Con el asesinato de Solorzano Foppa, Guatemala pesa menos
Juan Francisco Solórzano Foppa fue un profesional muy conocido, un jurista que hizo gobierno y siempre fue de los correctos, de los íntegros, con decencia, con ética y honestidad, con vocación humanista; es de estos intelectuales y pensadores de la academia, unos revolucionarios democráticos, consecuentes y propositivos. Yo no conocí personalmente a Solórzano Foppa, pero […]
Juan Francisco Solórzano Foppa fue un profesional muy conocido, un jurista que hizo gobierno y siempre fue de los correctos, de los íntegros, con decencia, con ética y honestidad, con vocación humanista; es de estos intelectuales y pensadores de la academia, unos revolucionarios democráticos, consecuentes y propositivos. Yo no conocí personalmente a Solórzano Foppa, pero en su prensa nacional e internacional, fue de los buenos, con decoro, exactitud, con agallas y temple. Él sabe de oficinas administrativas, del derecho, de la justicia, porque es el diario trajinar de los abogados, conoce de los triunfos y las derrotas, porque él sí conoce la realidad de este país, quienes nos quitaron la primavera y solo hay un matadero.
Solórzano Foppa fue un intelectual, con su vida fue eliminado un hombre diferente con capacidades, su mente fue un privilegio, un innovador, un revolucionario, un ciudadano que cuestionara, criticara, señalara y enderezara todo aquello que significa un desvío en la implementación de un verdadero esquema en el desarrollo de la legalidad, de la estructuración funcional de un Estado de Derecho. Porque todos, gobernantes y gobernados, cumplamos y respetemos las normas de una pacífica convivencia, con humanismo, justicia, solidaridad, devoción y decencia. Solórzano Foppa, siempre reforzada con sus actuaciones dignas, fue combativo, cuestionador, exigente y creativo. Pero también están los corruptos, que han pisoteado el Derecho, los que son parte de los poderes fácticos y reales; pero Solórzano Foppa sí es con los más altos y elevados valores de la Justicia.
Juan Francisco Solórzano Foppa, es un ejemplo de la construcción con una sociedad diferente, en la creación con este conglomerado social que todos deseamos alcanzar, en donde la justicia social, el derecho, la razón y la moral, sean los pilares que sostienen la estructura de la nación guatemalteca, a fin de obtener su correcto y necesario desarrollo.
Solorzano Foppa fue un dirigente de la defensa de la constitucionalidad y la legalidad, que siempre anteponía ello a los intereses particulares y a los privilegios que su posición acarrea a la legalidad, y siempre impulsador de primeras filas en la implementación de la verdadera justicia.
Solorzano Foppa, como fiscal y como litigante, fue un investigador, un ciudadano con sentido común, exigente en el cumplimiento de sus objetivos y fines a la sociedad, en el ámbito jurídico, para debatir, concertar, para tener consenso, porque los abogados tenemos diversos problemas en nuestro accionar y esas dificultades solo las conocemos quienes sí ejercemos la abogacía. Porque la abogacía no es un título, sino un ejercicio, un diario combatir en contra de la corrupción, la ilegalidad y de la injusticia, una pelea diaria en contra de la arbitrariedad y el abuso.
La muerte de Solorzano Foppa es un crimen vil y cobarde; existe un crimen de Estado, con delincuencia organizada y hay asociación ilícita. Después del crimen, la Policía Nacional Civil reportó la captura de los hermanos Rigoberto Choc Toz, de 30 años, y Daniel Zaqueo Choc Toz, de 18, a quienes se identificó como presuntos responsables del ataque, por lo cual fueron trasladados a la Torre de Tribunales, en la zona 1. Estuvo un equipo del MP; les tomó algunas muestras, pero estos dos campesinos hermanos NO fueron los que lo asesinaron, fueron matones y unos esbirros.
Porque los hermanos Choc Toz recuperan su libertad, el domingo 18 de octubre había gran cantidad de personas; se hizo presente a las afueras de la Torre de Tribunales, en la zona 1 capitalina, para recibir a Rigoberto y Daniel Choc Toz, los hermanos que este domingo recuperaron su libertad, tras ser favorecidos con orden judicial de falta de mérito, después de haber sido detenidos la mañana del sábado 17 de octubre señalados como sospechosos del crimen contra Juan Francisco Solórzano Foppa y Gustavo Aguilar Gamarro. Hubo aplausos, cohetillos y palabras de apoyo; fueron parte de la celebración a la salida de los hermanos, originarios de Senahú, Alta Verapaz.
Porque, evidentemente emocionado, Rigoberto Choc Toz se dijo agradecido con Dios; asimismo, calificó su caso como “un milagro” y una historia de vida que lo acompañará a él y a su hermano. El joven aprovechó para cantar una de las alabanzas que consideró su favorita, como una muestra de su alegría por haber salido de la carceleta en la que estuvo junto con su hermano durante poco más de 24 horas.
Debe ser URGENTE esclarecer el crimen. Porque desde que se conoció la muerte de Solórzano Foppa, distintos sectores del país, entre ellos el presidente Arévalo, los empresarias, así como la Embajada de Estados Unidos, han repudiado el crimen y exigido una investigación profunda y objetiva para dar con los responsables.
Juan Francisco Solórzano Foppa es un profesional conocido, un abogado y político; cuando hizo gobierno, fue de los correctos, de los íntegros, con decencia, con ética y honestidad, con vocación humanista; es de estos intelectuales y pensadores de la academia, con los revolucionarios democráticos, consecuentes y propositivos.
Solórzano Foppa estaba en la prensa nacional e internacional, en las redes sociales, de los buenos, con decoro, con exactitud, con agallas y temple. Él sabe de oficinas administrativas, del derecho de la justicia, porque es el diario trajinar de los abogados; conoce de los triunfos y las derrotas. Las opiniones de Solórzano Foppa quien justifica acre y duramente al sistema; a políticos corruptos, a presidentes de turno; a ministros de Estado, a altos funcionarios de gobierno, a diputados corruptos y vendepatrias, a la conservadora oligarquía criolla, que es la que ha sumido a Guatemala en la mayor de las pobrezas; a jueces y magistrados venales que pisotean el Derecho y los más altos y elevados valores de la Justicia; al sector de la línea dura del Ejército Nacional y a los poderes fácticos, y siempre lo amenazaban de muerte.
Pero hombres como Juan Francisco ¡NO MUEREN! Destruyeron tu cuerpo, tu materia, se quedó tu germen, tu semilla, se quedó tu verbo entre nosotros, tu verbo campesino, tu verbo obrero, tu verbo estudiante, tu verbo libre. ¡Porque hombres como Solorzano Foppa NO MUEREN! ¡Permanecen siempre entre nosotros!
Mi solidaridad a su querida familia, su mamá Silvia Solorzano Foppa, a su esposa, sus hijos, sus hermanos, sus amigos, sus compañeros y la fraternidad de este país. Y termino mi columna de hoy, con estas frases: Juan Francisco Solorzano Foppa siempre «enlazó los principios filosófico‑morales que sustentó en teoría con la conducta que tales principios y lo llevó a observar en la práctica». Juan Francisco fue una «conducta moral». Porque Juan Francisco tenía cifrada una esperanza con esta juventud, están con él, con Juan Francisco, que marcaba el inicio de una época. Él fue combativo, sincero, profundamente humano. Y honraremos siempre su memoria.