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A ver qué pasa versus hacer que pase
Cada uno de nosotros tiene la opción de ser un testigo pasivo o un protagonista activo en la obra que construimos de nuestras vidas.
Hace 25 años, el Foro Internacional de Emprendedores hizo su debut en Guatemala, en el Irtra de Reu. El tema de aquel año fue Testigos y Protagonistas, una invitación a reflexionar sobre si en nuestras vidas somos meros espectadores o si estamos tomando un rol activo en la construcción de nuestro destino.
En Guatemala es habitual escuchar el dicho “A ver qué pasa”, expresado como una forma de dejar las cosas al azar, en un estado de espera o expectativa sobre lo que el futuro pueda deparar. Este enfoque siempre me ha parecido algo conformista, pues implica una aceptación pasiva de que no tenemos control sobre los acontecimientos. Sin embargo, aunque es cierto que hay situaciones fuera de nuestro control, es crucial reconocer cuándo sí tenemos la capacidad de influir en nuestros caminos y tomar las riendas.
Adoptar una actitud de “hacer que pase” implica ser proactivo y comprometido con la consecución de nuestros objetivos y deseos. No se trata simplemente de desear o esperar, sino de actuar de manera que seamos los arquitectos de nuestro futuro. Esta mentalidad no solo es aplicable en el ámbito personal, sino que es fundamental en el mundo del emprendimiento, donde la iniciativa y la capacidad de dar forma activa a la realidad son esenciales para el éxito. Un ejemplo emblemático de alguien que personificó la actitud de “hacer que pase” es Steve Jobs, cuya filosofía de “doblar la realidad” demostró cómo la determinación y la visión pueden transformar radicalmente las percepciones y las realidades del mercado, llevando a su empresa a alcanzar innovaciones que cambiaron el curso de varias industrias.
Sin embargo, esto no significa que hay que ser rígido con una visión; la capacidad de manejar la incertidumbre mientras se planifica hacia el futuro es una habilidad indispensable en los emprendedores. Según un estudio realizado por McKinsey, las empresas que adaptan rápidamente sus estrategias en respuesta a los cambios del mercado pueden incrementar su rentabilidad en un 30 % en comparación con aquellas que se mantienen rígidas en sus planes iniciales.
“Señor, dame la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, la valentía de cambiar lo que puedo cambiar y la sabiduría para entender la diferencia”.
Esto subraya la importancia de la flexibilidad y la adaptabilidad. Eric Ries, en su libro The Lean Startup, enfatiza cómo los emprendedores exitosos utilizan un enfoque iterativo para el desarrollo de productos, lo que permite adaptaciones rápidas basadas en la retroalimentación real del mercado. Esto es una mezcla positiva entre el “observar qué pasa” con el mercado y adaptar los planes para “hacer que pase” lo que buscamos.
Al reflexionar sobre estos aspectos y cómo influyen en las decisiones que tomamos cada día, es importante recordar la oración de la serenidad, que pide: “Señor, dame la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, la valentía de cambiar lo que puedo cambiar y la sabiduría para entender la diferencia”. Este mantra no solo nos ayuda a identificar dónde podemos tener un impacto en el futuro, sino que también nos brinda paz al aceptar que algunas cosas realmente están fuera de nuestro control.
En conclusión, cada uno de nosotros tiene la opción de ser un testigo pasivo o un protagonista activo en la obra que construimos de nuestras vidas. Asumir la responsabilidad de “hacer que pase”, armados con valentía y sabiduría, es lo que realmente nos permite moldear un destino que no solo es aceptable, sino que es el reflejo de nuestras verdaderas aspiraciones y capacidades. La elección es nuestra: ¿seremos espectadores o protagonistas de nuestras vidas?