Guatemala enfrenta ciberataques cada vez más sofisticados sin un marco legal sólido

Guatemala enfrenta ciberataques cada vez más sofisticados sin un marco legal sólido

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22/03/2026 05:00
Prensa Libre
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Resumen Inteligente

Estructuras criminales evolucionan hacia modelos digitales e híbridos, mientras los informes internacionales ubican al país entre los más expuestos de la región. 

Un cliente en Guatemala recibió una llamada de su supuesto jefe, quien le pidió que realizara un pago urgente a una cuenta específica para cerrar un proyecto. El jefe afirmó que iba camino al aeropuerto y que no podía encargarse personalmente.

El cliente también recibió un correo electrónico de una cuenta comprometida, un mensaje de WhatsApp generado con inteligencia artificial y un mensaje de voz con la voz clonada del jefe. Todo coincidía y el cliente, sin percatarse de que nunca le habían avisado previamente, registró la cuenta y realizó el depósito. Posteriormente se supo que todo había sido creado con inteligencia artificial.

Este incidente llevó a la empresa a implementar nuevas políticas, como la doble validación para pagos y la preferencia por pagar multas antes que efectuar pagos urgentes, además de exigir un aviso previo de 48 horas para todos los pagos. El análisis forense reveló que hubo indicios previos de que alguien estaba revisando cuentas y conocía el comportamiento de los pagos, lo que sugiere que se trató de un ataque sofisticado.

El caso es real y lo narra Erick Sosa, director comercial de GBM y catedrático en tres universidades privadas del país, quien explica cómo ha evolucionado el riesgo de la inteligencia artificial y cómo deben prepararse las empresas.

El avance de la inteligencia artificial facilita ataques multicanal, al sincronizar correos electrónicos, mensajes de WhatsApp y mensajes de voz con información específica, lo que dificulta su detección. Esto complica las validaciones digitales, porque la inteligencia artificial puede clonar voces y videos, lo que hace los ataques más creíbles.

“Ahora los hackers, en lugar de atacar directamente a las empresas, lo hacen a través de las cadenas de suministro. Esto se logra identificando las relaciones de confianza y atacando a proveedores pequeños, para luego afectar a las empresas grandes”, explica Sosa.

Otra modalidad es lo que se conoce como “Shadow AI”, es decir, cuando los empleados utilizan herramientas de inteligencia artificial no aprobadas por la empresa, como ChatGPT, para tareas laborales. Sin embargo, al usar versiones gratuitas se entrega información privada de la empresa a los modelos de inteligencia artificial, que luego pueden ser entrenados con esa información.

“Esto puede ser explotado por la competencia o por atacantes. Un caso famoso fue el de Samsung, donde un programador subió código propietario a ChatGPT, lo que resultó en su despido y en la necesidad de cambiar el código”, relata.

En Guatemala los ataques cibernéticos son cada vez más sofisticados y, además, permanecen invisibilizados por la falta de denuncias formales. A este escenario se suma el desconocimiento ciudadano sobre cómo prevenir fraudes digitales y una estructura legal insuficiente para perseguir y sancionar estos ilícitos, lo que deja vulnerable a la mayoría de la población.

La dimensión del problema se refleja en indicadores internacionales. Según el Global Cybersecurity Index 2024 de la Unión Internacional de Telecomunicaciones, Guatemala obtuvo 39.99 puntos, uno de los puntajes más bajos de la región, en contraste con Costa Rica, que alcanzó 75.07. El índice evaluó cinco pilares estratégicos, de los cuales el eje técnico (3.7) y el legal (6.9) figuran entre los más bajos en capacidades institucionales y normativas.

A nivel regional, el Cyber Insights Report 2024 de Mastercard reportó que los ataques cibernéticos en Guatemala se incrementaron 200% respecto del año anterior, lo que posicionó al país entre los 10 con mayor exposición en Latinoamérica. Los ataques identificados como más frecuentes son el malware y el ransomware (58%), seguidos del denial of service (DoS) (9.9%) y el phishing (6.9%).

