Torpe difamación y ofensa a los casi 500 millones de hispanohablantes en los cinco continentes.
En su reunión con los doce presidentes latinoamericanos “de derecha” (sic) para crear una entidad internacional centrada en él, Donald Trump frente a ellos aseguró no aprender nunca “ese maldito idioma”, torpe difamación y ofensa a los casi 500 millones de hispanohablantes en los cinco continentes, con 93 mil palabras registradas en el Diccionario actual de la Lengua Española, y 150 mil a lo largo de su milenaria historia. Al ser la maldición un deseo de invocar al mal, destrucción y daño, siquiera uno de esa docena presente debería haber respondido, por dignidad, pero optaron por sonreír y tomar a chiste un insulto. La entidad se denomina Escudo de las Américas, encabezada y dirigida por él, rey absoluto del resto del continente.
Al ser uno de los fines, aunque no central, el combate al narcotráfico, presente en todo el continente, era obvio haber hecho a un lado lo ideológico, por beneficio electorero, y anunciar cambios en el trato cavernario a los hispanoparlantes. Son 42 millones, ahora el 20% de los habitantes de un país donde el español se habla en el hogar del 67% de ellos, y fue el primer idioma europeo hablado en Estados Unidos. Lo comprueban las numerosas ciudades y estados con palabras españolas: Arizona, California, Florida, Las Vegas, Nuevo México. Hay diferencias entre significados: En español, “me enamoro” (meto el amor en mi corazón) en vez de “fall in love”, (me tropiezo o caigo en el amor). Ese criterio me lo dijo un hispanista inglés…
El escudo trumpocéntrico mencionado nace cojo, y abre una nueva fuente de crítica interna y externa, ajena al tema ideológico o del beneficio personal en las siguientes elecciones de medio tiempo. Además, América es un continente, no un país; a causa de posibles súbitos cambios de opinión trumpista, puede derrumbarse esa idea, cuando países hispanoparlantes la abandonen. La guerra Israel-USA puede afectar también la idea, pero sobre todo, el combate al narcotráfico debe comenzar con la penalización de los usuarios. Ojalá logre algo, pero la historia registra lo ocurrido cuando Ronald Reagan inició la guerra contra las drogas en 1982, hace 44 años, y fracasó por no atacar realmente la raíz del problema.
Sigue campante el circo
Las decisiones tomadas en los últimos días en los tres poderes de Estado demuestran el siniestro plan de desmotivar a los ciudadanos decentes y capaces para participar en elecciones, aceptar cargos —el gabinete, por ejemplo— con el fin de mantener el secuestro del avance político real, y dejarlo reducido a otros temas, como el económico, el educativo, el social y otros. El Congreso sigue siendo una gavilla, una horda de gente de mal vivir, arribistas, incapaces, incultos, con pocas excepciones. El contubernio, la confabulación secreta de individuos sin moral con el fin de causar, es ahora considerado un acuerdo lícito y ocurre en casi todos los países. No hay diferencias entre ideologías, (“izquierda” o “derecha”) y esto las anula.
El actual gobierno, vía Samuel Pérez, un “izquierdoso”, no dudó en aliarse con Álvaro Arzú Escobar (derechista) y Allan Rodríguez (simple servidor de Giammattei), para lograr un puesto en la Corte Suprema para Roberto Molina Barreto, apoyado por Estados Unidos. Esa escogencia le afecta en lo personal al disminuirle su imparcialidad, afectada además por haber sido tan cercano a Efraín Ríos Montt y su hija Zury. Por todo ello, el circo continúa y se afianza. Resultado: la participación popular electoral se reducirá y el valor de los acarreados aumentará, así como el de la compra en efectivo y la “gorra-camisetacracia” o los panes con pollo decidirán otra vez los resultados, directa o indirectamente, y los mismos seguirán ordeñando al Estado.