Las elecciones de medio término en EUA: ¿un cambio de giro?

Las elecciones de medio término en EUA: ¿un cambio de giro?

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10/03/2026 00:05
Prensa Libre
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Resumen Inteligente

Hay mucho en juego. Ojalá el pueblo estadounidense no se deje llevar por consignas, sino por una lectura serena de lo que hoy necesita el país.

Las elecciones de noviembre en Estados Unidos marcarán mucho más que una simple composición del Congreso. De su resultado dependerá si la administración Trump conserva el margen político para continuar su agenda en migración, seguridad, comercio, burocracia, educación y reglas electorales. Perder cualquiera de las dos, senado o cámara, frenaría su proyecto de reforma.

Hace apenas unas décadas se podía distinguir con claridad la identidad del Partido Democrata. Hoy eso ha cambiado drásticamente porque los democratas han dejado atrás su vieja tradición institucional de representar a la clase trabajadora, para ceder espacio a una generación agresiva, radical, socialistoide y contestaria. Ese desvío se refleja no solo en su discurso sino en sus prioridades públicas.

El reciclaje de Biden de vicepresidente a candidato presidencial, fue, hay que admitirlo, una jugada maestra y moralmente cuestionable de los demócratas. Manipularon a un anciano con evidentes señales de declinación cognitiva. Maquillaron su estado con restricciones de acceso y reuniones selectivas. Convirtieron a su esposa y el auto pen en presidente de facto.

Y así, con un presidente disminuido y un entorno político dispuesto a gobernar en su nombre, la nueva izquierda demócrata encontró el vehículo perfecto para empujar políticas que muchos estadounidenses ya no ven como reformas, sino como síntomas de degeneración y decadencia: La promoción del DEI, la teoría racial, el activismo LGBT más militante, la participación de trans en competencias femeninas con acceso a sus camerinos, son percibidos por una creciente mayoria del país como algo anormal, que atenta contra la familia, la infancia y el sentido común.

La academia se ha contaminado también. Muchas instituciones que antes representaban excelencia académica le han cedido el terreno al activismo ideológico, al moralismo coercitivo y a la repetición de consignas. Como lo reflejan las mediciones hechas desde hacer años, la percepción es que demasiados campus han sustituido la formación académica por la militancia ideológica.

Que ellos hoy se opongan incluso a eso es una señal alarmante de hasta dónde se han alejado del sentido común.

Pero el tema mayor de todos sigue siendo la migración. El estadounidense medio rechaza cada vez más la inmigración indiscriminada porque ya ve sus efectos sobre escuelas, vivienda, servicios públicos, mercado laboral y ante todo, la seguridad.

Desde la óptica republicana y una mayoría creciente de analistas objetivos, la estrategia demócrata de fronteras abiertas no responde solo a una visión humanitaria, sino también a un cálculo político de largo plazo: abrir hoy, legalizar mañana y alterar después el patrón electoral del país. Por eso la batalla en el Congreso sobre la SAVE Act es determinante. Los republicanos exigen que se compruebe la ciudadanía para votar; los demócratas se oponen alegando “riesgo de exclusión. El solo hecho que tengan esa ilógica posición, comprueba los señalamientos.

El campamento demócrata ha convertido la ideología en uan guerra política. La tolerancia política está prácticamente desaparecida. Hoy, en no pocos espacios, basta mencionar a Trump para activar un rechazo mayúsculo a nivel de anatema. La conversación normal se ha ido perdiendo. Ya no se responde con argumentos, con cifras ni con hechos, sino con etiquetas, consignas y un resentimiento con una hostilidad que asusta.

El identitarismo, la agenda radical y la guerra cultural no solo han endurecido el discurso demócrata; han distorsionado su juicio. Todo lo vuelven consigna. Todo lo vuelven trinchera. Incluso lo que debería estar fuera de disputa. Reducir el Estado burócrata, corregir las prácticas corruptas de Medicare y depurar el sistema benefactor, – aló Minnesota- deberían unir a cualquier partido serio.

Que ellos hoy se opongan incluso a eso es una señal alarmante de hasta dónde se han alejado del sentido común.

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