Turistas aprecian erupciones, pero el Acatenango se daña por cabañas y visitas

Turistas aprecian erupciones, pero el Acatenango se daña por cabañas y visitas

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14/06/2026 05:00
Prensa Libre
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Resumen Inteligente

Agencias de turismo pagaron permisos a municipalidades para construir cabañas en el volcán Acatenango, pero el Conap advierte que no hay aval e interpuso denuncias

La imagen parece sacada de una postal. Un turista despierta en una cabaña instalada en las faldas del volcán Acatenango, abre una ventana, toma una taza de café y observa, a la distancia, las explosiones de lava, ceniza y roca expulsadas por el volcán de Fuego. La escena, difundida por agencias de turismo y creadores de contenido en redes sociales se convirtió en uno de los principales atractivos turísticos de Guatemala para visitantes nacionales y extranjeros en los últimos años.

Sin embargo, detrás de esa experiencia promocionada como única existe una realidad que preocupa a autoridades ambientales, montañistas y conservacionistas: la proliferación de construcciones no autorizadas, la tala de bosque, la erosión de senderos y una creciente presión sobre uno de los ecosistemas de montaña más importantes del país.

Durante los últimos cinco años, el volcán Acatenango experimentó un crecimiento acelerado en el número de visitantes. Testimonios recopilados por Prensa Libre en una visita al lugar señalan que operadores turísticos en el extranjero identificaron una oportunidad de negocio ante la creciente demanda internacional, particularmente de turistas europeos atraídos por la posibilidad de observar de cerca la actividad del volcán de Fuego.

Génesis del negocio

Un montañista, que por seguridad prefiere el anonimato, detalla que en el 2021 se registró un auge de visitantes, especialmente extranjeros.

“Nada fue por casualidad. Acá, los guías de turismo empezaron a notar un aumento significativo de las visitas, y los turistas pedían hospedarse en una cabaña. No eran dos o tres reservaciones; recuerdo que había grandes grupos de extranjeros que subían el volcán y solicitaban un lugar para pernoctar. Ese mismo año hubo personas que construyeron las primeras cabañas. Era gente que conocí y cuya labor era proteger los bosques, pero la demanda y el negocio los llevaron a construir”, recuerda.

“Lo que no dicen los guías o las agencias que construyeron cabañas es que el auge empezó por las agencias extranjeras. En el 2021, agencias en Europa vendieron la idea de venir a dormir al volcán Acatenango para observar las erupciones del volcán de Fuego. Desde el extranjero vieron la oportunidad de asegurar expediciones de cien o 150 turistas, quienes pagan en su país y acá tienen todo asegurado. Hay una organización bien establecida desde el 2021, en la que participan agencias de Guatemala y del extranjero”, revela la fuente.

Lo que durante años fue un destino frecuentado principalmente por excursionistas y amantes de la naturaleza se transformó en uno de los recorridos más populares del país. La afluencia de visitantes impulsó la construcción de cabañas para alojamiento y servicios en zonas de alta montaña.

El Conap ha identificado cuatro áreas con cabañas en Acatenango, son unos 100 inmuebles. (Foto Prensa Libre: Javier González)

Corredor turístico

Para quienes conocieron el volcán Acatenango antes del auge turístico, los cambios son evidentes. El montañista Josué Castellanos, conocido como el Profe Montañista, asegura que el incremento de visitantes se hizo especialmente visible después de la pandemia del covid-19.

“Fue después de la pandemia, en el 2021, cuando se produjo una especie de bum. Muchas personas buscaron nuevas actividades al aire libre y el montañismo se convirtió en una opción atractiva. Desde entonces comenzó la masificación en los volcanes y, específicamente, en el Acatenango”, relata.

Aunque reconoce que el turismo genera beneficios económicos para las comunidades cercanas, considera que el crecimiento ocurrió sin suficiente educación ambiental.

“Cada vez suben más personas que contaminan con basura y ruido. Antes de la pandemia iban menos visitantes y el bosque estaba más conservado”, afirma.

El montañista recuerda que en sus primeras visitas encontraba senderos poco transitados, ausencia de construcciones y una experiencia que describe como casi mística. “Había más paz y tranquilidad. Incluso se escuchaba a los coyotes aullar por las noches. He vuelto muchas veces y ya no los he escuchado”, comenta.

Según Castellanos, el impacto también es visible en la erosión de los senderos y en la saturación de visitantes durante los fines de semana y las temporadas altas.

Los turistas demandan a los operadores turísticos condiciones cómodas para permanecer en el volcán Acatenango. (Foto Prensa Libre: Conap)

Infraestructura

El principal símbolo de esa transformación son las cabañas construidas cerca de la cima del volcán.

El Consejo Nacional de Áreas Protegidas (Conap) advierte de que muchas de estas edificaciones fueron levantadas sin autorización dentro de una zona de veda y representan riesgos tanto para el ecosistema como para las personas que las utilizan.

Lucila Pérez, encargada de Turismo del Conap, explicó que la institución detectó las primeras construcciones irregulares y presentó una denuncia en el 2021 ante las autoridades correspondientes.

“La infraestructura ilegal pone en riesgo la integridad de los visitantes y de las personas que prestan servicios en el volcán, además de generar afectaciones a los ecosistemas”, indicó.

De acuerdo con la funcionaria, las construcciones implicaron cambios en el uso del suelo y la eliminación de cobertura forestal para habilitar espacios destinados al alojamiento de turistas.

Las autoridades estiman que el fenómeno creció rápidamente durante los últimos años. Aunque aún no existe un conteo oficial actualizado, se ha mencionado la existencia de más de un centenar de estructuras distribuidas en distintos sectores de la montaña.

