Cómo surgió la tendencia de creación de imágenes al estilo de Studio Ghibli y cuál es la polémica que ha generado

Cómo surgió la tendencia de creación de imágenes al estilo de Studio Ghibli y cuál es la polémica que ha generado

¿Homenaje artístico o violación de derechos de autor? Conozca el origen de esta tendencia que ha generado debate en redes sociales.
28/03/2025 21:02
Fuente: Prensa Libre 

Hace unos días, la empresa OpenAI lanzó una nueva actualización de imágenes en ChatGPT, en la que, según su director ejecutivo, Sam Altman, “es una tecnología/producto increíble”.

Los usuarios notaron que, con esta actualización, ChatGPT permitía generar imágenes con estilos de diferentes estudios de animación, entre ellos —y el más popular— Studio Ghibli.

La curiosidad de muchos los llevó a probar esta opción y, desde entonces, las redes sociales comenzaron a inundarse de fotos convertidas en ilustraciones al estilo de Mi vecino Totoro o El viaje de Chihiro.

Sin embargo, esta opción, además de desatar una ola de creatividad en redes sociales, también creó un debate sobre los límites de la inteligencia artificial (IA) frente a la propiedad intelectual.

La tendencia se volvió tan viral que el mismo Altman y algunos miembros del equipo de OpenAI cambiaron su foto de perfil en la red social X por una versión estilo Ghibli de ellos mismos.

¿Cómo funcionaba la creación de las imágenes?

Quienes lograron usar la herramienta antes de las restricciones seguían estos pasos:

  • Los usuarios accedían a ChatGPT.
  • Cargaban una foto propia o incluso sacada de internet (preferiblemente con rostros visibles y buena iluminación).
  • Brindaban una instrucción simple, como “convierte esta fotografía al estilo de Studio Ghibli”.
  • Recibían una imagen con estética anime, colores vibrantes y rostros caricaturescos.

Aun así, la plataforma no siempre obedecía: en algunos casos, rechazaba pedidos que incluían referencias directas al estudio.

Poco después, algunos usuarios comenzaron a recibir mensajes de error al intentar replicar el estilo, con advertencias sobre derechos de autor. Aunque OpenAI no ha confirmado un bloqueo explícito, la medida parece responder a la delgada línea entre la inspiración y la apropiación de un sello artístico protegido.

Sin embargo, las personas aprovecharon esta función para recrear memes o versiones animadas de momentos históricos, hacer homenajes o simplemente convertir una de sus fotografías con este estilo.

El dilema legal: ¿puede una IA imitar un estilo artístico?

Hace algunos años, Hayao Miyazaki, director de Studio Ghibli, en el documental Hayao Miyazaki: The One Who Never Ends, calificó el arte generado por algoritmos como “una ofensa a la vida misma”, defendiendo el trabajo artesanal y la autenticidad en la animación.

Miyazaki ha rechazado públicamente la IA y, en ese momento, expresó: “Quien sea que cree esto —arte generado con IA— no tiene ni idea del dolor ni de nada. Estoy profundamente repugnado. Si de verdad quieren hacer cosas asquerosas, sigan con ello. Nunca querría incorporar este tipo de tecnología en mi trabajo. Siento profundamente que esto es un insulto a la vida misma”. Por esta razón, la compañía prohíbe imitar estilos de artistas vivos.

Sin embargo, entre los conflictos que podría generar la creación de este tipo de imágenes, se encuentran:

  • Derechos de autor: aunque un “estilo” no puede protegerse legalmente, elementos específicos (como personajes de Ghibli) sí están registrados.
  • Ética creativa: entre los debates ha surgido el cuestionamiento de si es justo que una IA replique técnicas de artistas que dedicaron décadas a perfeccionarlas.
  • Consentimiento: los modelos de IA se entrenan con millones de imágenes, muchas sin permiso de sus creadores.

¿Qué dice OpenAI sobre el tema?

La empresa ha aclarado que sus herramientas no deben usarse para infringir derechos de autor, pero evita mencionar casos concretos como Ghibli. Joanne Jang, una de las jefas del modelo de comportamiento de la empresa, compartió un comunicado en sus redes sociales, que fue reposteado por la cuenta oficial de OpenAI.

En dicho comunicado, expresó: “Los empleados del laboratorio de IA no deben ser los árbitros de lo que la gente debe y no debe crear. Siempre nos sentimos humildes después del lanzamiento, al descubrir casos de uso que nunca imaginamos, o incluso casos que parecen tan obvios en retrospectiva, pero que no se nos ocurrieron desde nuestras limitadas perspectivas”.

Jang finalizó el texto diciendo: “El futuro se construye con imaginación y aventura. Mientras seguimos investigando y aprendiendo de la sociedad, creemos que podemos seguir encontrando formas de aumentar responsablemente la libertad de los usuarios. Cuando nuestras políticas evolucionen (¡no si evolucionan!), actualizarlas en función de los comentarios del mundo real no es un fracaso; ese es el objetivo de la implantación iterativa”. Además, alentó a los usuarios a seguir compartiendo sus comentarios y creaciones.

Mientras tanto, la polémica refleja un choque cultural: por un lado, están quienes celebran la democratización del arte; por otro, quienes ven en la IA una amenaza a la originalidad. Lo cierto es que, a medida que estas tecnologías avanzan, la legislación tendrá que definir hasta dónde llega la “inspiración” y dónde comienza la violación.