Transacción o ideología. El péndulo dirá

Transacción o ideología. El péndulo dirá

Oportunistas cederán rápidamente. Persiguen las migajas de la conveniencia.
23/02/2025 00:02
Fuente: Prensa Libre 

Es dinámica la actividad de la colectividad humana. Se mueve y gira; en la historia, muta de una cosa a otra. Si es bien visto hoy lo que ayer no fue, lógico es anticipar que lo que ahora no aceptamos, mañana será el pan de cada día. Las tendencias se esparcen en momentos determinados del tiempo, pero estas suelen obedecer movimientos pendulares. Pronto después toman fuerza inclinaciones hacia precisamente lo contrario; estas, igual serán solo temporales. Lo vemos que sucede entre eras más liberales, permisivas, y otras donde lo que domina es la sujeción conservadora. La gente se preocupa y responde con asombro y alarma. “¿A dónde iremos a parar?, decían atónitas las abuelitas de los sesenta, cuando surgió el movimiento hippie, con toda su permisividad. Quizás imaginaron que el cambio sería progresivo y lineal, que la norma nunca regresaría. Luego vinieron los ochenta, los de Thatcher, Reagan y Juan Pablo II, estableciendo cánones que —otra vez— solo dominaron un tiempo.

Oportunistas cederán rápidamente. Persiguen las migajas de la conveniencia.

Es conveniente guardar en mente el carácter ambivalente de las sociedades en su afinidad con idearios predominantes, tan solo de momentos. Recordar que los idearios, por muy firmes que se sientan, cambiarán. No son permanentes. Y, más bien, notar que habrá un factor —llamémosle— “arquimidesiano” en la respuesta, es decir, que será proporcionalmente contraria al empuje del movimiento que la provocó. El orden mundial de Naciones Unidas solo fue posible como respuesta al auge de los ultra nacionalismos vigentes en la primera parte del siglo XX. La beligerancia anti-woke en el norte solo se explica tras los años de Obama. Aquí, que un pueblo guatemalteco haya votado hacia la izquierda, se explica solo por la repulsión a politiqueros anteriores, que usaron el disfraz del discurso puritano, para esconder sus fechorías.

El escenario político mundial experimenta un momento de inusual incertidumbre. Lo que antes parecía escrito en piedra, ahora, ya no lo está. A lo prístino e incuestionable se le perdió todo respeto. Principios y tradiciones que se consideraron inmaculados —el sistema democrático, el ideal republicano y el orden que buscó la armonía tras las grandes guerras—, ya no lo son. Admitieron mancha y, de hecho, buscan ser revertidos con impresionante impunidad. Cierto puede ser que todo concepto, toda idea, todo orden puede mutar y girar, en esa misma dinámica pendular a la que nos referimos anteriormente. Pero hay algo en los cambios del momento que se ven desde un ángulo distinto. No tanto, quizás, el de las ideas de las cosas. Sino uno, más bien, de las conveniencias e intereses personales de quienes dominan el momento.

Con los cambios en el escenario mundial, ha cobrado relevancia una palabra que me despierta gran suspicacia. Se dice que la política imperante es meramente “transaccional”, opuesta a una forma más ideológica. En otras palabras, un orden actual que busca un destino al que llegaremos por el trato, el convenio y el negocio, y no uno que persigamos con las creencias de dónde definimos que radica un deber ser. Un futuro donde las ideas, los ideales, las convicciones, que cada uno tenemos se deban rendir —sin importar el qué y el por qué— a poderosas conveniencias particulares. A esto se agrega que esas conveniencias son abiertamente privadas; por tanto favorecerán solo a unos, y no persiguen —ni siquiera retóricamente— un bien común. Este es, sin duda, un momento de prueba para los principios que nos han regido. Oportunistas cederán rápidamente. Persiguen las migajas de la conveniencia. Expuestos por siempre quedarán cuando el péndulo regrese, seguramente, con más fuerza aún.