La magia de los biocombustibles

La magia de los biocombustibles

Patrick Adam es desde hace 8 años el director ejecutivo de la Cámara de Bioetanol de Maíz de Argentina y desde hace 12 años CEO de De Smet Contractors Latinoamérica, empresa dedicada a la ingeniería, provisión y ejecución de proyectos agroindustriales (aceite, azúcar, biodiesel, bioetanol, biogás, cogeneración de energía). Estudió la carrera completa de Economía […]
06/06/2024 08:51
Fuente: La Hora 

Patrick Adam

Patrick Adam es desde hace 8 años el director ejecutivo de la Cámara de Bioetanol de Maíz de Argentina y desde hace 12 años CEO de De Smet Contractors Latinoamérica, empresa dedicada a la ingeniería, provisión y ejecución de proyectos agroindustriales (aceite, azúcar, biodiesel, bioetanol, biogás, cogeneración de energía). Estudió la carrera completa de Economía y Finanzas en la Universidad de París, Panthéon-Sorbonne.

Quince años después de su puesta en marcha, el programa de biocombustibles de Argentina deja un balance excepcional: se invirtieron más de 3,500 millones de dólares para poner en marcha 53 plantas industriales en el interior profundo de Argentina, generando ecosistemas de desarrollo regional que dan empleo en todas las cadenas de valor a más de 140,000 personas.

La fuerza arrolladora de los biocombustibles ha incluso generado un consenso político inusual: gobiernos de izquierda, de centro y de derecha han mantenido y potenciado los programas de biodiésel y de bioetanol, generando así verdaderas políticas de Estado sin las cuales no se habría podido avanzar.

El etanol, por ejemplo, ha permitido promover el cultivo del maíz en regiones alejadas de los puertos (antes prohibitivo por el flete), promovió la rotación de cultivos (preservando la calidad de la tierra) y contribuyó al crecimiento exponencial de la producción del cereal, que pasó de 13 millones de toneladas anuales en 2009 a cerca de 60 millones en la actualidad.

De la mano de un maíz abundante y sustentable, y gracias a la adopción de buenas prácticas agrícolas (siembra directa), la industria del etanol de maíz tuvo un crecimiento vertiginoso, alcanzando una capacidad de producción de 800.00 m3/año, equivalente al 60% de la mezcla obligatoria del 12% con las naftas.

Cabe señalar que, contrariamente a los pronósticos de los especialistas en Fakes News, la introducción del etanol en las gasolinas no tuvo ningún impacto negativo en la flota vehicular, ni en las estaciones de servicio ni en las empresas petroleras mezcladoras. Al contrario, las propiedades detergentes del etanol han permitido a los argentinos tener un aire y motores más limpios.

La magia no se detiene ahí: al separar en su proceso almidones y proteína, el etanol de maíz genera un coproducto de alto valor agregado: los granos destilados solubles (burlanda), fuente proteica de bajo costo, alta digestibilidad y gran aporte energético, devenido en alimento para tambos, producción de ganado y granjas avícolas. Más de 212,000 vacas lecheras y 30,203 bovinos de engorde se alimentan diariamente de burlanda constituyendo polos de desarrollo integrados en las regiones donde se produce etanol de maíz.

En las plantas se purifica también el CO2 del proceso, lo que contribuye a disminuir la huella de carbono del etanol, creando un subproducto renovable y de alto valor destinado a las industrias metalmecánica, minería, extintores y bebidas gaseosas. También se extrae aceite, que se utiliza como insumo para producir biodiésel, para consumo humano (refinado) o como aceite técnico para industrias.

La misma magia se produjo en el más que centenario complejo azucarero, que hoy produce 600,000 m3/año de etanol, generando el 30% de la facturación de los ingenios (que utilizan el bagazo para la generación de energía eléctrica limpia), y en el é, siendo Argentina el tercer exportador mundial con una capacidad instalada de 4 millones de toneladas.

Un informe oficial indica que para cumplir con los acuerdos climáticos, Argentina debe aumentar la mezcla de bioetanol con la gasolina del 12% al 27%, reconociéndolo como una herramienta clave para la descarbonización del transporte, con una reducción de hasta 75% en las emisiones de Gases de Efecto Invernadero respecto de los combustibles contaminantes.

No menos importante es su impacto económico. Gracias al bioetanol, la calidad de las gasolinas ha mejorado en octanaje sustentable, logrando dejar de lado aditivos caros, importados y potencialmente cancerígenos como el MTBE.

Del mismo modo, en un país caracterizado por recurrentes crisis de balance de pagos, el bioetanol contribuye a la soberanía energética, evitando alrededor de 600 millones de dólares de importaciones de gasolinas fósiles por año.

Tanto el biodiesel como el bioetanol han permitido asimismo crecer en la industrialización de sus principales materias primas (caña de azúcar, maíz y soja) y ha crecido la oferta de alimentación animal, promoviendo el desarrollo pecuario.

En países generadores de biomasa, como los de nuestra región, es indudable que los biocombustibles no solo son parte de la solución a la crisis ambiental, sino que es un factor de crecimiento y de soberanía energética. Promover su desarrollo es un deber económico, social y ambiental que ningún gobierno debería omitir.