La historia de K’abel, la reina maya hallada en una tumba real en Petén

La historia de K’abel, la reina maya hallada en una tumba real en Petén

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26/05/2026 09:00
Prensa Libre
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Resumen Inteligente

La historia de K’abel revela el papel político, militar y espiritual de una monarca que defendió Waka’ en tiempos de guerra y expansión territorial.

(Foto Prensa Libre: MCD)

La historia de K’abel, la reina maya hallada en una tumba real en Petén

26 de mayo de 2026

La historia de K’abel revela el papel político, militar y espiritual de una monarca que defendió Waka’ en tiempos de guerra y expansión territorial.

La historia de K’abel revela el papel político, militar y espiritual de una monarca que defendió Waka’ en tiempos de


El sitio arqueológico Perú-Waka’ está ubicado en el Parque Nacional Laguna del Tigre, en Petén. Es considerado un tesoro histórico rodeado de vida silvestre, hogar de majestuosos jaguares, la guacamaya roja y una diversidad de flora y demás fauna. Su nombre se relaciona con el agua y el ciempiés.

En el 2012, una noticia trascendió: arqueólogos del proyecto Perú-Waka’ descubrieron una tumba real donde hallaron la osamenta de una mujer y otros vestigios importantes de la civilización maya.

El hallazgo se hizo en el edificio M13-1 y se trataba de una tumba real. Los primeros datos del análisis de campo establecieron que los restos correspondían a una mujer que podría haber sido una reina.

Según datos, esta ciudad antigua está ubicada en el corazón de una ruta comercial, lo cual justifica por qué fue habitada durante un largo período, desde el Preclásico tardío (400 a. C. —200 d. C.) hasta el Clásico terminal (790—889 d. C.).

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Fiburillas que muestran habitantes del reino de Waka’ encontrados en el entierro 39.

(Foto Prensa Libre: Proyecto Arqueológico Perú Waka’)

El descubrimiento

El Proyecto Arqueológico Regional Perú-Waka’ se ha dedicado durante más de 20 años a la investigación, protección y conservación de los restos tanto culturales como naturales que rodean el Sitio Arqueológico El Perú-Waka’. Este fue un centro dominante e importante en el desarrollo político y militar de las tierras bajas mayas durante los siglos V al X. Ejemplo de ello es que el Dintel 3 del Templo 4 de Tikal declara que el rey Yik’in Chaan K’awiil condujo un evento de “guerra-estrella” del 743 d. C. contra un lugar llamado Yax Ha y que capturó el palanquín de los dioses de B’ahlamTzam, el rey de este Perú. Así describe parte de los más recientes datos de investigación liderados por los arqueólogos Damien Marken, Olivia Navarro-Farr y David Ricardo Del Cid.

Del Cid participó recientemente en una conferencia en el Museo Nacional de Arqueología y Etnología, y comenta que antes del hallazgo del entierro ya existían referencias a K’abel en estelas y representaciones, aunque no se conocía completamente su importancia.

Waka’ contuvo una población densa alrededor de un centro político localizado sobre una elevada escarpa. El Proyecto Arqueológico Regional Waka’ (PAW) considera que esta fue una capital diseñada con propósitos defensivos para repeler cualquier ataque militar directo.

Existe evidencia de la profanación antigua de todos los monumentos esculpidos en el sitio, y la evidencia de destrucción de fachadas de estuco modelado hacen pensar que la urbe sufrió un ataque a manos de Tikal, a la cual sobrevivió, pero dejando huellas de destrucción en todo el sitio.

La existencia del Perú Waka’ se conoce desde mediados de la década de 1960, cuando equipos de exploración petrolera atravesaron el norte y noroeste de Petén, al cubrir el área del río San Pedro Mártir, pasando por el sitio. Los primeros exploradores se movilizaron a través de este afluente a lo largo de la escarpa que circunda el río San Juan, cortaron una brecha sobre la escarpa donde se asienta el sitio, y lo atravesaron por el centro occidental (este camino aún existe).

A pesar de que las regulaciones para las exploraciones petroleras estipulan que debe reportarse a las autoridades guatemaltecas la presencia de cualquier sitio arqueológico que se encuentre, quienes llegaron a Waka’ no lo hicieron, por lo que el sitio siguió siendo desconocido para el mundo hasta la década de 1970.

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K’abel presentada como una guerrera.

(Foto Prensa Libre: Proyecto Arqueológico Perú Waka’)


Los investigadores describen que a principios de dicha década, como parte de las investigaciones de lo que más tarde se convertiría en el proyecto conocido como “Corpus of Maya Hieroglyphic Inscriptions”, de la Universidad de Harvard, Ian Graham visitó y documentó el sitio por primera vez.

