Generación Z apuesta por el “detox digital”: desconectarse de redes sociales y recuperar aficiones tradicionales
Mientras muchos jóvenes se sumergen en las redes sociales, otros apuestan por una “desintoxicación digital” con teléfonos básicos y discos de vinilo.
En plena era de la hiperconectividad, el acto de resistencia más radical de la generación Z no ocurre en las calles, sino detrás de la puerta de su propia casa. Atrás quedaron las ganas de estar siempre disponibles; ahora, la prioridad es desconectarse, dejar de lado el algoritmo y refugiarse en lo que ellos mismos llaman la estética “cozy” (acogedora).
En lugar de vivir obsesionados con un flujo infinito de notificaciones, muchos jóvenes están cambiando el ritmo: encienden velas artesanales para reducir el estrés, escuchan listas de “lo-fi beats” para crear un ambiente tranquilo y controlado, y se dedican al autocuidado mediante la recuperación de actividades tradicionales.
Para entender este giro, basta con observar las cifras del agotamiento digital. Según la firma de investigación DCDX, un joven de la generación Z pasa una media de siete horas y 22 minutos al día frente al móvil. Dicho de otra forma: dedica un tercio de su vida anual, cerca de 112 días, exclusivamente a mirar la pantalla.
Pero la paciencia se ha agotado y se ha llegado a un punto de inflexión. Un estudio de Talker Research indica que el 63% de estos jóvenes ya limita activamente su tiempo de uso, más que otros grupos de edad. Todo esto ocurre en plena era del “doomscrolling” (deslizar constantemente el contenido en el móvil).
Esta es su respuesta ante la llamada “economía de la atención”. Tal como explica el experto Kaiwei Tang para CNN, el problema no es el teléfono en sí, sino un modelo de negocio diseñado para retener a los usuarios y convertir su tiempo en datos para los anunciantes.
Ante tanta sobreestimulación, el fenómeno “cozy” (acogedor) ha pasado de ser una curiosidad a convertirse en la tendencia del momento. De hecho, en Steam, el uso de esta etiqueta para atraer jugadores creció 675% entre el 2022 y el 2025.
Esto se explica por el éxito de videojuegos como Snacko o Bookshop Simulator, que han desbancado a los títulos de disparos, lucha y acción, en favor de simuladores de granjas, gestión de recursos y entornos confortables, sin rastro de violencia.
Para muchos, estos contenidos funcionan como una forma de automedicación digital frente a un mundo en crisis. Utilizan las herramientas virtuales, sí, pero no de la misma manera en la que lo hacen los usuarios de redes sociales masivas. Esa calma ha saltado de la pantalla a la vida cotidiana.
“La correa está atada a un ‘smartphone’ y el teléfono está paseando al humano, no al revés”, advierte el consultor Mario Candido en su perfil de LinkedIn. Quizá el síntoma más claro de este “detox” sea el inesperado regreso de la tecnología más básica.
Los llamados “dumbphones” (teléfonos básicos, en contraposición a los dispositivos inteligentes), es decir, celulares antiguos, viven una segunda juventud. HMD Global, fabricante de Nokia, ha visto cómo las ventas de sus modelos clásicos de tapa se duplicaron.
Rescate de aficiones tradicionales
La necesidad de recuperar el control físico y romper con la vigilancia digital también ha impactado en la industria musical. En el 2025, las ventas de vinilos en Estados Unidos superaron los US$1,000 millones, con 48.5 millones de unidades vendidas frente a los 29.5 millones de CD.
Este “detox digital” también incluye el rescate de actividades manuales. El ganchillo o “crochet”, por ejemplo, dejó de asociarse únicamente con personas mayores y se convirtió en un aliado de la salud mental.

Esto va más allá de la percepción de un grupo de usuarios. Un estudio internacional publicado en Perspectives in Public Health demostró que el 89.5% de quienes practican esta actividad experimentan una mejora significativa en su estado de ánimo y una sensación de calma profunda.
Además, el propio cuerpo vuelve a ocupar un lugar central. Plataformas como Pinterest ya detectan este giro hacia lo físico y el autocuidado. Su informe de tendencias subraya que las búsquedas sobre rutinas de cuidado corporal aumentaron 1,025%.
Frente a la intensidad del ocio tradicional, los jóvenes apuestan ahora por otros planes, como las “slowcations” o vacaciones lentas: viajes diseñados para priorizar mañanas tranquilas frente a noches interminables de fiesta.
¿Moda o cambio de paradigma? De momento, parece una tendencia. Pero, aunque las empresas ya intentan empaquetar la paz como un producto más —con aplicaciones de meditación por suscripción o velas de lujo que prometen “reducir la ansiedad”—, la base de este movimiento es una resistencia genuina.
La verdadera desconexión es aquella que ocurre de forma consciente. Así, al apagar las pantallas para encender una vela y escuchar un vinilo de música folk, muchos jóvenes recuperan el silencio que el algoritmo les había arrebatado. Porque, en un mundo acelerado, elegir la calma se ha convertido en un acto revolucionario.