El Conap evidenció en un video asentamientos en el volcán Acatenango, hay unas 100 cabañas. construidas. (Foto Prensa Libre: Conap)

Denuncias

El Conap sostiene que la denuncia presentada en el 2021 no produjo resultados significativos, por lo que en el 2025 interpuso una nueva acción para solicitar nuevamente la intervención de las autoridades competentes.

La institución también intentó realizar una inspección conjunta con el Ministerio Público, el Instituto Guatemalteco de Turismo, la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres y autoridades municipales.

Sin embargo, según la entidad, el ingreso al área fue impedido por personas que interceptaron a la comitiva y evitaron que la diligencia se desarrollara.

Como consecuencia, las autoridades no lograron determinar con precisión la cantidad de construcciones existentes ni evaluar por completo sus impactos ambientales.

Ecosistema en riesgo

Las preocupaciones de las autoridades van más allá de la legalidad de las edificaciones.

El Conap advierte de que la expansión de infraestructura y el incremento de visitantes generan efectos visibles en el entorno natural. Entre ellos menciona la tala de árboles, la degradación de ecosistemas, la acumulación de residuos y el aumento de riesgos para las comunidades asentadas en las faldas del volcán.

La pérdida de cobertura forestal también incrementa la vulnerabilidad ante deslaves y otros eventos asociados con las lluvias, además de afectar la capacidad de regulación hídrica de los bosques.

Las autoridades ambientales alertan, además, sobre la promoción de actividades turísticas en sectores considerados de alto riesgo, incluidas áreas cercanas al cráter del volcán de Fuego, uno de los más activos de Centroamérica.

Mientras la popularidad del volcán Acatenango continúa creciendo en redes sociales y plataformas de turismo, la discusión sobre los límites entre desarrollo económico, conservación ambiental y seguridad de los visitantes cobra cada vez más relevancia.

El reto para las autoridades será determinar si el modelo turístico que impulsó la fama internacional del volcán puede coexistir con la protección de un ecosistema que, según quienes lo han recorrido durante años, ya muestra señales evidentes de transformación.

En la actualidad los operadores turísticos talan más bosques para continuar construyendo cabañas. (Foto Prensa Libre: Conap)

Denuncia y mercado

La expansión de las cabañas en Acatenango no tomó por sorpresa a todos los operadores turísticos.

El representante de una agencia de turismo guatemalteca, que omite su identidad por seguridad, recordó que desde el 2018 alertaron a las autoridades sobre la construcción de infraestructura en la montaña, pero asegura que no recibieron respuesta de las entidades competentes.

“Se hicieron las denuncias correspondientes ante todas las entidades, pero ninguna le puso la atención necesaria en ese entonces”, indicó.

El operador afirmó que incluso recibieron amenazas por cuestionar las primeras construcciones que comenzaron a instalarse en las zonas de campamento del volcán.

De acuerdo con su versión, la demanda creciente de turistas extranjeros modificó las condiciones del mercado. Durante varios años, explicó, que su agencia operó únicamente con tiendas de campaña, mientras otras empresas turísticas extranjeras comenzaron a ofrecer alojamiento en estructuras permanentes.

“Todos los clientes, tanto estadounidenses como de otras partes del mundo —europeos—, querían acampar en una cabaña, pero nosotros no lo teníamos”, comentó.

El empresario sostiene que la presión comercial llevó a varios operadores a adoptar un modelo similar para poder competir.

Según indicó, muchos turistas dejaron de buscar la experiencia tradicional de acampar en tiendas para optar por servicios con mayores comodidades, incluyendo cabañas y áreas de alojamiento permanentes.

A su criterio, ese cambio en la demanda impulsó la proliferación de infraestructura en la montaña y generó una competencia desigual entre operadores que mantenían modalidades de campamento tradicionales y quienes ofrecían instalaciones más cómodas.

El operador también señaló que existen empresas extranjeras que comercializan experiencias en Acatenango a precios significativamente más altos que los cobrados por agencias locales.

En las laderas se encuentran varios sitios talados y con terreno removido para la construcción de cabañas. (Foto Prensa Libre: Javier González)

Permisos

Durante la entrevista, el empresario aseguró que operadores pagaron Q15 mil a personal de la Municipalidad de Acatenango y obtuvieron permisos, cuyo alcance y validez actualmente son objeto de cuestionamientos.

“Hay operadores de turismo que actualmente conservan esos permisos y es la prueba del aval que dio la Municipalidad de Acatenango para que construyeran las cabañas, aunque por esas obras el Ministerio de Ambiente multó con Q50 mil, y se pagaron”, detalla.

“Antes se ofrecía acampar, pero las cabañas cambiaron el negocio en el volcán”

Sin autorización

Ante el crecimiento de la infraestructura turística en el volcán Acatenango, la Oficina de Comunicación Social del Instituto Guatemalteco de Turismo (Inguat) aseguró que no ha autorizado a ninguna agencia o empresa a instalar campamentos ni a prestar servicios de pernocta dentro del área protegida.

La institución explicó que la autorización para instalar campamentos, habilitar espacios de alojamiento, definir áreas permitidas, regular el uso del suelo, controlar la capacidad de carga y administrar el atractivo natural no corresponde al Inguat.

El Inguat precisó que las agencias que ofrecen ascensos, servicios de guía, transporte o paquetes turísticos pueden estar inscritas en el Registro de Prestadores de Servicios Turísticos; sin embargo, dicho registro “no constituye una autorización para instalar campamentos o infraestructura dentro del área protegida”.

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