Los sectores más afectados son el financiero (19.3%), el industrial (16.8%), el tecnológico (7.9%) y el público (7.8%). Los principales objetivos son la información personal, financiera y corporativa.

Modelos más sofisticados

Los ciberdelincuentes han aprendido a combinar el ransomware tradicional con la accesibilidad de los servicios en la nube. El modelo Ransomware as a Service (RaaS) les ha permitido transformar la extorsión digital en una economía basada en suscripciones.

De acuerdo con el sitio de IBM, en el modelo RaaS los desarrolladores de ransomware crean herramientas robustas de malware y las alquilan a clientes o afiliados, quienes ejecutan los ataques. Los desarrolladores reciben entre el 20% y el 40% de las ganancias, mientras que los afiliados se quedan con el resto.

“Es un modelo que se aplica para grandes objetivos. Los costos son variables en una industria sofisticada y pueden comenzar desde US$10 mil hasta US$1 millón”, explica Arévalo.

Otros informes, como los de Kaspersky, estiman que Guatemala enfrenta 6.4 millones de intentos de phishing al año, el equivalente a 17 mil ataques diarios. Esto consolida este tipo de fraude como uno de los más rentables del cibercrimen, que suele ocurrir en el comercio electrónico.

Sin embargo, no existe una cuantificación consolidada de esta problemática a nivel nacional. La mayoría de datos proviene de proveedores de servicios que reportan únicamente lo que ocurre dentro de sus propias redes. A ello se suma que muchas corporaciones y entidades financieras optan por no presentar denuncias penales, pues priorizan la protección reputacional y resuelven los incidentes con recursos propios.

Esta situación contribuye a la percepción de Guatemala como un entorno atractivo para los ciberdelincuentes. “Por eso es complejo tener estadísticas”, afirma Freddy Arévalo, director de Transformación Tecnológica del Grupo Financiero Bantrab.

Esta limitada información pública también se evidencia en la falta de continuidad de iniciativas independientes como el Observatorio Guatemalteco de Delitos Informáticos (OGDI), que publicó estadísticas hasta el 2024. En ese informe se reportaron 583 alertas en el primer semestre de ese año, principalmente por publicidad falsa, ciberestafas y robo de identidad.

Fenómeno global

A escala global, la ciberdelincuencia representa una problemática significativa para los países. El costo mundial —en pérdidas— se estimó en alrededor de US$10.5 mil millones en el 2025, de acuerdo con el Official Cybercrime Report de Cybersecurity Ventures. Si esto se midiera como un país, el valor económico de esta industria ilícita sería comparable con el tamaño de la tercera economía mundial, detrás de Estados Unidos y China, y superaría incluso el tráfico de drogas. Su crecimiento acelerado ha llevado a catalogarla como un riesgo sistémico y el octavo riesgo global.

En paralelo, el crimen organizado transnacional evoluciona hacia un modelo híbrido en el que convergen la logística física, las infraestructuras digitales y las finanzas descentralizadas. En este contexto, el uso de criptomonedas ha transformado las dinámicas de lavado de dinero y la operatividad criminal en la región. En el 2024 se estimó que el volumen de transacciones ilícitas con criptoactivos alcanzó los US$51.3 mil millones, de acuerdo con el Crypto Crime Report 2025 de Chainalysis.

Robo tecnológico

Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), el cibercrimen se define como “actos ilegales cometidos mediante el uso de tecnologías de la información y la comunicación, particularmente computadoras y redes, para obtener beneficios financieros, robar o manipular información o causar daños a individuos, organizaciones o gobiernos”.

Hoy, estructuras criminales como la MS-13, el Barrio 18 y otras organizaciones han evolucionado a la par de la tecnología, al punto de contar con recursos económicos para contratar expertos en encriptación y telecomunicaciones. Esto les permite efectuar ataques sofisticados mediante el uso de drones, cámaras de videovigilancia, comunicación por radio y redes sociales, entre otros recursos.

Para sus operaciones financieras utilizan criptomonedas enfocadas en la privacidad, como Monero (XMR), diseñadas para transacciones privadas y resistentes a la censura debido a la escasa trazabilidad que ofrecen. También emplean cuentas trampolín que transfieren fondos en cuestión de minutos, lo que dificulta las investigaciones.

