Guatemala, patas arriba y el mundo también

Guatemala, patas arriba y el mundo también

Sin embargo, y guardando las distancias, vemos que en todas partes las cosas también van mal.
08/03/2025 00:02
Fuente: Prensa Libre 

Por razones circunstanciales, “el uso de razón” me llegó el año en que la oligarquía chapina abortó el progresista, más incómodo ensayo democrático de la Revolución de octubre de 1944, que introdujo innovaciones sociales, políticas y económicas tendentes a poner fin al régimen feudal prevaleciente en el que se instituyó el nuevo orden, cuando la Capitanía General del Reino de Guatemala declaró su independencia de España en 1821 y proclamó la República en 1847; por eso, tengo conciencia del golpe de Estado fraguado en 1954.

Aquella vejación de efectos continentales, en contubernio con el gobierno de EE. UU., usó el comunismo como pretexto; figura que resultó efectiva y que localmente los encomenderos siguen usando como anacrónico emblema en la defensa de su finca. Los gobiernos que se sucedieron, con pocas semanas de intervalo, generaron un clima de inseguridad que llegó a establecerse como manera de gobernar. Esa situación prevaleció hasta 1960, cuando jóvenes oficiales del ejército formados con los valores tradicionales de honor, servicio y amor a la patria, se rebelaron y empezó la guerra interna por restituir la gobernabilidad, derechos elementales y desarrollo en una sociedad capitalista, que se prolongó hasta la firma de las Acuerdos de Paz, en 1996.

Para tres generaciones desarrolladas en esos 70 años, una Guatemala así, patas arriba, puede parecer normal.

Entre 1954 y 2024 hubo gobernantes buenos, regulares malos y peores quienes, cosa curiosa, pueden ser calificados en valores descendentes en el tiempo. Los buenos y regulares, que han sido los menos, debieron soportar el asedio constante de los mismos ya mencionados y por las mismas razones, por lo que los resultados, en términos de desarrollo, bienestar, salud, educación, infraestructura y vivienda fueron modestos. Los malos y los peores entendieron que su llegada al cargo implicaba dejar hacer lo que a los dueños de la finca conviniera, a cambio de enriquecerse del erario, sobre todo, de la obra pública contratada, cuya calidad era lo de menos, en tanto su valor satisficiera el grado de ambición de cuantos la debían aprobar.

Para que esa estrategia funcionara al grado de refinamiento que lo hace, la estructura coordinadora debió asegurarse el control de los tres poderes del Estado. Control que se fracturó en el proceso electoral de 2023, que llevó a presidir el Organismo Ejecutivo al actual mandatario, quien siempre estuvo fuera del esquema… por lo que, al no tener control de los otros dos poderes y deber arrastrar un subterráneo lastre administrativo, es poco lo que hasta ahora ha podido hacer, pues quien gobierna es la campante corrupción de mil rostros, que responde a un omnipresente titiritero.

Para tres generaciones y fracción desarrolladas en esos 70 años, una Guatemala así, patas arriba, puede parecer normal, pero ¡qué va, no es así! Son 70 años de atraso en los que el analfabetismo, lejos de disminuir, aumenta en proporción directa al crecimiento natural de la población, tara que nos coloca en los últimos lugares de desarrollo mundial, junto a otros males y vergonzosas deficiencias.

Sin embargo, y guardando las distancias, vemos que en todas partes las cosas también van mal. Líderes mundiales se disputan las riquezas del planeta al tenor de su poder económico, militar y político, haciendo gala de la misma ignorancia y desfachatez de nuestros encomenderos. La diferencia es que aquellos son arios y hablan inglés; son extremadamente más ricos y sus ambiciones, inconmensurables.

Puestas así las cosas, con el afán de no hacerme mala sangre y poder dormir bien, aplico el viejo refrán: Mal de muchos, consuelo de tontos. Let’s make America great again.