Cómo el Mundial del 2026 marcará el fin de la era de figuras como Messi y Cristiano Ronaldo y el ascenso de nuevas estrellas del futbol

Cómo el Mundial del 2026 marcará el fin de la era de figuras como Messi y Cristiano Ronaldo y el ascenso de nuevas estrellas del futbol

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07/06/2026 06:00
Prensa Libre
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Resumen Inteligente

Mientras las selecciones buscan la gloria, millones de aficionados siguen historias personales que convierten a los futbolistas en símbolos capaces de cruzar fronteras.

Hay algo que Pelé, Zidane, Maradona, Cristiano Ronaldo y Lionel Messi tienen en común y que muy pocas figuras poseen, y es que son reconocidos mundialmente, sin importar el idioma, la edad ni la ubicación geográfica de quien los nombra.

El futbol crea mitos y construye héroes, villanos y narrativas capaces de atravesar generaciones enteras. En esa tradición, el equipo termina convirtiéndose en una especie de literatura colectiva en tiempo real, donde el nombre que aparece en la espalda de la camiseta pesa, a veces, más que la propia camiseta.

Eso es exactamente lo que reveló un estudio elaborado por Goo, una plataforma analítica de audiencias que permite comprender el comportamiento y los intereses del público.

Para las audiencias, y según el análisis, la conversación mundialista no gira en torno a las selecciones por sí mismas, sino que se enfoca en las figuras representativas. Los jugadores funcionan como marcas emocionales que arrastran una conversación propia.

Desde la perspectiva de la socióloga y coordinadora académica de la Universidad Rafael Landívar Susana Gómez, la identificación con un jugador trasciende fronteras porque no depende de la geografía, sino de la narrativa.

Un guatemalteco puede no tener ningún vínculo con Argentina y aun así sentir la historia de Messi como propia, porque esta habla de perseverancia, redención y de alguien que esperó décadas para completar lo que parecía imposible.

Por su parte, el historiador y antropólogo social de la Universidad Rafael Landívar Mauricio Chaulón añade que el futbol genera identidad en las personas desde temprana edad, y que ese sentido de pertenencia se desplaza de forma natural hacia las figuras que representan ese deporte en su máxima expresión.

Figuras como Messi o Maradona son recordadas incluso más allá de sus selecciones. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

El fin de una era

En el estudio, el argentino Lionel Messi encabeza la lista de interacciones en redes sociales en el período comprendido entre el 1 de abril y 25 de mayo últimos.

Su conversación está marcada por la nostalgia y el reconocimiento a una carrera que ya forma parte de la historia del futbol. En el análisis define a la afición del jugador como “una hinchada emocional, nostálgica y contemplativa”.

La audiencia en redes sociales se siente afortunada de haber presenciado la era de Messi. Quienes tuvieron la oportunidad de verlo desde su debut se muestran nostálgicos porque su legado pasará a la historia, mientras que quienes se fueron sumando en el camino expresan sentirse afortunados de haberlo visto jugar.

La dimensión del fenómeno se aprecia en otro dato del mismo estudio: alrededor del 80% de la conversación relacionada con Argentina está vinculada directamente con Messi. El equipo aparece asociado a la figura de su estrella, y no al revés.

Para Chaulón, eso responde a una lógica profunda. Messi puede ser el mejor jugador de los últimos 20 años, dice, pero su figura también está construida a partir de lo que el sistema decide destacar. Sin embargo, “sin los jugadores que lo rodean, Messi no podría ser Messi”, advierte. Y, aun así, la narrativa dominante lo convierte en el protagonista absoluto, porque es la que “vende mejor”.

En Guatemala, ese efecto se multiplica. Sin una selección propia con la cual identificarse en el Mundial, los aficionados guatemaltecos adoptan figuras y equipos como sustitutos de esa identidad ausente. “Nos tenemos que apropiar de esos grandes referentes que no tenemos acá”, señala el antropólogo.

