Encaminándonos al futuro, viéndolo desde el retrovisor
Ante el cobarde y vil asesinato de Juan Francisco Solórzano Foppa y Gustavo Adolfo Aguilar Gamarro, no se puede callar. No se puede, no debe imperar la indiferencia. Urdido en los sótanos más retrógrados de los inmuebles de la impunidad, el sábado, a plena luz del día, se consumó el cruel y bestial acto de […]
Ante el cobarde y vil asesinato de Juan Francisco Solórzano Foppa y Gustavo Adolfo Aguilar Gamarro, no se puede callar. No se puede, no debe imperar la indiferencia. Urdido en los sótanos más retrógrados de los inmuebles de la impunidad, el sábado, a plena luz del día, se consumó el cruel y bestial acto de quitar la vida a mansalva a Juan Francisco, cuya principal característica fue atreverse a pensar, a cuestionar, a denunciar a los personajes más nefastos que ha parido esta sociedad que se niega, que le niegan llegar a constituirse en país. Un auténtico país. Según los indicios, Gustavo Adolfo fue una tragedia colateral.
La alevosía y la ventaja son características de los cobardes al consumar sus funestas intenciones de cegar la vida, de intimidar, de acentuar la impunidad y denostar con toda arrogancia cualquier atisbo de decencia. Presurosas, las fuerzas policiales se dieron a consumar una captura. El fiasco esperó tan solo unas horas para ser develado como una burda maniobra de «plantar pruebas».
Nótese también, la muy «pronta y cumplida» justicia, esa que se les niega a otros miles de guatemaltecos. Con ellos, con los hermanos Rigoberto y Daniel Zaqueo Choc Tozla libertad operó, repito, con extraña celeridad. Bien por ellos ante la «falta de mérito». Si la justicia se vuelve a enconchar, se vuelve a aletargar; algo podrido huele alrededor. Pues quizás la «captura» fuera parte del plan para desviar la atención de los verdaderos sicarios y la autoría «intelectual» en ambos crímenes.
¿Y será que hay expediente abierto por parte de la Inspectoría General de la Policía Nacional Civil o la Inspectoría General del Ministerio de Gobernación para esclarecer de dónde aparecieron las armas imputadas a los ahora dejados en libertad? Demandar una investigación acuciosa, científicamente sustentada, no atenta contra la institucionalidad; por el contrario, con esos y otros elementos, la institucionalidad pública se fortalecerá. Juan Francisco y Gustavo Adolfo se merecen al menos esa investigación y así deducir las responsabilidades pertinentes a los autores de su execrable crimen.
Ha de darse a conocer los nombres de los implicados policiales alrededor de este lamentable suceso. Abrir la investigación correspondiente y deducir las responsabilidades del caso. Pedir destituciones no es más que hacerle el juego a quienes idearon la perpetración de estos crímenes.
La administración pública ha estado bajo la mirada de muchos de sus conductores en el pasado reciente, desde la óptica que les ofrece el retrovisor, y hacia ese «futuro» nos han encaminado.
El tema va mucho más allá de la inseguridad, de las extorsiones, de los homicidios no aclarados o quizás sin investigaciones intencionales. Al escenario se suma una «cultura» de complicidad que emana, curiosa y persistentemente, del aparato de justicia y todo su selectivo desempeño.
El «sistema, y con él sus operadores de justicia», tan permeados, tan fáciles de seducir con una ráfaga de miles de quetzales, nos tienen sumidos en la ausencia de certeza jurídica a todo nivel. Y la negación constante de justicia.
La impunidad es la certidumbre del perpetrador de que se puede cometer cualquier delito, como quitarle la vida a un hombre valiente como Juan Francisco Solórzano Foppa y no ser acusado; menos aún oído y vencido en juicio una vez determinada su autoría. Y aquí el llamado «sistema de justicia» tiene una enorme responsabilidad.
Si este crimen queda sin ser resuelto, como tantos otros en el pasado guatemalteco, el «futuro retrógrado» será nuestro presente por mucho tiempo y los promotores del desasosiego habrán alcanzado una meta importante contra la sociedad en su conjunto.
Descansa en paz estimado Juan Francisco Solórzano Foppa. Descansa en paz Gustavo Adolfo Aguilar Gamarro. Que vuestro sacrificio abone el camino de una sociedad verdaderamente democrática, digna y justa para todos.