Tan notable conjunto es obra de una pareja fuera de serie.
La Estación Transparente del Deseo, sugestivo nombre inspirado en la película de Luis Buñuel, Ese oscuro objeto del deseo, es un conjunto arquitectónico con casa unifamiliar e industria, rodeado de arte; riqueza que lo hace un excelso centro cultural privado. Arquitectónica y estructuralmente hablando, literalmente está aferrado a la orilla del barranco Del Carmen, al norte de la ciudad de Guatemala. Quien lo visita, es envuelto por el manto y la magia del bosque de encinos y coníferas que cobija a una rica fauna y flora silvestres; donde el atardecer tiene su propia paleta de colores. Magia ligeramente desdibujada por la fetidez de aguas residuales que la municipalidad no alcanza controlar.
Acto que se llamó Polifonía en Transfiguración: diálogo entre dos artistas contemporáneos, Marlov Barrios y Joaquín Orellana.
Tan notable conjunto es obra de una pareja fuera de serie. Él, Carlos Raúl Montes Segura, es químico farmacéutico; ella, Luisa Fernanda Barrientos, biólogo. Su familia tenía esa propiedad. Se prendaron de ella, decidieron construir su casa en tan inusual lugar y la negociaron favorablemente. En el ejercicio de su profesión crearon las industrias: Alimentos Campestres, dedicada a la deshidratación de vegetales y, concomitante a esta, Laboratorio de Calidad Alimenticia; decisión que condujo a ampliar la casa y, más adelante, formalizar las plantas industriales de varios cientos de metros cuadrados.
Al margen de su formación profesional, Carlos Raúl es un artista con claro manejo de la tercera dimensión, cualidad que le permitió superar el alto grado de dificultad que la verticalidad del terreno plantea para la construcción. El sugestivo nombre del conjunto trajo consigo sumar al colorido de la naturaleza el de murales en mosaico; tarea monumental a cargo de Maralov Barrios, que viene a ser la más grande del país en propiedad privada: “…artista visual guatemalteco cuya obra explora la identidad, la memoria y el contexto social a través de símbolos culturales y urbanos. Su propuesta combina elementos del pasado prehispánico, la historia colonial y la contemporaneidad, creando un lenguaje visual híbrido y crítico”.
El sábado pasado se inauguró el anfiteatro del conjunto en la estación de la flora, la plaza de los eclipses y el mural del inframundo. Acto que se llamó Polifonía en Transfiguración: diálogo entre dos artistas contemporáneos, Marlov Barrios y Joaquín Orellana. Orellana, compositor y músico de vanguardia, reconocido mundialmente por su inquietud en escudriñar los secretos del sonido y su crítica social, pero, sobre todo, por la creación de los “útiles sonoros”, una deconstrucción de la tradicional marimba, instrumento nacional, símbolo de identidad cultural del guatemalteco, así como el uso del bambú, capazones de tortuga y metales, con los que llegó a crear un lenguaje sonoro propio, derivado de los sonidos de la naturaleza; murmullos, gritos y ruidos urbanos del entorno.
El diálogo de la Polifonía en Transfiguración fue intenso y prolífero entre notas musicales, murales, esculturas y mucho color. Se complementó con la obra poética del polifacético maestro Barrios y enriquecido escenográficamente por la coreografía de Ixchel Tribal.
La obra arquitectónica y la integración plástica son resultado de la interpretación atemporal de Carlos Raúl y Marlov, nacida del mestizaje latinoamericano y la amalgama entre el pasado precolombino, la colonia, el período republicano y nuestra contemporaneidad. Contundente realidad que Guatemala se resiste a reconocer, como no sea por el pequeño pero importante mundo del arte y la cultura, cuyas manifestaciones son evidentes, aunque ausentes en el ámbito del poder económico y político, que vive de espaldas a esa realidad.