Ansiedad, estrés crónico y depresión: los retos de salud mental que enfrentan docentes en las aulas
Al regresar a las clases presenciales después de la pandemia, había mucho temor por los comportamientos en las aulas, afirma Gabriela de Burbano. Como psicóloga y coordinadora de la Gran Campaña Nacional por la Educación, ella ya había identificado estos patrones años antes, pero la situación se tornó mucho más severa. Tras la pandemia, las […]
Al regresar a las clases presenciales después de la pandemia, había mucho temor por los comportamientos en las aulas, afirma Gabriela de Burbano. Como psicóloga y coordinadora de la Gran Campaña Nacional por la Educación, ella ya había identificado estos patrones años antes, pero la situación se tornó mucho más severa.
Tras la pandemia, las actitudes de la niñez y los adolescentes son más irregulares y erráticas. Estas conductas son los principales estresores para la comunidad docente, porque carecen de las herramientas para afrontar estos comportamientos que observan en sus aulas.
El tema de la seguridad también es una preocupación para maestras y maestros, en especial para quienes trabajan en áreas de alto riesgo.
Todos los días se enfrentan al miedo de que algo les vaya a suceder mientras enseñan, o cuando salen a buscar a sus estudiantes porque no se presentaron a la escuela. Y tampoco tienen las herramientas psicoemocionales para lidiar con este rol, afirma la experta.
Para la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), la salvaguarda de la salud mental en las escuelas también debe abarcar al personal educativo. Son redes de apoyo clave para la niñez y adolescentes, porque construyen ambientes seguros, detectan las dificultades de sus estudiantes y aconsejan para recibir acompañamiento.
Y a pesar de tener un rol fundamental en su desarrollo, la UNESCO afirma que aún no tienen oportunidades de autocuidado para lidiar con la inseguridad y el agobio de la profesión.
Desde la Gran Campaña Nacional por la Educación, de Burbano ha trabajado con entidades gubernamentales y privadas para entender la multidimensionalidad de la educación en Guatemala. Una de las especialistas que colabora con ella es Dajana Escobar, experta en psicología de Tu Consejería.
Escobar explica que maestras y maestros se enfrentan a variadas situaciones externas al mismo acto de enseñar. Toda esta área la logran cumplir: se capacitaron para educar y planificar. Pero hay circunstancias que se combinan con las labores que ya están atendiendo y les generan demasiada presión.
No es necesario que una persona tenga un colapso o una crisis para saberlo. A veces son las cosas pequeñas que se acumulan y generan estrés, como el tráfico, situaciones personales, o las exigencias extra del mismo trabajo.
Pero el principal punto de estrés para la mayoría es el manejo de los comportamientos disruptivos en el aula. Tal como mencionaba de Burbano, las actitudes ahora son más impredecibles.
Escobar le adjudica esto a que la niñez y los adolescentes modernos se enfrentan a más dificultades que sus predecesores. Crecen con más soledad, y con padres, madres y cuidadores más desconectados.
Entonces, la comunidad docente se sobrecarga: no solo deben enseñar una materia, sino que también deben enseñarles a regular sus emociones. Pero tampoco tienen la capacitación adecuada para lidiar con esta situación.
Una de las principales consecuencias psicológicas a la que se enfrentan es el «burnout». Maestros y maestras alcanzan un desgaste emocional y físico tan profundo que no les permite atender a sus actividades. Sufren complicaciones fisiológicas, falta de energía y desmotivación.
Según Escobar, la comunidad docente también sufre estrés crónico, ansiedad y depresión. Y todas estas complicaciones de salud mental pueden derivar en enfermedades inmunes, gastrointestinales o problemas de presión alta.
El primer paso para regularse es entender lo que les está pasando, aconseja la experta. Constantemente, buscar información sobre los riesgos y los problemas de salud mental que podrían afectarles.
También es fundamental que establezcan protocolos y límites claros. Establecer sus horarios, tiempos y decidir en qué tiempo van a atender una cosa.
Otra herramienta que podría serles útil es reconocer dentro del mismo salón de clases, su rutina diaria, las situaciones que se convierten en estresores.
En cuanto a la planificación de las clases, la especialista recuerda que es una herramienta para que maestras y maestros se sientan más tranquilos, no hay que verla como una exigencia desde las departamentales. En especial porque sus estudiantes notan la improvisación y comienzan a molestar más, lo que aumenta la molestia.
Nunca quedan atrás los hábitos saludables, agrega. El bienestar de maestras y maestros mejora bastante cuando ponen más atención a tres pilares cruciales: el sueño, la alimentación y la actividad física. Una buena higiene del sueño, mantener la alimentación más saludable que puedan y el movimiento ayudan a que la persona se sienta más tranquila.
Gabriela de Burbano impulsa a la comunidad docente a buscar herramientas de apoyo psicoemocional por sus propios medios. Pueden encontrar herramientas de lectura, cápsulas, técnicas rápidas para lidiar con un ataque de ansiedad en el aula o en el bus. También resalta que hay programas de atención psicológica comunitarios y de bajo costo, si sienten que llegaron al punto en que los necesitan.
Aprender estas técnicas ayuda a evitar pasar la molestia y la ansiedad a sus estudiantes, en especial cuando no cuentan con espacios seguros para hablar sobre la salud mental o redes de apoyo.
