Vienen a la mente jugadas como la de Lionel Messi al inicio del Mundial. Los árbitros juzgaron que el astro argentino no tuvo la intención de lastimar al punto que la producción ni repitió la jugada en televisión y todo viene a colación porque en el caso del jugador estadounidense Folarin Balogun el juicio fue […]
Vienen a la mente jugadas como la de Lionel Messi al inicio del Mundial. Los árbitros juzgaron que el astro argentino no tuvo la intención de lastimar al punto que la producción ni repitió la jugada en televisión y todo viene a colación porque en el caso del jugador estadounidense Folarin Balogun el juicio fue distinto. Roja excesiva y para muchos injusta, pero roja al final tras revisión en el VAR.
Y ahora, a pedido del presidente Donald Trump, la FIFA y Gianni Infantino inventan nuevo procedimiento de revisión y han revocado la suspensión de un partido para el delantero clave del combinado americano. Al momento de escribir estas líneas conocemos que Bélgica tiene el derecho de impugnar la decisión y siendo un juego que se desarrolla en horas de la noche, quedan momentos para que la zaga continúe.
El mundo vive un nuevo orden Mundial y por lo visto el fútbol no escapa de ello. Por haber recibido tarjeta roja, lo que de acuerdo con todos los reglamentos de ese deporte y específicamente en el artículo 10.5 de esta Copa Mundial y el 66.4 del Código Disciplinario, tiene como consecuencia mínima un partido de suspensión.
Las reacciones de Bélgica y de la misma UEFA son claras porque el cuerpo europeo advierte que se está cruzando una línea roja en el deporte y las reacciones de otras selecciones no se han hecho esperar. Sienten que se está beneficiando el equipo anfitrión por presiones políticas a las que no se había cedido con anterioridad y menos en el desarrollo de un Mundial que tiene tantos ojos de todos los rincones del mundo.
Infantino esgrimió un artículo relacionado con sanciones que se pueden dictar contra estadios o instalaciones donde se producen algunos disturbios, mismas que pueden ser suspendidas por un año como período de prueba para evitar que vuelvan a repetirse; ese artículo no tiene absolutamente nada que ver con las sanciones derivadas de la acumulación de tarjetas o por una simple tarjeta roja que, obligadamente, llevan como consecuencia la suspensión del jugador.
Obviamente en la Copa del Mundo, como en cualquier partido, la fanaticada tiene derecho a mostrar su desacuerdo o satisfacción por una tarjeta roja mostrada de conformidad con los reglamentos y puede haber un amplísimo debate mundial al respecto, pero eso no significa que la Junta Directiva de la Federación Internacional de Fútbol revierta la medida simplemente porque alguien haga la petición vía telefónica al mismo Presidente de la FIFA. Puede haber un amplísimo debate respecto a si una falta merece o no una tarjeta roja y, es más, hasta si una falta debió o no ser pitada por el árbitro de un partido y eso forma parte esencial de la afición existente.
En la redacción se comentó el desacuerdo con la decisión arbitral tras la expulsión de Balogun y sin duda, son millones los que creen que la decisión fue errada, pero de eso a que se hagan revisiones “a la medida” hay un enorme trecho para un deporte y una FIFA que necesitan mandar los mensajes correctos.
Por el bien del deporte, aún y cuando la roja parece haber sido mal aplicada, Balogun no debe jugar. Si juega y modifican la regla de facto, abren la puerta para futuros reclamos a los días de un juego de goles mal aplicados, de penales mal pitados y eso lo que puede provocar es la desnaturalización del deporte rey que ahora tiene a millones enganchados y disfrutando del talento y entrega de jugadores que se machacan para ganar y no quieren levantar la copa por intervenciones de nadie.