La Antigua: corre, juega y va de nuevo

La Antigua: corre, juega y va de nuevo

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09/05/2026 00:01
Prensa Libre
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Resumen Inteligente

Algunos dueños de la tierra, en su mentalidad de “finqueros”, piensan que un plan de ordenamiento territorial necesariamente debe favorecerlos.

Como los merolicos de feria, charlatanes que venden baratijas e ilusiones inalcanzables, algunos empresarios, terratenientes e inversionistas lugareños aprovecharon el valor y potencial económico de La Antigua Guatemala (LaAG) para especular sobre el valor y uso del suelo y, en cada período electoral u oportunidad que se les presenta, lanzar el consabido grito: ¡La Antigua, corre, juega y va de nuevo!

Los especuladores se consideran así mismos “dueños de la ciudad” y están organizados desde hace cerca de 20 años

La Carta de Venecia, denominada Carta Internacional para la Conservación y Restauración de Monumentos y Sitios, nació en 1964. Eso inspiró a profesionales, académicos, vecinos y autoridades para proteger LaAG. Se creó la Ley Protectora, decreto 60-69 del Congreso de la República y el Consejo Nacional para su Protección (Cnpag). En práctica, brazo técnico especializado en protección y desarrollo, junto a la municipalidad, cuyo alcalde lo preside. Empezó a funcionar en 1972.

Para formular esa ley hubo un primer Plan Regulador (1967) que el Consejo actualizó y el Concejo Municipal aprobó en 1974. Con sus primeras acciones se puso en valor la ciudad y los conjuntos monumentales conservados como “ruina”. Valorización que despertó la ambición de los “especuladores” identificados para su explotación, dispuestos a aprovechar la oportunidad con el consabido mantra empresarial: “es más fácil pedir perdón que pedir permiso”. La ley protectora da al Consejo la potestad de emitir licencias de construcción dentro del área de protección, como fuente de ingresos propios; potestad que en 2012 fue el detonante para que la municipalidad dispusiera otorgar y cobrarlas por sí misma; decisión que generó polémica, vigente hasta hoy, cual si municipalidad y Cnpag no fueran responsables de la misma ciudad.

Los especuladores se consideran a sí mismos “dueños de la ciudad” y están organizados desde hace cerca de 20 años. Entre los terratenientes hay quienes se niegan a reconocer que la tierra vale por lo que la ciudad representa, no porque les pertenezca.

Por definición, toda propuesta de planificación toma en cuenta a esos y otros actores del lugar. Debe señalarse, sin embargo, que algunos dueños de la tierra, en su mentalidad de “finqueros”, piensan que un plan de ordenamiento territorial necesariamente debe favorecerlos; cosa que no es así. Pese a eso, y con el fin de alcanzar sus objetivos, han impuesto alcaldes e integrantes del Concejo Municipal sin haber obtenido hasta ahora, el resultado deseado.

Emulando al Cacif y al Pacto de Corruptos*, su última acción fue, en una acción propia de esos grupos: “delinquir al amparo de la ley”, hacer que la Corte de Constitucionalidad (CC) despojara a la municipalidad antigüeña del cobro de las licencias y darlo al Cnpag. Al parecer, la CC desconoce la ley protectora y las atribuciones que da a este último dentro del perímetro urbano colonial e islas de conservación. Con esa medida, los especuladores pretenden controlar al Cnpag y con eso, acercarse al Ministerio de Cultura y Deportes; hipotética situación que pondría en mayor riesgo el ya incierto futuro de la ciudad.

En mi opinión, el Ministerio de Cultura y Deportes haría muy bien en retomar la Iniciativa de Ley 4252 del Congreso de la República: Reformas a la Ley Protectora, que propone de manera ecuánime la integración del Consejo, pero, sobre todo, define con precisión el área de protección, su área de amortiguamiento y el cinturón verde, hasta ahora solo enunciados.

Con esa decisión, el Estado detendrá el franco deterioro al que la ciudad ha sido sometida y evitará que Unesco, cuando finalmente salga de su letargo, decida pasarla a la lista de patrimonio mundial en peligro.

* Instancias patronales y funcionarios corruptos incrustados en el Estado.

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