El poder del agradecimiento: un valor que no debemos olvidar

El poder del agradecimiento: un valor que no debemos olvidar

Cada uno de ustedes ha dejado una huella que ha hecho de mi vida lo que es hoy.
22/02/2025 00:01
Fuente: Prensa Libre 

En el camino de la vida siempre se encuentra uno con personas espectaculares, personas que, por una razón u otra, le dan la mano sin ningún interés propio, más que el gusto de poder ayudar y de verlo a uno exitoso. Son esas almas generosas que aparecen cuando menos se espera, ofreciendo apoyo, consejo o simplemente un momento de aliento en tiempos difíciles. Pareciera que el universo conspira para ponerlas en nuestro trayecto en el momento exacto, cuando más se necesitan.


El problema, a veces, es que la persona que ha tenido el privilegio de toparse en el camino con alguien así, muchas veces no lo reconoce como tal. Quizás porque estamos demasiado ocupados con nuestras propias metas, o porque creemos erróneamente que merecemos cada logro, sin detenernos a pensar en quiénes nos ayudaron a alcanzarlo. Muchas veces uno se da cuenta hasta que ya es muy tarde, y muy posiblemente esa persona ya no está al alcance para decirle abiertamente: Gracias.


Esto nos puede pasar con colegas, con amigos, familiares o personas que en algún momento fueron parte de nuestra vida cotidiana y que, por aras del destino, hoy caminan otros rumbos.


Esto hace reflexionar en ¿por qué cuesta tanto agradecer? Quizás porque el agradecimiento implica reconocer que no lo hemos logrado todo solos. Requiere humildad para aceptar que parte de nuestros éxitos son el resultado de una cadena de generosidad y confianza depositada en nosotros. Agradecer no es simplemente una cortesía; es un acto profundo que reafirma el valor de la conexión humana.


Decir “gracias” a tiempo puede ser el mayor regalo que damos a quienes nos rodean. Es reconocer que cada pequeño gesto de apoyo tuvo un impacto en nuestro camino. El problema surge cuando postergamos el agradecimiento, pensando que siempre habrá tiempo para hacerlo. Pero la vida, impredecible como es, no siempre nos da segundas oportunidades para dar ese obsequio.

Que nunca se nos escape la oportunidad de decir gracias, porque el agradecimiento auténtico es un puente que nos conecta con lo mejor de nosotros mismos y de los demás.


¿Cuántas veces hemos pensado en alguien que nos ayudó en el pasado y sentimos un nudo en la garganta por no haberlo dicho en su momento? ¿Cuántas veces hemos querido retroceder el tiempo para expresar gratitud a esa persona que creyó en nosotros cuando ni siquiera nosotros mismos lo hacíamos?


El agradecimiento no conmueve solamente a quien lo recibe; también transforma a quien lo da y en eso radica su gran poder. Nos conecta con nuestras raíces, con nuestra historia y con quienes contribuyeron a ella. Nos recuerda que el éxito no se construye en soledad, sino con el apoyo silencioso de aquellos que creyeron en nuestro potencial. El agradecimiento construye lazos entre personas que perdurarán eternamente y ese es un valor que no debemos olvidar.


Por eso, esta columna es una invitación a no esperar e invito a los lectores a agradecer hoy. El hecho de llamar a esa persona, enviar ese mensaje o simplemente decir “Gracias por estar cuando lo necesité”, es un acto de valentía, de nobleza y de reflejo del buen corazón humano. A veces, esas palabras son suficientes para iluminar el día de alguien que, sin saberlo, marcó el rumbo de nuestra vida.


A las personas que han estado en mi camino y no he podido hacerlo, les digo hoy “gracias”. Y a las que están en mi travesía actual y me llenan cada día de su sabiduría y consejos, también les digo: “gracias”. Cada uno de ustedes ha dejado una huella que ha hecho de mi vida lo que es hoy.


Que nunca se nos escape la oportunidad de decir gracias, porque el agradecimiento auténtico es un puente que nos conecta con lo mejor de nosotros mismos y de los demás.

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