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“El Gobierno nos dio la espalda”: a un año del paso de las tormentas Eta e Iota, “pueblos fantasmas” en Izabal claman por ayuda
Pueblos fantasmas, calles en mal estado, puentes a punto de colapsar, pérdidas de empleo, daños en cultivos y personas que aseguran que están en el olvido y que claman desesperadamente por ayuda.
Un de 3 noviembre como hoy, pero del 2020, Izabal era impactada por la tormenta Eta. Luego llegó Iota y hubo localidades devastadas y pérdidas de vidas.
Los expertos declararon que las tormentas fueron las peores de los últimos años y las pérdidas que dejaron aún son incalculables.
Actualmente, las comunidades afectadas aún están intentando recuperarse, pero hay pueblos que parecen fantasmas y muchas familias no se han animado a volver. Las secuelas aún son evidentes en las viviendas, calles y cultivos.
Berta Lidia Mancilla, habitante de Lanquín 2, en Morales, pertenece a una de las pocas familias que se quedaron en el lugar, a pesar del riesgo.
Cuenta que de unas 320 familias con sus viviendas que había en el lugar, unas 20 han vuelto a Lanquín 1 y 2, pero la mayoría de casas están prácticamente abandonadas: el lodo las invadió después de que el agua alcanzó los dos metros de altura.

“Vivimos tristezas porque perdimos todo, nos quedamos sin nada. Cuando nos sacaron de aquí nos fuimos pensando que otro día íbamos a poder regresar, pero no fue así”, dijo la pobladora.
“Cuando regresamos al mes y medio, solo había lodo. No pudimos sacar nada y el agua casi cubrió todas las paredes de las casas”, agregó.
Contó que cuando salieron del lugar eran como las 21 horas y los guardias les indicaron que se tenían que reunir en la escuela local. De ahí los sacaron como a medianoche en tractores y camiones y los llevaron a varios albergues.
“Cuando volvimos sentimos dolor y tristeza, pero al menos estábamos todos bien. Nosotros somos siete y es triste porque uno ya no va a recuperar lo que en años cuesta hacer”, dice.

Los sorprendió el Motagua
Elvira Morales, de la aldea Sebol, contó que su casa es de madera y que las bases ya están podridas. No tienen energía eléctrica y las calles vecinales están destruidas.
Cuenta que cuando se desbordó el río Motagua casi los sorprende dormidos. Les tocó caminar mucho durante la noche hacia un lugar seco.
“Era como la una de la mañana cuando salimos, pero ya se había llenado de agua, a algunos les llegaba a la nuca. Nos fuimos tres meses y cuando volvimos ya encontramos seco”, expresó.
Dijo que, aunque ha recibido algunos víveres del Gobierno, su vivienda está por colapsar y que aún esperan ayuda para la reconstrucción.


Obligados a migrar
Édgar Vásquez, integrante del Consejo Comunitario de Desarrollo de Sebol, dice que están en el olvido y señala el mal estado de las calles. Dice que el Gobierno les ofreció ayuda y a la fecha no ha cumplido.
Agrega que el lugar viven unas 500 familias y muchos de sus integrantes han optado por migrar en forma irregular a Estados Unidos.
“Queremos pedirle al señor alcalde que venga y tome conciencia de la situación que estamos viviendo porque nos han abandonado totalmente”, expresó.
Dijo que los puentes están dañados, que tienen una calamidad completa pues las autoridades solo les han hecho ofrecimientos.
“No hay programas de reactivación económica: acá somos agricultores y no ha habido nada. Prometieron venir y no han venido”, agregó Vásquez, quien dijo que un 10 por ciento de la población ha migrado.

Pérdidas millonarias
Carlos René Pineda, encargado de una de las fincas bananeras en Morales, Izabal, dijo a Prensa Libre y Guatevisión que los daños que sufrieron en pérdidas por las tormentas son millonarios.
Dijo que les tomará al menos 15 años recuperarse, ya que fueron al menos 29 comunidades afectadas por las inundaciones causadas por el Motagua.
“Tuvimos demasiada destrucción en la infraestructura de las fincas y ha habido muchísima gente que se ha quedado sin trabajo. Este año mucha gente migró y hay muchas casas abandonadas”, contó.
Agregó que fueron demasiado los escombros y el lodo que dejaron las tormentas. Resaltó que el cultivo de banano, que ha sido uno de los pilares de la economía regional, quedó diezmado.
De acuerdo con sus cálculos, unas 20 mil familias del área viven del cultivo del banano, cuyos miembros quedaron totalmente sin trabajo a raíz de los fenómenos climáticos.

Aunque poco a poco se van recuperando, muchos ya migraron a EE. UU. por lo que tienen que capacitar al nuevo personal.
Pineda también se quejó de que se ha pedido ayuda a entidades del Gobierno, pero “todo se ha quedado en pláticas, nada más”.
En tanto, René Rossell, propietario de la finca Lanquín, dijo que el Gobierno “les dio la espalda”, y confirmó que los daños fueron millonarios. Dijo que tienen apenas dos meses de haber empezado a producir nuevamente, pero que solo están exportando el 40 por ciento debido a los daños en las plantaciones.
“Fue tan duro el daño que nos hicieron las tormentas que nos quedamos con cero trabajadores, ya que el agua alcanzaba 1.50 metros. Aquí hay 29 comunidades que viven de esta producción”, agregó.

“Cuando se clamó al Gobierno que nos ayudara, las autoridades nos dijeron que esto era de compañías internacionales y que ellos deberían ayudar. Y es mentira. Todo esto es privado, nosotros le vendemos la fruta a las compañías extranjeras y no recibimos el apoyo que necesitamos en su momento”, se quejó.
Advirtió que el riesgo está latente porque no se ha hecho el trabajo de mitigación que se necesita hacer.
“Esperamos que el Gobierno nos haga una visita oficial para que nos pueda ayudar, porque el Motagua siempre lo tenemos con todo el deseo de seguir con el cauce, y tenemos mucha gente que ha nacido acá y que vive de esto”, enfatizó Rossell.

Pobladores y líderes comunitarios advierten de que el río Motagua aún representa un riesgo para las comunidades, por la falta de dragados.