad. En realidad, eso es lo que ahora deberá hacerse a partir del comportamiento delictivo de agentes que, posiblemente acatando alguna orden de alguien, procedieron a plantar un arma que los hermanos nunca dispararon, según las pruebas que les realizaron, y que tampoco corresponde a las pruebas balísticas hechas en la escena del asesinato y de acuerdo a lo informado por el INACIF.

Hoy la PNC reconoce la necesidad de que sus agentes utilicen cámaras en sus uniformes para evitar que casos como estos se vuelvan a dar en el país. Investigar y buscar a esos agentes es clave porque, en función de lo que hemos visto antes, su vida también puede correr peligro.

La muerte de Juan Francisco Solórzano Foppa no fue un hecho impulsivo, sino una acción bien planificada y ejecutada por esbirros profesionales, de esos que abundan en nuestro país gracias a que nuestro sistema de justicia está para dar impunidad a los miembros del crimen organizado, sean ladrones corruptos, narcotraficantes o pandilleros.

En condiciones normales, los hermanos Choc Toz estuvieran ahora en la cárcel acusados falsamente de un crimen que no cometieron, pero esta vez actuaron tan burdamente que la acusación se desmoronó en la primera audiencia, lo que obliga a reconocer el trabajo de fiscales y juzgadores que conocieron las “pruebas” aportadas por la PNC.

Hay aún mucho camino por recorrer, pero es obvio que se trata de una gran conspiración que nos debe preocupar a todos los ciudadanos y que las autoridades deben dilucidar.

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