El presidente Lula ha sido actor y testigo del auge y del ocaso de los fracasados gobiernos socialistas de diferente signo en América Latina.
Fidel Castro Ruz, el gran estratega latinoamericano marxista-leninista, previendo la necesidad de articular a los dispersos partidos políticos de izquierda en sus diversas y variadas posiciones, a los movimientos guerrilleros de su misma ideología revolucionaria, a los sindicatos afines, a intelectuales diletantes, a miembros rebeldes de la teología de la liberación, entre otras corrientes socialistas de Latinoamérica, tras el colapso del comunismo en Europa, le propuso en 1990 a Luiz Inácio Lula da Silva, en ese momento, un carismático líder sindical, buen negociador y fundador del Partido de los Trabajadores del Brasil, crear conjuntamente lo que luego se dio en llamar el Foro de São Pablo, aludiendo a la importante ciudad brasileña en la que tomó vida esta iniciativa.
Los socialistas del decadente y casi extinguido Foro de São Pablo
Este Foro, bajo la égida cubana, le permitió a Lula da Silva, perfilarse como un dirigente de proyección regional, que finalmente llega por la vía democrática, en el 2003, a ejercer por primera vez la presidencia del Brasil, la principal potencia económica latinoamericana, la de mayor población, área geográfica y que cuenta en Sudamérica con 10 países vecinos, un caso único en la región.
El Brasil, a diferencia de México, que suscribió un acuerdo de libre comercio con los EE. UU. y con Canadá, hoy denominado T-MEC, y del cual México no puede desprenderse, aún si así lo deseara, formula sobre la base de su dimensión y escala económica una estrategia independiente de los EE. UU., al no lograrse un acuerdo de libre comercio entre las partes, especialmente por los altos subsidios en los sectores agrícolas en los EE. UU. Esta situación entre las dos potencias económicas del Hemisferio Occidental frustró en el 2005 la aspiración de crear el Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA).
Es en este contexto, que el presidente Lula despliega una gran influencia en los procesos políticos izquierdistas latinoamericanos que adoptan en su momento el término “Socialismo del Siglo XXI” con la coordinación y el apoyo de la revolución bolivariana encabezada por el vociferante y el confrontativo Hugo Chávez de Venezuela.
El presidente Lula ha sido actor y testigo del auge y del ocaso de los fracasados gobiernos socialistas de diferente signo en América Latina, en el marco de sistemas democráticos, salvo algunas excepciones que son dictaduras en cuenta regresiva como la de Cuba y de Nicaragua. Y la hoy tutelada Venezuela. En las últimas elecciones regionales, que se desarrollaron en el Perú y en Colombia, vecinos del Brasil, esto se puso nuevamente en evidencia. El turno le ha llegado al Brasil. Lula da Silva, el último líder socialista en importancia, tendrá que someterse a elecciones presidenciales en octubre próximo bajo condiciones políticas nacionales desafiantes y bajo una fuerte presión de índole geopolítica por su amplia y estratégica apertura a la República Popular de China. Esta es una relación de la que el Brasil difícilmente se pueda desprender como lo está México de EE. UU.
El narcoterrorismo y la violencia criminal en el Brasil se han extendido sin mayor control federal más allá de las favelas, que albergan en su conjunto, en las grandes ciudades de este gran país, São Pablo y Río de Janeiro, a millones de personas. La inseguridad es una situación insostenible, como lo es en cada país de Latinoamérica. Los socialistas del decadente y casi extinguido Foro de São Pablo, además de sus fracasos económicos, no han podido atender este flagelo y cáncer social que está minando los cimientos mismos de los derechos humanos.
PS: Guatemala debería hacer un esfuerzo mayor para asistir al pueblo venezolano en estos momentos trágicos y dramáticos como consecuencia de los recientes terremotos del 24 de junio pasado.