Estudios de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito explican que los grandes esquemas de fraude digital funcionan a escala industrial mediante redes que incluyen lavadores de dinero, intermediarios financieros, operadores tecnológicos y proveedores de servicios ilícitos.

“Los delincuentes comunes del crimen organizado se han aliado con expertos tecnológicos. Los ataques son los mismos —extorsiones, secuestro de información—, pero ahora con tecnología, sea con la ayuda de informáticos locales o internacionales que pueden ubicarse en países de Europa del Este, Corea del Norte, China o Brasil”, explica Freddy Arévalo, quien ha asesorado a las autoridades del Ministerio Público, Ministerio de la Defensa, la Policía Nacional Civil (PNC) y la Superintendencia de Bancos (SIB) sobre cómo mejorar su protección.

Por su parte, Armando Monzón, investigador adjunto del Instituto Nacional de Ciberseguridad de Guatemala (Incibe), añade que otro punto vulnerable es la disponibilidad de bases de datos en internet a precios accesibles, donde la información personal de los guatemaltecos resulta de fácil acceso para los ciberdelincuentes.

Falta cultura de denuncia

En los últimos dos años, el Departamento de Investigación de Ciberdelitos e Información Forense de la DEIC/PNC reporta que en el 2024 hubo un total de 2,407 denuncias de diversas tipologías cometidas mediante redes sociales, aplicaciones o servicios de mensajería. En el 2025 aumentaron a 2,741 y, en lo que va del 2026, se registran 298 casos.

Además, se efectuaron cinco operativos, 69 personas consignadas y 96 allanamientos en los dos últimos años.

El entonces viceministro de Tecnología del Ministerio de Gobernación, William Cameros —en funciones al momento de esta entrevista—, indicó que uno de los principales problemas en el país es la falta de denuncias, lo que dificulta determinar la dimensión y tipología de los ciberdelitos.

Indicó en esa oportunidad que esta cartera trabaja en coordinación con el Ministerio Público (MP), a través de la unidad de ciberdelito. Las denuncias son procesadas por la fiscalía y los casos pertinentes se remiten a la unidad para su seguimiento e investigación. Sin embargo, admite que la falta de cultura de denuncia sigue siendo el principal obstáculo, ya que muchas personas sienten vergüenza o temor de exponerse al denunciar.

A pesar de esta falta de denuncias, el Ministerio de Gobernación identifica que las estafas bancarias constituyen el principal riesgo, así como la evolución que han tenido, incluida la suplantación de identidad. Cameros asegura que los adultos mayores son un grupo particularmente afectado.

Desde el Mingob se impulsan dos estrategias clave. La primera es la investigación especializada por parte de la unidad de ciberdelito, en conjunto con cooperación institucional y el fortalecimiento tecnológico de esta dependencia, donde se prepara el lanzamiento de un asistente virtual que atienda las inquietudes de la ciudadanía. La segunda se centra en la prevención, mediante el impulso de un programa de “Cultura Digital”.

Inteligencia estratégica

Desde el Ejecutivo, una de las políticas en seguridad cibernética fue el Acuerdo Gubernativo 200-2021, que creó de forma temporal el Comité Nacional de Seguridad Cibernética (Conciber) por un plazo de cuatro años y cuya vigencia terminó a finales del 2025. En este participaban nueve funcionarios con la función de asesorar al Consejo Nacional de Seguridad a través de la Secretaría de Inteligencia Estratégica del Estado (SIE). Sin embargo, sus decisiones no son vinculantes.

Uno de los asesores admite que, aunque ya no es un acuerdo vigente, continúan reuniéndose para definir el camino a seguir y renovar su mandato. Actualmente, los esfuerzos se encaminan hacia un Plan Nacional de Transformación Digital que dejaría atrás la Estrategia Nacional de Seguridad Cibernética del Ministerio de Gobernación del 2018.