Lionel Messi Cristiano Ronaldo
Lionel Messi y Cristiano Ronaldo tuvieron su debut mundialista en Alemania 2006. (Foto Prensa Libre: FIFA)

Cristiano Ronaldo, por su parte, despierta una dinámica radicalmente distinta. La conversación sobre él no es contemplativa, sino un debate activo sobre su vigencia.

Para sus seguidores, representa ambición y mentalidad ganadora; según sus críticos, es una figura que ya no debería ocupar el centro de atención. Esa tensión permanente, esa fricción entre dos bandos que no ceden, es lo que mantiene su nombre entre los más comentados.

El estudio la denomina “la afición del aguante”: lealtad pura y resistencia. “Todavía manda”. “Todavía no lo descarten”.

Gómez señala que Cristiano Ronaldo representa, además, un caso particular de construcción mediática. A diferencia de Messi, cuya figura se construye desde el juego puro, Cristiano también proyecta estándares de belleza que el sistema dominante ha instalado: la disciplina física extrema, el cuerpo como proyecto y una imagen cuidada en cada aparición pública.

“Lo ven comprando en el supermercado, lo ven con sus hijos, lo ven haciendo rutinas de ejercicio. Las redes permiten esa aparente cercanía a la intimidad del futbolista”, dice la socióloga.

Ya no es solo el que juega, es el que dona, el carismático y que tiene un estilo de vida que muchos aspiran a imitar, aunque sea parcialmente, mediante su marca de ropa o su corte de cabello.

Otro de los jugadores que ocupan gran parte de la conversación es el brasileño Neymar da Silva Santos Júnior. Sin embargo, para las audiencias representa una “historia inconclusa”.

El estudio describe a sus seguidores como “la afición del qué hubiera pasado si…”, una hinchada romántica y sufrida que cree en el talento puro, aunque todo a su alrededor parezca inestable. “Si no se hubiera lesionado”, “Si hubiera sido más disciplinado”, se lee.

Para muchos aficionados guatemaltecos, Neymar es el personaje de la redención: el jugador al que quieren ver protagonizar una última gran actuación.

Neymar continúa representando la promesa inconclusa de un talento que muchos aficionados todavía esperan ver brillar una vez más. (Foto Prensa Libre: EFE/ André Coelho)

Relevo generacional

Si los tres primeros representan el cierre de una época, los siguientes nombres del estudio apuntan en la dirección contraria.

El francés Kylian Mbappé encarna la amenaza deportiva en estado puro. La conversación sobre su figura gira en torno a su capacidad para decidir partidos, su velocidad y su liderazgo.

El estudio denomina a sus seguidores “la afición competitiva”. Quienes siguen al jugador lo definen como alguien que resuelve, que corre y puede convertir un partido cerrado en una tragedia para el rival.

Vinícius Jr. ocasiona el debate más polarizado entre todos los jugadores analizados. El delantero brasileño despierta admiración y rechazo en proporciones similares. El estudio describe a sus seguidores como “la afición de la fricción”: combativa, reactiva y sin puntos medios.

“Con Vinícius no hay punto medio: o lo defendés con el alma o lo querés ver fallar”, resume la voz de sus seguidores en redes sociales.

Su capacidad para movilizar conversación, incluso cuando esta es negativa, lo convierte en uno de los activos más potentes del torneo en términos de atención digital.

La tendencia confirma que el Mundial del 2026 también será un escenario de transición generacional. Mientras Messi, Cristiano Ronaldo y Neymar representan el cierre de una época que dominó el futbol durante los últimos 20 años, Mbappé y Vinícius Jr. encarnan el presente y el futuro.

El relevo inmediato recae en otro grupo de jóvenes que ya son protagonistas de este deporte.

Kylian Mbappé encarna la nueva generación de líderes capaces de transformar un partido y marcar el rumbo del fútbol moderno. (Foto Prensa Libre: EFE/EPA/ADAM RICHINS)

Los nuevos rostros

En la Copa del Mundo 2026 debutará el español Lamine Yamal, quien también forma parte de la conversación en redes sociales sobre el relevo generacional y los nuevos rostros del futbol.