Usando la técnica de fotografía y el dibujo de los fragmentos de las estelas que quedaron en El Perú, Graham fue capaz de correlacionar sistemáticamente esta evidencia con los fragmentos saqueados que ya se encontraban en colecciones privadas, identificando así varios monumentos importantes originarios del sitio. Los más impresionantes y mejor preservados que fueron identificados por Graham son la Estela 33, que se encuentra en el Museo de Arte Kimbell en Fort Worth, Texas, y la Estela 34, en exhibición en el Museo de Arte de Cleveland, Ohio.

Desde su exploración inicial, Graham y sus asociados llevaron a cabo cinco expediciones más a El Perú, y realizaron la última en 1997. Durante estas visitas, pudieron trazar un mapa preliminar del sitio y dibujar la mayoría del conjunto de monumentos con inscripciones. El trabajo de Graham constituye la base para el desarrollo de la investigación adicional, gracias a que elaboró el primer plano del centro del sitio, que cubría un total de 0.96 km.

En 1989, Robert Sharer, del Museo Universitario de la Universidad de Pensilvania, presentó una propuesta para la realización de un programa de rescate e investigación arqueológica en la región del río San Pedro Mártir, para dar seguimiento al estudio de los monumentos. Sin embargo, dicha propuesta no fue aprobada por el Instituto de Antropología e Historia de Guatemala (Idaeh), por lo que El Perú quedó a la espera de nuevas investigaciones.

Desde el 2003, el Proyecto Arqueológico El Perú-Waka’, y a partir del 2015, Proyecto Arqueológico Regional Waka’, ha llevado a cabo una serie de intensivas exploraciones arqueológicas, así como un mapeo topográfico completo del sitio, que abarca tanto el epicentro como la periferia; excavaciones de sondeo en plazas, arquitectura monumental y plataformas residenciales. Recientemente, se reactivó la lectura de los monumentos esculpidos y se inició un programa de conservación.

El Perú-Waka’ cuenta actualmente con 65 monumentos de piedra caliza, la mayoría tallada con retratos de reyes y reinas que contienen textos que han permitido conocer la historia dinástica de este importante centro prehispánico. Junto a los estudios epigráficos e iconográficos, desde el 2017 se hace un inventario de daños para propósitos de conservación.

También se documentan los fragmentos y nuevos monumentos que se han descubierto en las investigaciones.

El encuentro con la reina

El arqueólogo David Del Cid, explica que la soberana K’abel poseía el título Ix Kaloomte, un rango reservado normalmente para hombres y asociado con gobernantes guerreros. Esto demuestra que ella no solo fue esposa de un gobernante, sino una lideresa política y militar con autoridad propia.

También describe los objetos encontrados en el entierro: un plato-escudo relacionado con su identidad guerrera, entre ellos, mosaicos de jade, espejos de pirita vinculados con la adivinación, figurillas, conchas, objetos ceremoniales y funerarios. Explica, además, que K’abel estaba relacionada con la diosa de la luna y con prácticas rituales y espirituales.

Algunos investigadores consideran que también pudo haber sido escriba. Del Cid comenta que ahora se conocen detalles como la relación de Perú-Waka’ con Influencia de Teotihuacán sobre el área maya, y explica que existen elementos arqueológicos que muestran conexiones políticas y culturales entre ambos territorios. “La reina K’abel representa un símbolo de liderazgo femenino, maternidad, fuerza y poder para las mujeres actuales”, comenta Del Cid.

En la tumba descubierta, el Entierro 61, la cámara funeraria es de 3.70 metros de longitud este-oeste y 1.70 metros norte-sur. El brazo izquierdo se localizó con la mano sobre el pecho; mientras que el brazo derecho ligeramente flexionado con la mano sobre la pelvis. La persona enterrada aquí se encontraba sobre una banca de piedra estucada en la que se colocó una serie de textiles y plumas, cuya impronta quedó plasmada en la superficie lateral de esta banca. Este hallazgo se denominó Entierro 61.

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Representaciones del rostro de la reina K’abel.

(Foto Prensa Libre: Proyecto Arqueológico Perú Waka’)

Yuknoom Ch’een, al llegar a Waka’ cerca del año 650 d. C., presidió el funeral del rey fallecido y nombró al hijo de este como el nuevo gobernante, con el nombre de K’inich Bahlam II, en honor de un soberano anterior del reino de Waka’. Además, casó a su hija con el joven monarca. Juntos, K’aloomte K’abel y K’inich Bahlam II lograron mantener y defender la región norte del Camino Real de Yuknoom Ch’een a lo largo del siglo VII.