En tanto, la comisionada presidencial de Gobierno Abierto y Electrónico (GAE), ingeniera en electrónica Wendy Miranda, coincide con Cameros en que el Estado aborda esta situación desde la investigación y la educación para la prevención. Asegura que la ciberseguridad es uno de los cuatro ejes habilitadores del Plan Nacional de Transformación Digital, en el cual la GAE participa dentro del plan liderado por la Secretaría correspondiente.

“Actualmente se trabaja en un catálogo de infraestructuras críticas para el funcionamiento seguro del país”, indica.

Sin embargo, reconoce cuatro desafíos para implementar un gobierno digital: la falta de un marco normativo, la alfabetización digital interna en el Estado, el miedo al cambio y la resistencia a que se reduzca la corrupción.

“Hay temor en el personal de que la tecnología reemplace puestos de trabajo o sustituya procesos y, por último, resistencia a que se reduzca la corrupción, pues la tecnología ayuda a transparentar procesos”.

La Fiscalía de Delitos Transnacionales del Ministerio Público no aportó información, a pesar de las solicitudes enviadas a la unidad de prensa y a la Oficina de Acceso a la Información, así como de varias llamadas que no fueron atendidas.

Tampoco se encuentra tipificado algún tipo de delito informático en el Tercer Informe Anual de Gestión, período 2024-2025, dentro del resumen de denuncias por tipo de delito de mayor incidencia y región.

Fortalecer marco legal

La falta de un marco legal sólido se convierte en el talón de Aquiles para el país, puesto que las instituciones no pueden perseguir estos delitos de forma efectiva.

Aunque la Constitución Política de la República garantiza esta protección en un sentido amplio (artículo 24), en materia penal únicamente los artículos 274 —destrucción de registros informáticos—, 294 y 295 —atentado contra los servicios de seguridad pública e interrupción o entorpecimiento de comunicaciones— del Código Penal establecen penas relacionadas con el uso de tecnología.

En el Legislativo hay cuatro iniciativas de ley que hasta el momento no han sido aprobadas o quedaron archivadas. La primera fue la iniciativa 4055, Ley de Delitos Informáticos, propuesta en el 2009, que buscaba sancionar delitos como la pornografía infantil y el terrorismo informático, entre otros.

La segunda es la iniciativa 5254, Ley contra la Ciberdelincuencia, propuesta en el 2017. La tercera es la iniciativa 5601, Ley de Prevención y Protección contra la Ciberdelincuencia, presentada en el 2019, que quedó archivada en el Congreso.

Por último, la iniciativa 6347, Ley de Ciberseguridad, presentada en el 2024 por los diputados Pablo Mendoza Franco, Christian Álvarez y Gustavo Cruz Montoya, recibió dictamen favorable de la Comisión de Seguridad Nacional. Quedó aprobada en primera lectura en septiembre del año pasado.

A pesar de que existe consenso sobre la necesidad de legislar en esta materia, analistas de cuatro tanques de pensamiento alertaron sobre esta iniciativa con fundamentos técnicos y jurídicos. La Mesa de Certeza Jurídica de Guatemala No Se Detiene, la Alianza por un Congreso Eficiente, la Alianza Técnica de Apoyo Legislativo (ATAL) y la firma de abogados Alta ampliaron sobre estos señalamientos en un reportaje publicado por Prensa Libre en septiembre del 2025.

Entre los principales cuestionamientos se mencionan vacíos legales como la militarización de la rectoría en ciberseguridad, la exclusión de actores civiles y sectoriales, un enfoque penal reactivo y no preventivo, así como la falta de transparencia y rendición de cuentas. Por ejemplo, se cuestiona “contemplar que las compras y contrataciones vinculadas a ciberseguridad se realicen bajo reserva con el argumento de proteger la seguridad nacional”. Todo esto genera un impacto negativo en el sector privado y en los derechos fundamentales, coincidieron los analistas.

“Es una debilidad importante, pues esta iniciativa busca fortalecer los vacíos legales, tipificar delitos en el Código Penal y permitiría la adhesión de Guatemala al Convenio de Budapest, la organización mundial más grande en la lucha contra el ciberdelito. Actualmente solo participamos como oyentes en este convenio, y la aprobación de una ley de ciberdelito es un requisito para su adhesión plena”, asegura el viceministro de Gobernación, Cameros.

