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Alan Benchoam: puertas que cobran vida y miradas que cuentan secretos (la vida y tragedia de un fotógrafo guatemalteco)
Su vida no ha sido sencilla, ha pasado por una tragedia, se ha quedado en la quiebra, pero al convertir su cámara fotográfica en un pincel pincel ha transformado sus fotografías en obras únicas.
En la entrada peatonal de la Plaza Etú, en la zona 14 capitalina, aparece una galería con dos espacios. El primero está dedicado a fotografías y al ensamble de rostros, formas e imágenes, compuestos por miles de puertas, y el otro es un santuario de miradas.
Casi cualquier imagen podría ser recreada con las puertas que Alan Benchoam ha encontrado en sus viajes de exploración por Guatemala y el mundo. Las puertas más bellas son las de Huehuetenango —dice sin titubear—, y es que parecen fáciles de reconocer por su colorido único, sus tallados con diferentes figuras y su capacidad de transformar cualquier lugar.
Un solo cuadro del artista podría llevar horas de contemplación para el espectador: cada puerta tiene detalles, como perros frente a ellas, mensajes escritos, el silencio de la historia que representan o aquellas modernas. Cada una es importante.
En 1994 terminó su licenciatura en Psicología y decidió mudarse a Colorado, Estados Unidos, para estudiar fotografía en el Denver Art Institute. En 1998 regresó a Guatemala y abrió su primer estudio de fotografía. En el 2018 realizó su exposición “Esto no es una puerta”, conformada por 21 “collages” de fotos de puertas en relieve.
Llegar a crear sus proyectos, hoy famosos, no ha sido sencillo. El artista ha pasado por crisis personales, económicas y cambios de rumbo que le han dado una sensibilidad especial hacia el mundo que lo rodea.
Sus puertas le han abierto un mundo intenso de proyectos, pero ¿cuáles se le han cerrado?
Me enfrenté al cambio en la fotografía cuando llegó la era digital. Tuve un brote de arteriosclerosis múltiple, empecé a perder la vista, estaba en quiebra y me sentía muy solo. Cuando le dicen a uno “salud, dinero y amor”, yo no tenía ninguna de las tres cosas.
En 2014, comencé a crear puertas en relieve, y eso me ayudó a levantarme. Un viaje a México me abrió la mente y me hizo reconocer que quería mi propia galería. Luego empecé a hacer collages, que comenzaron a ser buscados por las personas, hasta que llegó la pandemia y quebré de nuevo.
¿Dónde ha fotografiado sus puertas y cuántas imágenes ha capturado hasta ahora?
He tomado fotos en Guatemala, México, Cuba, Panamá, Francia, Madrid y Jerusalén, y espero viajar este año a nuevos lugares. No sé con exactitud cuántas puertas he fotografiado. Todos quieren saber ese dato, pero sé que ninguna puerta se repite cuando hago un collage que es impreso en papel acuarela. Me lleva horas armar los proyectos en la computadora. Tengo memoria fotográfica de qué puertas tengo y cuáles no. Sé exactamente qué es lo que necesito, para qué y en dónde. Por eso, trabajo de puerta en puerta y la integración de cada cuadro me toma tanto tiempo.
También ha hecho libros donde comparte más de su arte.
El primero que hice fue dedicado a mis clases de fotografía. También publiqué Pase adelante, puertas de Guatemala y Esencia guatemalteca. En medio de este último libro, pasé por un proceso difícil porque mi hermano se suicidó.
En esta obra fotografié a personas que encontraba en cualquier lugar, y cada una debía decirme algo sobre sí misma. La idea fue inspirada por un proyecto similar que vi en Nueva York. Sin embargo, un par de historias cambiaron mi forma de ver las cosas y me ayudaron en un momento en el que yo aseguraba que no había nada positivo. A través de estas páginas quiero hacer reír, llorar, cuestionar y agradecer.
De puerta en puerta es el nombre de mi último libro, que está lleno de momentos y emociones.

Desde esta experiencia, ¿qué les diría a las familias que pasan por una situación tan difícil?
Siempre habrá momentos duros en la vida y problemas. Mi papá me dijo: “La vida se trata de pasarla lo mejor que se pueda entre problema y problema”.
Cuando falleció mi hermano, me costó mucho, porque cuestioné tantas cosas sobre Dios y pensé: “De esto no puede salir nada bueno, nada”. Sin embargo, después de cuatro meses, al escuchar un par de historias y hablar con psicólogos, agarré el teléfono y empecé a llamar a todas las personas que quería, solo para conversar, reunirnos y compartir.

A raíz de esa pérdida, comencé a reconectarme. Me considero una persona amorosa, pero a partir de entonces, me volví aún más amoroso, y eso fue algo positivo. Aunque duela mucho, hay que entender que, aunque al principio no lo parezca, todo pasa por algo y, de toda tragedia, siempre puede surgir algo bueno.
Al principio de la entrevista mencionó el cambio de la fotografía análoga a la digital. ¿Qué reflexión le dejó?
En De puerta en puerta aparece algo de mi vida, y ahí está plasmada la primera foto que tomé. Era una pared vieja, pero me gustaba su diseño, y así empezó todo.
Creo en la reencarnación, y toda mi obra gira en torno de ella, porque una puerta que para alguien puede estar deshecha y muerta, en mi obra adquiere un nuevo significado, una nueva vida y se convierte en parte de algo que jamás habría imaginado.
@alanbenchoam#alanbenchoam#ventanasalalma♬ Funk It Up – John Etkin-Bell
Tiene dos iris en su dije. ¿A quiénes pertenece?
Es el mío y el de mi esposa, Alejandra.
El proyecto de tomar el iris de las personas y convertirlo en cuadros, dijes y otros detalles toca el corazón siempre, y es un regalo muy emotivo. Ha tenido una aceptación preciosa y la tiene hasta la fecha.

Uno de los más simbólicos que he entregado fue a mi madre, que padecía de demencia y vivía en Israel. Tenía años de no verla, y le llevé el dije con la mitad del ojo de mi hermano y el mío. Ella lo reconoció y, en el momento cercano a su muerte pidió ser enterrada con el dije.

¿Cuál es su proyecto pendiente para este año?
He creado una guitarra que quisiera que sea un diseño para Ricardo Arjona. Integra un collage que sé que tendrá un gran significado para él. Han sido diferentes pruebas para que la guitarra mantenga su sonido fiel. Si no logro que él tenga una de mis guitarras, me cambiaré el apellido.