Su reinado marcó una época dorada para Waka’, aunque también estuvo llena de conflictos bélicos e incertidumbre política. K’abel gobernó como una de las más grandes reinas mayas del período Clásico. Fue una formidable guerrera de Waka’ durante las guerras del siglo VII, al proteger la parte noroeste de Petén. Como ya se dijo, ostentaba el título de Guerrera Suprema (K’aloomte), la más alta jerarquía militar, pero también desempeñó un rol vital en la historia de la civilización maya del período Clásico de la región, también como sacerdotisa y escriba. Sus habilidades como escriba reforzaban aún más su rol de profetisa, pues le permitían leer las palabras de sus antepasados, los mensajes de los reyes muertos y escribir sus propias predicciones. Por ello, también poseía una vasija para pintar.

En algún momento entre el 702 y el 711 d. C., K’abel murió y fue enterrada por K’inich Bahlam II en el Santuario de Fuego de Waka’. K’abel aparece representada con su escudo en la Estela 34. La figurilla que la representa en el museo porta un plato dividido en secciones y un objeto en el centro que empleaba para adivinar. Además, llevaba en esa misma mano una tela que podía contener elementos sagrados, como huesos, piedras y joyas, entre otros, que sustentaban su estatus de poder.

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Entrada al sitio arqueológico Perú Waka en Petén. Para llegar al lugar se necesitan por lo menos dos días de viaje.

(Foto Prensa Libre: cortesía Proyecto Arqueológico Perú Waka’)

Más de K’abel

En el 2015 se presentó una investigación llamada El cambio se avizora en Waka’: K’abel, la historia de una reina maya en el entorno sociopolítico y religioso del Clásico tardío en el occidente de Petén, de Juan Carlos Pérez Calderón, Griselda Pérez Robles, David Freidel, Olivia Navarro-Farr y Keith Eppich. Entre los hallazgos describen un plato-escudo encontrado en la tumba de este personaje.

Es un plato rojo y negro sobre naranja de funciones adivinatorias y colocado a manera de escudo sobre el pecho de la reina. Tiene puntos negros en el borde y en el fondo que representan fichas o tokens de adivinación. K’abel aparece representada con su escudo en la Estela 34; sin embargo, en la figurilla del Entierro 39 también está representada con un plato dividido en secciones y un objeto en el centro que empleaba para adivinar. Además, portaba en esa misma mano una tela que podía contener o no elementos sagrados como huesos, piedras y joyas, entre otros, que sustentaban su estatus de poder.

Otra de las curiosidades fueron las conchas spondylus que se localizaron en la sepultura. Una en la zona de su cinturón, que representa la matriz cósmica de la diosa de la luna, tal y como la concha que porta en su representación de la Estela 34, que pende de su cinturón. En esa estela, la reina se encuentra ataviada con el traje de la luna y del dios del maíz, que significa renacimiento, además de los ciclos lunares y el período menstrual de las mujeres como símbolo de fertilidad cada mes. Otra concha se localizó a un costado de su pierna izquierda.

En el centro de su pecho se localizó la Joya Principal, que es una pieza maestra del arte maya. La forman dos piezas: la inferior es el retrato de K’abel como mujer joven portando una diadema o banda en la cabeza, de la cual pende un fleco que la asocia a las representaciones del dios del maíz. La pieza superior es una cuenta tubular tallada que representa a un dios solar con ojos bizcos y dientes de tiburón. Representa, además, el árbol de la vida. “En su conjunto, la Joya Principal representa a la reina convertida en la raíz y sustento del árbol de su reino Waka’ y a su vez renaciendo ella como dios del maíz.

Esta joya es un objeto personal que probablemente la acompañara desde su salida de Calakmul casi 50 años antes, la cual estaba perforada y probablemente se colocaba en una vara de madera para sus rituales de adivinación”, describe la publicación. La reina también estaba acompañada de una máscara de jade integrada por un mosaico de jade, concha y obsidiana y que representa al dios del maíz. Se encontró en el lado izquierdo de su tocado.

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Uno de los platos encontrados en la tumba de K’abel.

(Foto Prensa Libre: cortesía Proyecto Arqueológico Perú Waka’)

Reflexiones

K’abel también fue parte de un reciente conversatorio en el Museo de Arqueología y Etnología, en donde se dio a conocer parte de su importancia en la historia guatemalteca.

En esa ocasión, la artista María Elena Curruchic comentó que el liderazgo maya busca abrir caminos para otras personas y defender a las comunidades. Relaciona ese ejemplo con la reina K’abel, a quien considera una guía y una gran abuela ancestral. “Las mujeres mayas continúan luchando actualmente por preservar la cultura, defender las semillas nativas, cuidar el agua y la tierra”, reflexiona la artista que reconoce el ejemplo de la reina K’abel.

Entre tanto, Carmen Yela, gestora cultural y museógrafa, explica que conocer figuras como K’abel despierta emoción porque demuestra que las mujeres han luchado históricamente, no solo como madres y esposas, sino también como guerreras y lideresas.

Afirma que en las culturas guatemaltecas la maternidad trasciende lo biológico y representa un vínculo espiritual y social entre la sabiduría ancestral y las nuevas generaciones.

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