Arévalo coincide en que la ausencia de legislación local no solo impide la ratificación de tratados internacionales, sino que también convierte al país en un territorio atractivo para los ciberdelitos. Atribuye este escaso avance a un “analfabetismo cibernético” por parte de los legisladores y a un temor derivado del desconocimiento sobre la materia.

Pablo Barrera, director de Estrategia & Seguridad, considera que al buscar una ley tan compleja esta termina por dejar de ser funcional. Recuerda que desde el 2009 han asesorado a diputados sobre estos temas y, hasta la fecha, no se ha logrado aprobar ninguna normativa.

Este vacío legal impide que Guatemala se adhiera al Convenio de Budapest, lo que facilitaría el intercambio de inteligencia y la colaboración internacional en materia de cibercrimen. “Hemos tenido incidentes que involucran servidores en Estados Unidos y no se pudo obtener información por la ausencia de un convenio de cooperación”, lamenta.

Atribuye el rezago en la aprobación de una ley de ciberseguridad a la ignorancia y al analfabetismo legislativo. “Se necesitan diputados que puedan guiar al país hacia el futuro en temas tecnológicos, en vez de discutir asuntos del pasado”, concluye.

Por su parte, en el Organismo Judicial se reportaron únicamente cinco sentencias condenatorias durante el periodo del 2020 al 2025 relacionadas con el delito de manipulación de información a nivel nacional. En detalle, una por manipulación de información (2024) y cuatro por manipulación de información en forma continuada (2022), de acuerdo con la Unidad de Acceso a la Información Pública de dicho organismo.

Bancos se blindan

Ante el vacío normativo, el sistema financiero ha optado por fortalecerse como grupo. Luis Cabrera es el vocero de la Comunidad Bancaria de Ciberseguridad (Bancert), formada en agosto del 2020 y que agrupa a entidades del sistema financiero, además de Neonet, la Cámara de Compensación de Guatemala (ICG), la Superintendencia de Bancos y la Asociación de Bancos de Guatemala (ABG). En total, unos 20 miembros.

Su visión es que al inicio la competencia entre los bancos dificultaba la colaboración; sin embargo, la creciente amenaza de ciberataques los obligó a compartir información, al comprender que en ciberseguridad no se puede competir. De esa manera se estableció un marco de confidencialidad para proteger el secreto bancario.

“Nos percatamos de que las bandas calendarizaban a cada entidad con las mismas técnicas”, explica. Esto llevó a que la ABG instruyera reunir a todos los oficiales de ciberseguridad de cada banco (CISO), donde Cabrera actualmente representa al grupo Bantrab.

Desde su experiencia, han identificado que los ataques de phishing dirigidos a los clientes son los más comunes. Estos buscan engañar a los usuarios para que entreguen información financiera y así obtener acceso mediante enlaces falsos.

“La ingeniería social —persuasión— es la técnica más utilizada”.

En cuanto a cifras, revela que en el 2023 hubo un repunte significativo de casos, con un promedio de entre 400 y 450 reportes mensuales. En el 2025 esta cifra disminuyó a unos 180 reportes mensuales, lo que sugiere un mayor control por parte de los bancos.

“De los montos expuestos, el 86% ha sido recuperado”.

De esa cuenta, la inversión en ciberseguridad en los bancos representa entre el 10% y el 15% del presupuesto de tecnología de cada entidad, con un aumento significativo a partir del 2023. Además, una regulación de la Superintendencia de Bancos (JM 91-2024) impulsó aún más esta inversión.

Confirma que por esa razón el costo de las pólizas de seguridad ha aumentado hasta un 150% entre el 2023 y el 2024, puesto que los riesgos cibernéticos se consideran cada vez más probables. Estas pólizas son institucionales y no cubren ataques individuales como el phishing, aclara.

Fortalecer instituciones

Mientras el crimen organizado adopta tecnología con rapidez, el Estado avanza con lentitud. Los especialistas coinciden en que la respuesta debe ser integral: educación digital desde el nivel primario, fortalecimiento institucional, cooperación regional e internacional y un marco legal sólido.

