¿Y si todo sale bien?

¿Y si todo sale bien?

Es fundamental intentar ver las cosas desde otra perspectiva.
22/01/2025 00:00
Fuente: Prensa Libre 

Cuando tenemos un proyecto, una idea, un sueño, es común imaginar todos los resultados posibles, incluso los peores. Es parte de nuestro instinto humano de supervivencia, que nos obliga a considerar todas las posibilidades. Automáticamente nos preguntamos: ¿Qué es lo peor que puede pasar? Nuestra mente nos dará una lista interminable de factores que podrían influir en el fracaso de nuestras metas. Pero, ¿qué sucede si cambiamos la pregunta?

Quiero que te quedes con esto: “Cambiar las preguntas nos hace cambiar las respuestas”.

En la ventana de un restaurante encontré esta pregunta: ¿Y si todo sale bien? Mi mente, al igual que la tuya, comenzó a divagar en esta idea. Vinieron muchos pensamientos: cosas que me encantaría hacer en el futuro y hasta proyectos que no salieron del todo bien en el pasado. Me preguntaba: ¿Qué habría sucedido si hubiera hecho las cosas de manera diferente? Si hubiéramos diseñado esto de otra forma, si hubiera insistido un poco más o buscado más maneras de hacerlo funcionar, probablemente hoy sería una realidad. Es fundamental intentar ver las cosas desde otra perspectiva.

Quiero que te quedes con esto: “Cambiar las preguntas nos hace cambiar las respuestas”. Durante años me repetí que no era un buen deportista, pero al reflexionar me di cuenta de que llevaba años practicando natación y usaba la bicicleta para ir a la universidad. Cambiar mi narrativa de “no soy un buen deportista” a “no he sido un buen deportista” me permitió ver el potencial de cambio y crecimiento. ¡Claro que era un deportista! Solo que no lograba verlo; tenía una venda que yo mismo había atado. No lo había sido en los últimos años, ese era mi pasado, pero no había razón para que ese fuera mi futuro. Decirme constantemente que no era deportista me obligaba a aceptar esto como una sentencia. Cambiar la frase traía consigo la posibilidad de serlo algún día, por sí misma, la oportunidad de cambiar.

En la película El jorobado de Notre Dame, las gárgolas de la catedral intentan convencer a Quasimodo de salir al fin de la torre y bajar al festival en el pueblo. Le dicen: “La vida no es un deporte de mirones: si pasas el tiempo observando, verás tu vida pasar y tú te quedarás atrás”. No tengo idea de cuántas cosas buenas has dejado pasar por miedo al resultado, pero sí puedo decirte que marcar un antes y un después en la línea del tiempo de tu vida es una decisión personal. Tenemos un llamado a la acción, personal y colectiva, para dejar marca, pero de verdad. Es fácil dejar huellas en la arena, pero nadie marca en arena algo que en verdad valga la pena. Escribir la historia de Guatemala nos toca a nosotros y requiere piedra y cincel.

Hoy me pregunto: ¿Qué es lo mejor que puede pasar? Si los guatemaltecos nos decidimos a trabajar juntos para combatir nuestros grandes retos, como la desnutrición crónica, la contaminación del agua y la forma en la que nos movemos. Si nos decidimos a construir un mejor país, si dejamos de ser espectadores y nos convertimos en protagonistas y arquitectos de nuestro propio destino. Tenemos la evidencia de lo mucho que podemos lograr cuando trabajamos juntos, cuando activamos la inteligencia personal y la convertimos en inteligencia colectiva.

¿Qué pasaría si, en lugar de dar razones por las que algo no funciona, empezamos a buscar el cómo sí hacerlo funcionar? ¿Qué tal si logramos construir un país para todos, donde cumplimos nuestras obligaciones y así exigimos nuestros derechos? ¿Qué tal si evolucionamos para hacer de este el país donde queremos vivir: seguro, con nuevas formas de movilidad, sin desnutrición? ¿Qué tal si lo intentamos? Si dejamos de poner excusas y empezamos a buscar respuestas. ¿Qué tal? ¿Y si todo sale bien?