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¿Qué generó el crecimiento del PIB en 2025?
En mi columna de la semana anterior, ofrecí ampliar a mis estimados lectores el por qué considero que han sido factores exógenos (externos) y no endógenos (internos) los que hicieron que el 2025 fuera un año tan bueno para el país, desde una perspectiva macroeconómica. El crecimiento del PIB (Producto Interno Bruto) se puede medir […]
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En mi columna de la semana anterior, ofrecí ampliar a mis estimados lectores el por qué considero que han sido factores exógenos (externos) y no endógenos (internos) los que hicieron que el 2025 fuera un año tan bueno para el país, desde una perspectiva macroeconómica.
El crecimiento del PIB (Producto Interno Bruto) se puede medir desde dos enfoques, de la producción y el del gasto. El resultado final es el mismo. Bajo el enfoque de la producción se listan 17 actividades económicas y se estima el aporte de cada una de ellas en quetzales y luego se suman para dar el PIB final del año. Bajo el enfoque del gasto, se suman la demanda interna (el gasto de consumo, tanto de hogares e instituciones privadas sin fines de lucro, como el del gobierno, más la formación bruta de capital fijo, que es el gasto en inversión en construcción y en maquinaria y equipo), las exportaciones de bienes y servicios y se restan las importaciones.
Si uno toma el enfoque de la producción, se observa que la actividad económica de comercio es la que más creció entre 2024 y 2025 y representa una cuarta parte del crecimiento total del PIB, seguida de la construcción y de las industrias manufactureras, que representan, a su vez, un 9% y un 8% del crecimiento del PIB, respectivamente.
Tomando el enfoque del gasto, claramente el gasto en consumo de hogares e instituciones privadas ocupa, de lejos, la mayor parte del crecimiento total del PIB (58 mil millones de quetzales), comparándolo con el del gobierno central (10 mil millones de quetzales) y con la formación bruta de capital fijo (17 mil millones de quetzales). La balanza comercial (la diferencia entre las exportaciones y las importaciones), que en el caso de Guatemala siempre es negativa por ser un país netamente importador, tampoco es un factor tan relevante, tan solo disminuye 10 mil millones de quetzales al crecimiento del PIB.
En ambos enfoques (producción y gasto), queda muy claro que el consumo de bienes es el principal driver de crecimiento del PIB, y dicho consumo está fuertemente influenciado por el crecimiento en las remesas, que en el mismo periodo fue de unos 4 mil millones de dólares, un poco menos de 31 mil millones de quetzales. Resalta el hecho que los productos que más se han importado en Guatemala en los últimos años, un 20% de las importaciones totales, son las máquinas y aparatos mecánicos para usos electrotécnicos, es decir, televisores, estufas, refrigeradoras y un larguísimo etcétera de productos electrodomésticos, y los vehículos, automóviles y motocicletas, bienes a los que ahora puede acceder una importante parte de la población, principalmente en el interior, gracias a las remesas. Queda muy claro que es el crecimiento en las remesas, y no los “potentes” presupuestos desfinanciados ni el incremento del salario mínimo a menos de una tercera parte de la población económicamente activa, lo que genera más de la mitad del crecimiento económico en nuestro país. Y son las cifras las que hablan claro, no los tediosos y anodinos discursos en “La Ronda”.
Si a esto sumamos que los precios internacionales del petróleo han disminuido de niveles de 80 dólares por barril en 2023 a niveles de 60 dólares por barril en 2025 (un 25%) con lo que la factura petrolera se ha reducido en más de 400 millones de dólares, impactando significativamente la inflación hacia la baja.
Son factores externos, y no internos, los que ciertamente han sonreído durante estos dos años de gobierno a la administración de Arévalo. Factores que pueden cambiar bruscamente y sin aviso en estos tiempos de incertidumbre y volatilidad que vivimos.