Ante esto, el viceministro de Gobernación y Tecnología tiene como meta específica fortalecer la unidad de Ciberdelito. Informó que prepara el lanzamiento de un asistente virtual para atender inquietudes de la ciudadanía, además de capacitación constante para los 40 especialistas que operan en este departamento.

Además, impulsa el programa “Cultura Digital” para educar a los guatemaltecos sobre el uso seguro de la tecnología. Destaca la importancia de no proporcionar teléfonos a niños y de analizar la información que se recibe para evitar estafas. Este programa se desarrolla en conjunto con los ministerios de Educación y Cultura.

Por su lado, Monzón plantea propuestas que van desde la educación, mediante la implementación de formación desde el nivel primario. En materia de legislación sugiere crear un marco legal que permita tipificar estos delitos y brindar soporte institucional a los guatemaltecos. Finalmente, propone fortalecer la resiliencia para fomentar la capacidad de adaptación y recuperación ante ciberataques.

En tanto, Sosa recomienda mitigar estos riesgos desde el ámbito personal e institucional. Primero, mediante el uso de versiones pagadas de inteligencia artificial como Copilot, Gemini o ChatGPT, que garantizan que la información de entrenamiento permanece con el usuario y no se utiliza para entrenar el modelo.

“Copilot, por ejemplo, es seguro para usuarios de Office 365 porque accede al Office Graph, por lo que la información permanece dentro del dominio de la empresa”, indica.

Además, enfatiza la importancia del juicio crítico y el escepticismo de los usuarios. Ante mensajes o solicitudes urgentes, especialmente si involucran dinero, es crucial validar la información directamente con la persona involucrada, ya que la inteligencia artificial puede generar deepfakes de voz y video muy realistas.

“La urgencia es una táctica común para bajar las defensas y el juicio crítico de las personas”, advierte.

Cabrera resalta la necesidad de formar profesionales en este campo. “Se estima un déficit global de profesionales, con 1.7 millones de puestos vacantes en Latinoamérica. Ante la escasez de especialistas, los bancos han optado por formar a su propio personal”.

Desafío nacional

La respuesta ante el cibercrimen no solo debe ser tecnológica, sino también estratégica. Uno de estos ejes es el fortalecimiento de las políticas públicas. Cameros informó que se trabaja en una estrategia nacional de ciberseguridad que incluye compartir alertas tempranas, detectar patrones de fraude y establecer una red para bloquear cuentas y contenidos ilícitos.

“Se busca acelerar las investigaciones y fortalecer convenios con cuerpos policiales y acuerdos internacionales, como la red 24/7 del Convenio de Budapest, que procesa solicitudes de información de plataformas como Meta, Google y Telegram”, indica.

Desde la GAE, Miranda considera que se debe avanzar en la interoperabilidad del Estado para proteger datos y simplificar trámites, así como garantizar que la tecnología acompañe la modernización pública mediante un portal único y una identidad digital única.

“Se debe trabajar fuertemente en la gobernanza, pues aunque con tiempo y recursos todo es posible, se necesitan acuerdos para avanzar”, afirma.

En cuanto a la discusión sobre la necesidad de crear una unidad rectora nacional, Arévalo considera que la unión hace la fuerza. “Como parte del sistema financiero, no podemos pretender afrontar el cibercrimen ni como individuos ni como institución. Debe ser un esfuerzo de país y de región para promover agendas legislativas y diplomáticas”, propone.

En tanto, Luis Cabrera mantiene la esperanza en avances puntuales, como que finalmente quedó conformada la Comisión de Asuntos de Seguridad Nacional, liderada por el diputado Jorge Mario Villagrán.

“Esperamos que finalmente se pueda llevar al pleno para la tercera lectura, pero ya vamos tarde”, reconoció.

Este contenido se produce bajo la alianza editorial “No permita que lo estafen”, en conjunto con la Asociación Bancaria de Guatemala, un convenio que busca crear conciencia a los guatemaltecos sobre los peligros de las estafas en línea.

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