La coyuntura actual es volátil; el mundo ha entrado a un túnel.
Independientemente de lo que se piense del presidente de Estados Unidos, es innegable que es consecuencial; lo que hace tiene importancia, induce e incita efectos, impacta de manera notable. Resalta en el espacio mediático por lo que dice y hace, provoca reacciones y opiniones fuertes de parte de seguidores y detractores, despierta admiración y odio apasionado. Es provocador; irrita, desafía, exacerba y azuza. El presenta brinda elementos insuficientes para predecir si sus iniciativas vitalizarán a Estados Unidos como potencia económica, militar y geopolítica, o acelerarán su decaimiento. Lo que sucede en el presente será trascendente para el futuro.
Lo que sucede en el presente será trascendente para el futuro.
Mi lectura es que Trump está decidido a tomar al toro por los cuernos, acertada o erradamente, de problemas domésticos e internacionales sobre los que líderes políticos han echado mucho humo, pero tomado poca acción. Su uso de aranceles como arma de negociación, su postura ante la migración, su política energética, numerosas iniciativas domésticas e internacionales, altamente controversiales, han picado varios avisperos, mientras provoca altos niveles de inversión en Estados Unidos.
Desde la presidencia de Eisenhower cuando se fundó la Otán, presidentes y diplomáticos estadounidenses se quejaban de pagar las cuentas mientras los socios europeos se negaban a gastar en su propia defensa y protección. ¿Por qué gastar su propia plata cuando podían vivir cómodamente bajo la sombrilla protectora de Estados Unidos? La postura ambivalente de Trump ante la Otán y el conflicto Rusia-Ucrania han obligado a los socios europeos a caer en cuenta de que tienen que hacerse cargo de su propia seguridad.
Como producto de negociaciones, al régimen bolivariano de Venezuela se le relajaron las sanciones a cambio del compromiso de realizar elecciones libres y transparentes. Maduro se robó las elecciones, sin consecuencias mientras dirigía su Estado delincuencial, hasta que Trump lo despertó para subirlo a un helicóptero. Ahora Delcy recibe instrucciones en inglés y Venezuela no puede sacar un barril de petróleo sin el visto bueno de Marco Rubio. Ya no le puede regalar petróleo a Cuba a cambio de médicos y especialistas en represión de la sociedad civil. Ha señalado que la farsa del régimen dictatorial cubano tiene los días contados.
Es innecesario pasar lista de acciones decididas que ha tomado Trump, polémicas, debatibles y provocativas, ni es el caso opinar sobre su acierto o desacierto; el propósito es resaltar que han tenido consecuencias. Es disruptivo; perturba y altera lo que toca.
Las acciones militares iniciadas el 28 de febrero, en conjunto con Israel en contra Irán, quizás representan la política más trascendente que ha efectuado el mandatario de Estados Unidos, hasta el momento. En Irán es cotidiano escuchar y leer: “¡Muerte a América!, ¡muerte a Israel!”, no como expresión de manifestantes trasnochados, sino como política de Estado. Por décadas, la dictadura teocrática iraní ha promovido, armado y financiado grupos de choque y conflicto en Oriente Medio y perseguido sin cesar la producción de misiles balísticos y la obtención de la bomba atómica. Cualquiera que sea el resultado de este conflicto, tendrá enormes consecuencias, para Irán, Oriente Medio y el mundo.
Desde los ataques a las instalaciones nucleares iraníes en junio de 2025 hasta los eventos actuales, Estados Unidos ha dado muestras inconfundibles de su poderío militar. Es una potente señal a China y Rusia. La coyuntura actual es volátil; el mundo ha entrado a un túnel y es impredecible lo que se encontrará en la salida. Ojalá sea luz.