Cuando se lee un buen libro se olvidan las cargas y las preocupaciones son más ligeras.
“La lectura a todos nos hace inmigrantes, es que nos encuentra lugares en todas partes”. Jean Rhys
Es importante comprender que el hábito de la lectura es algo que debe ser formativo en todos, y mucho mejor si se logra en la etapa de la niñez. Claro está que en ningún momento debe hacerse en modalidad impuesta, sino sabiendo usar el elemento de la curiosidad que todo niño tiene puede llevarlo a gratificar la curiosidad leyendo. Frases como “deberías de leer ese libro. Vieras lo interesante que es, seguro que lo habrás de gozar”, cuando alguien escucha un concepto como esto se motiva y toma interés en la lectura.
El mejor regalo que podemos darle al niño es introducirlo a la romántica aventura de la lectura.
Posiblemente muchos mayores, con muy buena intención, han exigido a sus niños leer un libro y con una imposición tal que cuando el niño está leyendo el libro, se siente como que lo están castigando. Muy diferente es invitar a un niño a leer un libro porque habla de un personaje que él tanto admira, seguramente que se habrá de gozar sabiendo más de él. Esto habrá de gratificarle con la información que encuentre y no sería extraño que en los momentos de convivencia con los suyos habrá de hacer comentarios, los cuales podrán crear un interés en ellos también para leer ese libro. Este concepto bien entendido termina siendo una cadena.
Es muy interesante observar a alguien que tiene un libro en la sala de su casa y si está cómodamente sentado, solo es de observarle el rostro y uno rápidamente podrá concluir cómo está gozando su tiempo, y si pudiéramos describir lo que está pasando en la mente del que está leyendo, es como si estuviera lejos en otro contexto viviendo cada escena de la que el autor está narrando y el agregado es que él es parte de todo lo que se está describiendo en esas páginas que ha leído.
Si nos proponemos orientar a alguien a leer, primero debemos informarnos de sus gustos e intereses y luego preguntarle si ha leído tal libro que tiene la misma línea de sus intereses, no mandarle o decirle que lo lea, porque nosotros por naturaleza no nos gusta cumplir órdenes y mandatos, pero cuando se nos sugiere algo, fácilmente lo podemos tomar en cuenta y luego, seguramente, si la sugerencia era acertada, agradecerle a la persona por la información que nos compartió y que fue de gran valor.
Es maravilloso entender que la costumbre de tomar un libro y sentarnos en un lugar cómodo para leerlo tiene un perfil algo romántico, porque en la lectura nos permitimos expresar nuestros sentimientos que se reflejan en nuestro rostro, al punto de que los que nos conocen y observan casi pueden saber qué tipo de lectura estamos teniendo y de qué se trata, porque nuestro rostro de alguna manera lo está describiendo.
En la vida agitada que la sociedad nos impone, la cual no siempre hemos escogido estar, pero por ser parte del diario vivir tenemos que sobrellevar, debemos planificar el tiempo y el espacio para un tiempo de lectura diaria, para que de alguna manera podamos nutrir nuestra atmósfera y nuestro entorno, con lo cual habremos de reducir el estrés que las obligaciones que tenemos nos generan. Es sorprendente cómo la mente asimila, además procesa y guarda lo que leemos. En ciertos momentos seguramente regresan algunos episodios, los cuales nos permiten sanamente distraernos y descansar.