Sin embargo, curiosamente, la conversación en torno a Yamal se extiende más allá de su rendimiento deportivo. También gira alrededor de las expectativas sobre el jugador y de la sobrexposición de su vida privada.

En redes sociales, su figura funciona como un campo de batalla entre quienes ven en él al próximo “gran crack” y quienes rechazan la velocidad con la que se le está coronando: “Es el futuro”, “Lo están inflando”, “Déjenlo crecer”, “Ya lo comparan demasiado”.

La hinchada de Lamine, según el estudio, es la de quienes quieren decir: “Yo lo vi antes que todos”.

Otro de los nuevos rostros más mencionados en redes sociales es el inglés Jude Bellingham. La conversación gira en torno a su validación y el estatus. Es un jugador al que la audiencia observa con expectativa para determinar si puede confirmar, en un torneo de selecciones, el nivel que ya demostró en clubes.

Por último, Pedri y Gavi, ambos vinculados con la selección de España, completan el panorama desde perspectivas distintas.

Pedri activa una conversación centrada en el talento técnico y el control. Su hinchada es silenciosa y contemplativa, más inclinada al consumo de contenido que a hacer ruido en redes sociales.

Gavi, en cambio, despierta intensidad y pasión. Su afición lo valora por su entrega y carácter competitivo. “Gavi no entra a jugar un partido, entra a declararle la guerra al mediocampo”, sintetiza el estudio.

Ambos aparecen también como parte de la conversación sobre España, una selección que el análisis de Goo describe como altamente presente, pero “contaminada” por el ruido del clásico Real Madrid-Barcelona.

Por qué Guatemala sigue figuras ajenas

Hay una pregunta que surge inevitablemente cuando se analiza este fenómeno desde Guatemala: ¿por qué un país que ni siquiera clasifica al Mundial genera tanta expectativa por el torneo?

La respuesta está en lo que Gómez llama la “desterritorialización de la identidad”. En Guatemala, el futbol nacional no produce ese espejo aspiracional que sí generan las figuras internacionales.

Los jugadores locales, con excepciones históricas, no han dejado esa huella de identidad en los jóvenes. “No hay ese espejo aspiracionista en torno a ciertos jugadores de acá”, dice la socióloga.

Desde la Antropología, Chaulón afirma: “Tenemos en ese inconsciente colectivo la derrota asegurada, aunque estemos pensando en la victoria. Entonces ya tenemos prácticamente la inclinación hacia otra selección”.

El vacío identitario se llena con figuras prestadas que, paradójicamente, se sienten propias.

Los guatemaltecos comentan, consumen y se identifican con estrellas internacionales, pero también adoptan equipos por historia, jugadores o cercanía cultural.

Gómez cierra con una cita del escritor uruguayo Eduardo Galeano que resume el fondo de todo esto: “La historia del futbol es un triste viaje del placer al deber. A medida que el deporte se ha hecho industria, ha ido desterrando la belleza que nace de la alegría de jugar porque sí”.

En ese viaje, los jugadores dejaron de ser personas para convertirse en símbolos. Y los símbolos, a diferencia de los equipos, no necesitan pasaporte ni bandera para cruzar fronteras.

Aunque ya haya figuras presentes, jugadores emergentes y otros ya posicionados, quizás la nueva estrella del futbol aún no ha sido descubierta. Puede que todavía juegue en las canchas argentinas, en las favelas brasileñas o, incluso, en las calles guatemaltecas.

La nostalgia se ha convertido en una de las emociones dominantes en la conversación digital alrededor del Mundial 2026. Mural con la imagen de Diego Maradona y Pelé, en la Avenida Paulista de Sao Paulo (Brasil). (Foto Prensa Libre: EFE)
Ficha técnica del estudio estudio efectuado por Goo, una plataforma de analítica de audiencias que permite comprender el comportamiento y los intereses del público.

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