Un viaje para adentrarse en lo pequeño, la calle, la gente, la comida y la vida diaria de este país milenario cuya presencia aumenta cada día.
Cuando usted lea esta columna, estimado lector, estaré volando hacia China. Es un viaje que desde hace mucho tiempo guardaba en mi bolsón de deseos por cumplir. Me atrae la idea de conocer de cerca un país tan grande, tan antiguo y tan presente hoy en el mundo.
China está por todas partes: en los aparatos que usamos, en objetos de la casa, en oficinas, comercios y mercados, y también en esa marea de automóviles, motos, repuestos y tecnología que, poco a poco, ha ido permeando la vida diaria de casi todos. Y más allá de esa presencia, su peso geopolítico es ya una realidad global.
Si los horarios y el cansancio del viaje me lo permiten, quisiera seguir escribiendo mi columna de los martes desde allá, y de paso invitarlo a acompañarme en esta aventura.
No voy con la pretensión de “entender” China en tres semanas. Sería absurdo. Voy más bien con ojos de viajero, con curiosidad y con ganas de ir contando lo que vea: la gente, la comida, el transporte, las calles, el ritmo de las ciudades y esas pequeñas cosas que a veces dicen más y terminan convirtiéndose en anécdotas.
Viajo con amigos que también tienen interés en vivir esta experiencia. Estaremos pasando por Foshan, Chongqing, Qingdao, Shanghái, Pekín y Guangzhou, antiguamente Cantón, esa gran ciudad del sur que durante siglos fue una de las puertas comerciales de China hacia el mundo.
Iremos con una agenda bastante abierta, para movernos con libertad si algo en el camino nos llama la atención.
Según el Banco Mundial, en las últimas cuatro décadas, China ha sacado de la pobreza extrema a cerca de 800 millones de personas.
Lo que vaya escribiendo aquí no serán análisis cerrados ni verdades definitivas. Serán, más bien, apuntes de viaje, impresiones y pequeños atisbos de un país inmenso, complejo y fascinante, visto desde la experiencia directa, mientras poco a poco se deja descubrir.
Antes de salir he leído un poco, como siempre hace uno cuando se prepara para un viaje así. He visto datos, comentarios e impresiones de todo tipo.
Pero una cosa es leer sobre China y otra muy distinta será caminarla, subirse a sus trenes bala, a sus robotaxis; sentarse a su mesa o simplemente mirar desde un café cómo vive su gente en lo cotidiano.
Y para comenzar a ubicar a China en números, vale la pena tener a mano unas pocas cifras. Es un país de mil 404.9 millones de habitantes y cada vez más urbano: hoy casi el 68% de su población vive en ciudades, cuando en 2000 era apenas 36.2%. También es una sociedad que envejece: alrededor del 15.9% de sus habitantes tiene 65 años o más.
Su economía figura entre las más grandes del mundo. Y hay otro dato que ayuda a entender su fuerza: según el Banco Mundial, en las últimas cuatro décadas, China ha sacado de la pobreza extrema a cerca de 800 millones de personas.
Ahí está parte de la explicación de su peso económico: no solo produce para el mundo, sino que también ha creado un mercado interno enorme.
Con esa idea general de China, de sus dimensiones y de algunos de sus datos más interesantes, iniciamos este periplo que, más que un viaje, busca ser una experiencia para adentrarse en lo pequeño: la calle, la gente, la comida y la vida diaria de este país milenario cuya presencia aumenta cada día.
Hasta la próxima semana, ya desde China.