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Cuando la impunidad, la corrupción y la indiferencia van de la mano
El país se desmorona mientras sus autoridades se enriquecen en perjuicio de sus electores, típico de gobiernos extractivos, ineptos e inútiles.
El 10 de febrero ocurrió un trágico accidente de bus que segó la vida de 55 personas y enlutó a Guatemala. Vimos muchas muestras de solidaridad en las redes sociales y en los diarios. Incluso el Congreso aprobó una indemnización de Q50,000 en beneficio de los familiares de cada víctima. Un gesto celebrado, pero que plantea una pregunta incómoda: ¿por qué esta vez sí y en tragedias anteriores no? La respuesta señala una cruda realidad: en Guatemala, la justicia y la empatía oficial son selectivas. Tras ellas se ocultan la impunidad y la corrupción, males que nos condenan al subdesarrollo ante la indiferencia general.
La impunidad vuelve inútil cualquier ley, y la frase “Emitida la ley, preparada la trampa” es muy cierta. Sin rendición de cuentas, la corrupción y el robo sistemático de los fondos públicos se vuelve rutina. Desde el Congreso hasta las oficinas menores, toda la administración pública está impregnada de corrupción. Los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, que deberían erradicarla, más parecen cómplices por su actuar, que beneficia a pocos y perjudica a muchos. Por ello, el índice de percepción de corrupción de Transparencia Internacional ubica a Guatemala en el puesto 146 de 180 países.
Los casos Zamora y Malouf, el aumento a los diputados y los congestionamientos diarios son ejemplos del caos en el que vivimos. El periodista Zamora entra y sale de prisión, y el Dr. Malouf recibe una minicondena por homicidio culposo. Los diputados legislan para una minoría y el colapso vehicular hace que cualquier viaje sea una odisea de horas. Vivimos sin certeza jurídica, sin representación auténtica en el Congreso y con una desastrosa infraestructura por la tolerancia general de la población.
La población permanece indiferente y pasiva entre la resignación y el morbo. El accidente confirma que a los guatemaltecos nos atrae lo escabroso, y la prueba fue la avalancha de noticias y publicaciones sensacionalistas del accidente. Los medios explotan esta fascinación porque vende y nos la ofrecen porque la consumimos. Si tuviéramos mejor criterio, buscaríamos información de la cual aprendemos y no la que nos manipula y hasta envenena nuestras mentes.
Su interés es solo cuánto pueden “embolsarse”.
El accidente del bus también reveló fallos estructurales que ignoramos por conveniencia. Muchos vehículos circulan sin un seguro de responsabilidad. Algunos buses lo tienen, pero el deducible correspondiente es tan alto que no cubre las colisiones menores y sus inocentes víctimas quedan desamparadas. La ley que exige el seguro a todos los vehículos ha sido aprobada y derogada, reflejando corrupción y/o indiferencia oficial. Por otro lado, muchos de los buses presentan desperfectos porque son descartes de otros países y muchos son conducidos por imprudentes. Por ahorrar en la inversión, sacrificamos la seguridad y lo pagamos con vidas.
Por publicidad personal, antes los políticos solo invertían en obras visibles, omitiendo las obras esenciales invisibles como colectores o plantas de tratamiento. Hoy, los políticos ni siquiera promueven la inversión en las obras visibles como la infraestructura y los aeropuertos. Su interés es solo cuánto pueden “embolsarse”. El país se desmorona mientras sus autoridades se enriquecen en perjuicio de sus electores, típico de gobiernos extractivos, ineptos e inútiles.
No nos engañemos, la corrupción prospera porque la impunidad la protege y ambas persisten porque somos indiferentes y pasivos. La población debe despertar y exigir cuentas retomando su rol en una verdadera democracia, donde no solo es votar, sino también velar y exigir. Debemos rechazar el morbo, demandar honestidad y justicia con leyes que prioricen el bienestar sobre el lucro. El accidente no debería ser solo una tragedia más, sino un grito que nos impulse a actuar. Mientras la impunidad, la corrupción y la indiferencia sigan de la mano, una minoría persistirá en robarle a Guatemala todo su futuro.